Pasion Prohibida Pelicula 1982 Revivida
La noche en mi depa de la Condesa estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva, como si pidiera a gritos un roce. Yo, Ana, acababa de llegar de un día eterno en la oficina, con el cabello revuelto y el vestido pegado al cuerpo por el sudor. Marco, mi carnal de la prepa que ahora era el vecino del piso de arriba, me había mandado un mensajito: "Órale, neta que tienes que ver esta película conmigo. Pasion Prohibida pelicula 1982. Es un clásico que te va a poner la piel chinita." Sonreí al leerlo. Marco siempre con sus ideas locas, pero chidas. Era guapo el cabrón, con esa barba de tres días y ojos que te miraban como si ya supieran todos tus secretos.
Subí las escaleras con una botella de mezcal en la mano, el olor a tierra mojada de la lluvia reciente subiendo desde la calle. Él abrió la puerta en shorts y playera vieja, oliendo a jabón fresco y algo más, como a hombre que acaba de salir de la regadera. "¡Pásale, morra! Ya tengo el proyector listo." Su depa era un desmadre cozy: posters de películas antiguas en las paredes, un futón enorme frente a la tele grande, y el aire cargado del aroma a palomitas con chile. Nos sentamos cerquita, las rodillas rozándose por accidente. O no tan accidente.
Empezó la película. Pasion Prohibida pelicula 1982. Dos amantes en una hacienda lejana, sus miradas cargadas de ese fuego que no se puede apagar. La música de fondo, con violines quejumbrosos, me erizaba la piel. Marco comentaba bajito: "Mira cómo se comen con los ojos, ¿no? Neta que en los 80 la hacían bien cabrona." Su voz ronca vibraba cerca de mi oreja, y yo sentía el calor de su muslo contra el mío. Intenté concentrarme en la pantalla, pero mi mente divagaba. ¿Por qué carajos acepté venir? Mi carnala Laura, su ex, me mataría si se enterara. Pero eso lo hacía más chingón, ¿no? Esa pasion prohibida de la peli se colaba en mi cabeza como un veneno dulce.
¿Y si lo toco? Solo un poquito. Nadie se va a enterar. Su piel se ve tan suave, tan caliente...
En la pantalla, los amantes se besaban por primera vez, un beso lento, con lenguas que exploraban como si fuera la última vez. Mi respiración se aceleró. Marco se movió, su mano rozó mi pierna al buscar las palomitas. No la quitó. La dejó ahí, pesada, quemante. El cuarto se sentía más chico, el aire espeso con olor a nuestra piel sudada mezclada con el mezcal que nos echamos de a poquito.
"¿Te late la peli?" murmuró él, su aliento cálido en mi cuello. Asentí, la garganta seca. "Sí, pero... me está poniendo nerviosa." Mentira. Me estaba poniendo cachonda. La escena subía de tono: ella quitándole la camisa, él lamiendo su cuello como si fuera miel. Marco giró la cara hacia mí, sus ojos oscuros brillando en la luz parpadeante de la tele. "¿Nerviosa como?" Su mano subió un centímetro, dedos trazando círculos en mi muslo desnudo. El corazón me latía en el pecho como tamborazo en una fiesta.
No sé quién se movió primero. Nuestros labios chocaron, suaves al principio, probando. Sabía a mezcal y sal de las palomitas, su lengua invadiendo mi boca con hambre contenida. Gemí bajito, el sonido ahogado por su beso. Sus manos subieron a mi espalda, desabrochando el vestido con maestría. "Ana, neta que te deseo desde hace rato," jadeó contra mi piel. Yo lo empujé al futón, montándome encima, sintiendo su verga dura presionando contra mí a través de la tela. "Cállate, pendejo. Solo bésame."
La película seguía sonando de fondo, los amantes gimiendo en la pantalla mientras nosotros nos arrancábamos la ropa. Su playera voló, revelando un pecho moreno, musculoso, con vello que olía a sudor limpio y deseo. Lamí su pezón, saboreando la sal de su piel, mientras él metía la mano bajo mi brasier, pellizcando suave hasta que arqueé la espalda. "Qué chingona eres," gruñó, mordiendo mi hombro. El dolor placentero me hizo mojar más, el calor entre mis piernas insoportable.
Esto es prohibido, pero qué rico se siente. Su cuerpo contra el mío, piel con piel, pulsos latiendo al mismo ritmo. No pares, Marco, no pares nunca.
Le bajé los shorts, su verga saltando libre, gruesa y venosa, la punta brillando de pre-semen. La tomé en la mano, sintiendo su calor palpitante, el velvet estirado bajo mis dedos. Él jadeó, "¡Ay, cabrona!" Me guió la cabeza hacia abajo, y yo lo chupé despacio, saboreando su gusto salado, la textura suave contra mi lengua. Sus caderas se movían, follándome la boca con cuidado, sus manos enredadas en mi pelo. El cuarto olía a sexo ahora, a fluidos y sudor, la música de la peli un eco lejano de nuestros gemidos.
Me levantó, volteándome boca arriba en el futón. Besó mi estómago, bajando lento, lamiendo el sudor de mi ombligo. Cuando llegó a mi concha, separé las piernas, temblando. Su lengua era fuego: lamió mi clítoris en círculos, chupando suave, metiendo dos dedos que curvaba justo ahí, en ese punto que me hacía ver estrellas. "Estás empapada, morra. Qué rico sabes." Gemí fuerte, las uñas clavadas en su espalda, el placer subiendo como ola. Olía a mi propia excitación, almizclada y dulce, mezclada con su saliva.
No aguanté más. "Métemela ya, Marco. Fóllame duro." Se puso de rodillas, frotando la cabeza de su verga contra mis labios húmedos, untándome. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Sentí cada vena, cada pulso, hasta que estuvo todo adentro, llenándome. Empezó a moverse, lento al principio, saliendo casi todo y embistiendo profundo. Nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas, sudor goteando de su frente a mi pecho.
Aceleró, follándome con fuerza, sus bolas golpeando mi culo. Yo le clavaba las uñas, arañando, gritando "¡Más! ¡Sí, así, cabrón!" El futón crujía, la tele mostraba el clímax de la peli, pero nosotros éramos la verdadera pasion prohibida. Sentí el orgasmo venir, un nudo apretándose en mi vientre. "Me vengo, Marco... ¡me vengo!" Exploté, contrayéndome alrededor de él, jugos chorreando. Él gruñó, embistiendo una vez más, y se corrió dentro, chorros calientes llenándome, su cuerpo temblando sobre el mío.
Nos quedamos así, jadeantes, pegados por el sudor. Su peso era reconfortante, su corazón latiendo contra mi pecho. La película terminó, créditos rodando en silencio. Besó mi frente, suave. "¿Ves? Revivimos Pasion Prohibida pelicula 1982." Reí bajito, acariciando su espalda. "Neta que sí. Pero esto queda entre nosotros, ¿eh?"
Prohibido o no, valió cada segundo. Su olor en mi piel, el eco de sus gemidos en mis oídos. Mañana será otro día, pero esta noche fue nuestra.
Nos limpiamos con toallas suaves, compartiendo el último trago de mezcal. Él me abrazó por detrás mientras mirábamos las luces de la ciudad por la ventana, el skyline de la Condesa brillando. No hubo promesas, solo esa conexión carnal, profunda. Salí de su depa con las piernas flojas, el cuerpo zumbando de placer residual. En la calle, el aire fresco me besó la piel, pero yo aún sentía su calor dentro. Pasion prohibida, sí, pero qué chingón haberla vivido.