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Abismo de Pasion Cap 1

6738 palabras

Abismo de Pasion Cap 1

La noche en Polanco ardía con ese calor pegajoso de mayo que se mete hasta los huesos. Yo, Ana, acababa de salir de una junta eterna en la oficina, con el estrés acumulado como una bomba a punto de estallar. Me metí al Bar La Luna, ese lugar chido donde la gente guapa se junta a olvidar el pinche tráfico y las broncas del día a día. El aire olía a tequila añejo mezclado con perfumes caros y un toque de jazmín de los arreglos florales. Pedí un margarita helado, el vaso sudando gotitas que resbalaban como caricias.

Ahí lo vi. Alto, moreno, con esa sonrisa pícara que te hace sentir que ya te tiene en la mira. Se llamaba Diego, me dijo mientras se acercaba al bar, su camisa negra ajustada marcando los músculos del pecho. Órale, carnal, pensé, este wey está cañón. Sus ojos cafés profundos me clavaron como si ya supiera todos mis secretos. Hablamos de tonterías al principio: el pinche COVID que ya se iba, los conciertos que venían en el Auditorio, pero la neta, la química saltaba chispas. Su voz grave, con ese acento chilango puro, me erizaba la piel cada vez que reía.

"¿Y tú qué, Ana? ¿Qué te trae por aquí sola, tan rica y peligrosa?"
me soltó, inclinándose un poco, su aliento cálido con olor a ron rozando mi oreja. Sentí un cosquilleo en el estómago, como mariposas locas queriendo salir. Le contesté juguetona: Neta, solo vengo a desestresarme, pero tú pareces el remedio perfecto. Nos reímos, y de repente su mano rozó la mía al pasar el salero. Electricidad pura. Ese toque inocente despertó algo profundo, un hambre que no sabía que traía guardada.

El bar se llenó de música salsa, ritmos calientes que invitaban a mover las caderas. ¿Bailamos? propuso, y yo, sin pensarlo dos veces, lo seguí a la pista. Sus manos en mi cintura, firmes pero suaves, guiándome al compás. Olía a colonia masculina, madera y sudor fresco, un aroma que me mareaba. Mi blusa de seda se pegaba a mi piel húmeda, y cada giro hacía que nuestros cuerpos se rozaran más. Sentía su dureza contra mi muslo, sutil pero innegable. Chin*, esto se va a poner bueno, pensé mientras mi corazón latía como tambor.

La tensión crecía con cada canción. Sus dedos trazaban círculos en mi espalda baja, bajando un poquito más cada vez. Yo arqueaba la espalda instintivamente, presionándome contra él. El sabor salado de mi propia piel cuando me mordí el labio, el ruido de risas ajenas y vasos chocando, todo se mezclaba en un torbellino sensorial.

"No sabes las ganas que me das, Ana. Eres un abismo de pasión, cap 1 de lo que quiero devorar esta noche."
Susurró en mi oído, y esas palabras me prendieron fuego. ¿Cap 1? Sonreí, pensando que esto era solo el principio de algo épico.

Salimos del bar tomados de la mano, el aire nocturno fresco contrastando con nuestro calor. Su departamento estaba cerca, en una torre reluciente con vista al skyline de la ciudad. Subimos en el elevador, solos, y ya no aguantamos. Sus labios cayeron sobre los míos, urgentes, saboreando a ron y deseo puro. Gemí bajito, mis manos enredándose en su pelo negro azabache. El ding del elevador nos separó un segundo, pero en el pasillo ya nos devorábamos de nuevo.

Adentro, luces tenues, muebles de piel suave y una cama king size que gritaba promesas. Me quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de piel expuesta. Sus labios calientes en mi cuello, chupando suave hasta dejar una marca rosada. Qué rico se siente esto, pensé, mientras mis uñas arañaban su espalda. Olía a su excitación, ese almizcle varonil que me volvía loca. Le desabroché la camisa, lamiendo su pecho salado, pectorales firmes bajo mi lengua.

Caímos en la cama, un enredo de piernas y suspiros. Sus manos expertas desabrocharon mi brasier, liberando mis senos. Los tomó con avidez, masajeando, pellizcando pezones que se endurecían al instante. ¡Ay, wey, no pares! grité en mi mente, arqueándome. Bajó besos por mi vientre, mordisqueando suave la piel sensible. El roce de su barba incipiente me erizaba, un cosquilleo delicioso. Deslizó mi falda y tanga, exponiéndome al aire fresco. Su aliento caliente sobre mi sexo me hizo jadear.

"Estás chingona, Ana. Tan mojada para mí."
Dijo con voz ronca, antes de hundir la lengua. ¡Dios! El placer explotó como fuegos artificiales. Lamía lento al principio, saboreando mis jugos dulces y salados, luego más rápido, chupando mi clítoris hinchado. Mis caderas se movían solas, empujando contra su boca. El sonido húmedo de su lengua, mis gemidos ahogados, el crujir de las sábanas... todo era sinfonía de lujuria. Metió dos dedos gruesos, curvándolos justo ahí, tocando ese punto que me hacía ver estrellas. Esto es el abismo, pensé, de pasión total.

Lo jalé hacia arriba, queriendo más. Le bajé el pantalón, liberando su verga dura, venosa, palpitante. La tomé en la mano, sintiendo el calor y la suavidad de la piel estirada. La masturbe despacio, viéndolo cerrar los ojos de placer. Qué chula está, murmuré, antes de metérmela a la boca. Saboreé el precum salado, chupando la cabeza hinchada, bajando hasta la garganta. Él gruñó, manos en mi pelo, follando mi boca con cuidado. Qué rico te chupas, pinche diosa.

No aguantamos más. Se puso condón rápido –siempre responsable, qué chingón– y se posicionó entre mis piernas. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Gemí fuerte, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas. Lléname, Diego, hazme tuya. Empezó a moverse, lento al principio, profundo, saliendo casi todo y embistiendo de nuevo. El slap slap de piel contra piel, sudor perlando nuestros cuerpos, olor a sexo puro impregnando el cuarto.

Aceleró, mis piernas alrededor de su cintura, uñas clavadas en sus nalgas musculosas. Cambiamos: yo arriba, cabalgándolo como reina. Sus manos en mis caderas, guiándome, pellizcando. Rebotaba fuerte, mis senos saltando, él chupándolos al pasar. El placer subía como marea, tenso, inevitable.

"¡Me vengo, Ana! ¡Juntos!"
Gritó, y explotamos. Mi orgasmo me sacudió entera, paredes contrayéndose alrededor de él, jugos chorreando. Él se tensó, gruñendo, llenando el condón con chorros calientes.

Colapsamos, jadeantes, cuerpos pegajosos de sudor. Su brazo alrededor de mí, besos suaves en la frente. El cuarto olía a nosotros, a pasión consumada. Esto fue cap 1 del abismo de pasión, pensé sonriendo, mientras el sueño nos vencía. Mañana, quién sabe, pero esta noche fue perfecta, empoderadora, nuestra.

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