Encontrar Mi Pasion
Estaba en la plaza de Guadalajara un sábado por la tarde el sol pegando duro pero con esa brisa que te acaricia la piel como un susurro. Yo Valeria de veintiocho años había venido de la ciudad de México buscando un cambio un poco de aire fresco porque mi vida allá se sentía como un loop eterno de oficina tráfico y citas que no cuajaban. Neta necesitaba encontrar mi pasión algo que me hiciera latir el corazón con fuerza no solo sobrevivir.
Ahí lo vi a él Marco un morro alto de ojos cafés intensos y sonrisa pícara que vendía artesanías en un puesto. Llevaba una camisa guayabera blanca que se le pegaba un poco al pecho por el sudor brillando bajo el sol. Me acerqué a ver unos collares de plata y él me dijo
Órale güerita qué te late este de turquesa te va chido con tus ojosSu voz ronca con ese acento tapatío me erizó la piel. Le sonreí coqueteando sin pensarlo wey qué bien que sabe hablar.
Charlamos un rato de la feria de San Miguel que empezaba esa noche y me invitó a ir con él. ¿Por qué no? pensé mi instinto gritándome que este era el momento de soltarme. La noche cayó rápida el aire se llenó de olor a elotes asados carnitas y esa mezcla embriagadora de tequila y jazmín de las flores en los puestos. La banda tocaba sones jarochos la gente bailaba y Marco me tomó de la mano para meternos en la pista.
Sus manos grandes cálidas contra las mías enviaban chispas por mi espina. Bailamos pegaditos su cuerpo duro rozando el mío el sudor mezclándose el ritmo de los tambores retumbando en mi pecho como un segundo corazón. Esto es vida me dije oliendo su colonia fresca con toques de madera y hombre. Me susurró al oído
Estás cañona Valeria me prendes con solo mirartey sentí un calor subiendo desde mi vientre.
La tensión crecía con cada giro cada roce accidental que no lo era. Su aliento en mi cuello olía a tequila suave y menta mi piel se erizaba con cada palabra. ¿Cuánto tiempo sin sentir esto? Mi mente divagaba recordando noches solitarias en mi depa con solo mis dedos y fantasías vagas. Pero Marco era real su presencia imponente su mirada que me desnudaba sin tocarme.
Después del baile caminamos por las calles empedradas el bullicio atrás luces de faroles pintando sombras en su rostro. Llegamos a su casa un departamento chiquito pero acogedor en el centro con balcón a la catedral. ¿Entramos? preguntó su voz baja ronca. Asentí el pulso acelerado el deseo latiendo como un tambor.
Adentro el aire estaba cargado de incienso y algo más ese aroma primal de anticipación. Me besó despacio primero labios suaves probando explorando el sabor salado de su boca con toques de limón del tequila. Mis manos subieron a su nuca enredándose en su pelo negro grueso mientras su lengua danzaba con la mía despertando fuegos dormidos.
Esto es encontrar mi pasión pensé mientras me cargaba sin esfuerzo sus brazos fuertes envolviéndome. Me recargó en la pared fría contrastando con su calor su erección presionando contra mi muslo prometiendo placer. Gemí bajito órale Marco no pares y él rio suave mordisqueando mi lóbulo
Tranquila reina te voy a hacer volar.
Me llevó a la cama desvistió mi blusa con dedos hábiles besando cada centímetro de piel expuesta. El aire fresco besó mis pechos endureciendo mis pezones que él lamió con devoción lengua caliente húmeda enviando ondas de placer directo a mi centro. Olía a mi propia excitación almizclada mezclada con su sudor masculino embriagador. Mis uñas arañaron su espalda ancha sintiendo músculos tensos bajo la piel morena.
La tensión escalaba mi respiración jadeante sus caricias cada vez más urgentes. Bajó mis jeans besando mi vientre plano la curva de mis caderas hasta llegar a mis bragas empapadas. Sí ahí supe que necesitaba su boca. Me las quitó despacio inhalando profundo
Hueles a miel pura Valeria me tienes loco. Su lengua encontró mi clítoris hinchado lamiendo círculos lentos luego rápidos succionando suave el placer building como una ola imparable. Gemí fuerte arqueándome mis manos en su pelo guiándolo así carnal no pares.
Pero quería más quería sentirlo dentro. Lo jalé arriba besándolo con hambre probando mi sabor en sus labios. Le quité la camisa admirando su torso definido vello oscuro bajando en una línea tentadora. Mis dedos desabrocharon su cinturón liberando su verga dura gruesa palpitante. La tomé acariciándola suave el calor aterciopelado la hizo crecer más en mi mano. Él gruñó bajo pinche diosa y yo sonreí saboreando el poder.
Se puso condón rápido profesional y se posicionó entre mis piernas frotando la punta en mi entrada resbalosa. Entra ya supliqué mis caderas elevándose. Empujó despacio centímetro a centímetro estirándome llenándome por completo el placer rayando en dolor exquisito. Nuestros gemidos se fundieron el slap de piel contra piel el chirrido de la cama el olor a sexo crudo envolviéndonos.
El ritmo empezó lento profundo cada embestida rozando ese punto dentro que me hacía ver estrellas. Sus manos en mis caderas guiando acelerando el sudor goteando de su frente a mi pecho salado. Me volteó quedando yo encima cabalgándolo sintiendo cada vena cada pulso su verga golpeando hondo. Mis pechos rebotando su mirada clavada en ellos manos amasándolos pellizcando pezones enviando descargas eléctricas.
Más rápido jadeé mis uñas en su pecho dejando marcas rojas. Él se sentó abrazándome piel contra piel corazones latiendo al unísono besos fieros lenguas batallando. El clímax se acercaba tensión enroscándose en mi vientre mis paredes apretándolo ordeñándolo. Ven conmigo susurró mordiendo mi hombro y explotamos juntos yo gritando su nombre olas de placer destrozándome él gruñendo profundo llenándome de calor.
Caímos exhaustos enredados el aire pesado de nuestros jadeos el olor a clímax y sudor impregnando las sábanas. Su mano acariciaba mi espalda trazando círculos perezosos mi cabeza en su pecho escuchando su corazón calmarse. Esto era lo que buscaba encontrar mi pasión no solo en el cuerpo sino en el alma ese fuego que me hacía sentir viva completa.
Al amanecer el sol filtrándose por las cortinas pintando su rostro dorado. Me besó suave
Quédate un rato más güeritay yo sonreí sabiendo que esto era solo el principio. Salí a la plaza de nuevo pero ahora con un paso ligero el recuerdo de su toque latiendo en mi piel. Neta lo había encontrado mi pasión en los brazos de un tapatío que me enseñó a arder.