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Canciones Sensuales de la Pelicula Diario de una Pasion

6740 palabras

Canciones Sensuales de la Pelicula Diario de una Pasion

La lluvia caía chida sobre el balcón de nuestro depa en Polanco, ese golpeteo constante que hacía todo más íntimo, como si el mundo se hubiera confinado solo a nosotros dos. Yo, Ana, de veintiocho tacos, con mi pelo negro suelto y un vestidito ligero que se pegaba a la piel por la humedad, miré a Javier mientras él armaba la playlist en su cel. "Órale, amor, ¿te late poner las canciones de la película Diario de una Pasión? Esa rola de 'A Cottage for Sale' siempre me pone romántico", dijo con esa sonrisa pícara que me derretía.

Me recargué en el sofá de piel suave, sintiendo el aroma a jazmín de mi crema corporal mezclándose con el olor terroso de la lluvia que entraba por la ventana entreabierta. Javier, mi carnal de tres años, alto y moreno con esos ojos cafés que brillaban como café de olla, se sentó a mi lado. La primera canción empezó, esa voz rasposa y melancólica que nos transportaba directo a la historia de Noah y Allie. Neta, wey, ¿por qué estas rolas siempre me hacen sentir mariposas en el estómago?, pensé mientras su mano rozaba mi muslo, un toque casual que ya encendía chispas.

Nos conocimos en una fiesta en la Condesa, bailando cumbia rebajada, y desde entonces cada fin de semana era como una escena de película. Esa noche, con las luces bajas y velitas de vainilla parpadeando, la tensión crecía despacio. Él canturreó bajito, su aliento cálido en mi cuello: "I'll be seeing you in all the old familiar places...". Sentí su barba raspando mi piel, un cosquilleo que bajaba directo a mi entrepierna. Pinche Javier, ya me traes mojadita con solo mirarte.

La segunda canción, 'One O'Clock Jump', con su swing juguetón, nos puso de pie. Bailamos pegaditos, sus caderas contra las mías, el ritmo acelerando mi pulso. Olía a su colonia de sándalo, mezclado con el sudor ligero que empezaba a perlar su frente. Mis manos subieron por su espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la playera. "Estás prieta hoy, Ana, me encanta cómo te mueves", murmuró, y yo reí, mordiéndome el labio.

¿Y si esta noche es como el diario de ellos? Pasión pura, sin frenos. Neta, lo deseo tanto que duele.

El beso llegó natural, como la lluvia que arreciaba afuera. Sus labios suaves, con sabor a tequila reposado de la chela que tomamos antes, devorando los míos. Lenguas enredadas, un gemido mío escapando mientras sus manos bajaban el tirante de mi vestido, exponiendo mi hombro. Tocó mi pecho por encima de la tela, el pezón endureciéndose al instante bajo sus dedos juguetones. Qué rico se siente su calor, como fuego lento.

Nos dejamos caer en el sofá, la música de fondo ahora 'The Notebook Theme', esa melodía piano que envolvía todo en romanticismo. Javier me quitó el vestido con calma, besando cada centímetro de piel que liberaba. El aire fresco de la noche besó mis senos desnudos, y él los tomó, chupando uno con hambre contenida. Sentí su lengua húmeda, girando, el placer subiendo como oleada. "Eres mi Allie, mi todo", dijo entre lamidas, y yo arqueé la espalda, gimiendo bajito.

Mis manos no se quedaron atrás. Le saqué la playera, admirando su torso marcado por horas en el gym de la colonia. Olía a hombre puro, a deseo crudo. Bajé el cierre de sus jeans, liberando su verga dura, palpitante. La tomé en la mano, sintiendo el calor y la suavidad de la piel estirada. Pinche grande y tiesa, como siempre. Me encanta cómo late para mí. Él gruñó cuando la apreté, un sonido gutural que vibró en mi clítoris.

La tercera canción, 'Wishin' and Hopin'', nos llevó al piso, sobre la alfombra mullida que olía a limpio. Yo encima, frotándome contra él, mi tanga empapada rozando su dureza. "Quítatela, amor, déjame verte toda". Obedecí, quitándome la prenda con un movimiento lento, provocador. El olor de mi excitación llenó el aire, almizclado y dulce. Javier inhaló profundo, ojos vidriosos: "Hueles a pecado, mamacita".

Me abrí para él, guiándolo adentro con una lentitud deliciosa. Sentí cada centímetro estirándome, llenándome por completo. ¡Ay, wey, qué chingón! Como si fuéramos hechos el uno para el otro. Empezamos a movernos al ritmo de la canción, lento al principio, sus caderas subiendo para encontrar las mías. El slap de piel contra piel se mezclaba con la lluvia y la música, un sinfónico de placer.

La tensión subía, mis uñas clavándose en su pecho, dejando marcas rojas. Él me volteó, poniéndome de rodillas, entrando por atrás con fuerza controlada. Su mano en mi cadera, la otra en mi clítoris, frotando en círculos. Gemí fuerte, el orgasmo construyéndose como tormenta. "Ven conmigo, Javier, no pares". Él aceleró, su respiración jadeante en mi oreja, mordisqueando el lóbulo.

Estas canciones de la película Diario de una Pasión nos han desatado. Somos Noah y Allie en nuestra propia historia, pura pasión mexicana.

El clímax llegó explosivo. Mi cuerpo se convulsionó, paredes apretándolo mientras ondas de placer me recorrían, desde el vientre hasta las yemas de los dedos. Grité su nombre, el sabor salado de sudor en mis labios. Él se hundió profundo, gruñendo, llenándome con chorros calientes que sentí palpitar dentro. Qué rico, qué completo. Neta, esto es amor en carne viva.

Caímos exhaustos, enredados en el piso, la playlist en loop suave ahora. Su semen goteaba entre mis muslos, cálido y pegajoso, un recordatorio íntimo. Besos perezosos, risas compartidas. "¿Ves? Esas canciones siempre nos prenden", dijo él, acariciando mi pelo húmedo.

Nos levantamos despacio, rumbo a la regadera. El agua caliente lavó nuestros cuerpos, pero no el fuego que ardía adentro. Jabón de coco esparcido por sus manos en mi piel, dedos explorando de nuevo, pero esta vez tiernos. Después del desmadre, viene la calma chida. Salimos envueltos en toallas, nos metimos a la cama con vista al skyline de la Ciudad, la lluvia amainando.

Acurrucados, con la última canción sonando bajito, 'Feelin' Good', reflexioné. Javier era mi diario vivo, cada noche una página de pasión. No como en la peli, con dramas y años perdidos; nosotros éramos afortunados, jóvenes, vivos en esta México vibrante. "Te amo, pendejo", le susurré, y él rió, apretándome contra su pecho.

El sueño nos venció con el olor a sexo limpio y lluvia fresca, sabiendo que mañana las canciones volverían a sonar, y con ellas, nuestro fuego eterno.

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