Relatos
Inicio Erotismo Pasión y Poder Elenco Desatado Pasión y Poder Elenco Desatado

Pasión y Poder Elenco Desatado

7313 palabras

Pasión y Poder Elenco Desatado

El estudio de grabación en Televisa San Ángel bullía de energía esa noche. Las luces potentes iluminaban el set de Pasión y Poder, la telenovela que nos tenía a todo el elenco trabajando hasta el amanecer. Yo, Daniela, la protagonista que interpretaba a la ambiciosa Julia, sentía el cosquilleo en la piel cada vez que Arturo, mi coprotagonista, me clavaba esos ojos cafés intensos. Él era el galán perfecto: alto, moreno, con esa mandíbula marcada que hacía suspirar a las fans. Pero lo que nadie sabía era la tensión real que crecía entre nosotros, más allá del guion.

¿Por qué carajos me mira así? Como si quisiera devorarme viva. Ya mero me derrito aquí frente a las cámaras.
Pensé mientras ajustaba mi vestido rojo ceñido, que realzaba mis curvas. El aire olía a café fuerte y maquillaje, mezclado con el sudor leve de las horas de ensayo. El director gritaba "¡Corten!", y todos aplaudimos. Pero Arturo no se movió. Se acercó, su aliento cálido rozando mi oreja.

—Órale, Dani, esa escena de la confrontación estuvo chida. Se sintió de verdad, ¿no?

Su voz grave me erizó la piel. Asentí, mordiéndome el labio. El elenco de Pasión y Poder empezaba a dispersarse: las chavas del staff recogiendo cables, los extras charlando de chismes. Nosotros dos nos quedamos solos en el foro principal, con las luces bajas y el zumbido de los aires acondicionados como único testigo.

La primera vez que sentí esa chispa fue en la lectura de guion. Él rozó mi mano al pasar las hojas, y un calor subió por mi brazo como electricidad. Ahora, con el set vacío, el deseo latía en mi pecho. Me apoyé en la mesa del comedor ficticio de la novela, cruzando las piernas para disimular el temblor.

—Sí, Arturo. Muy de verdad. Demasiado, diría yo.

Él sonrió, esa sonrisa pícara que usaba en las escenas románticas. Se acercó más, su colonia amaderada invadiendo mis sentidos. Olía a hombre, a poder contenido. Sus dedos rozaron mi brazo, trazando un camino ardiente hasta mi hombro.

—Entonces, ¿qué hacemos con esto que no para de crecer?

Mi corazón tronaba. El roce de su piel contra la mía era como fuego lento. Lo miré a los ojos, y vi el mismo hambre que yo sentía. Sin palabras, lo jalé por la camisa, atrayéndolo. Nuestros labios chocaron en un beso feroz, tongues danzando con urgencia. Sabía a menta y a algo salvaje, prohibido. Sus manos bajaron a mi cintura, apretándome contra él. Sentí su dureza presionando mi vientre, y un gemido se me escapó.

Acto de deseo inicial. Nos separamos jadeando, pero el fuego solo crecía. Caminamos a trompicones hacia mi camerino, el pasillo desierto amplificando el eco de nuestros pasos. Cerré la puerta con llave, y él me empujó contra la pared, besándome el cuello. Su barba incipiente raspaba deliciosamente, enviando ondas de placer a mi centro.

—Dani, desde el primer día te quiero así. Toda mía.

Me quité el vestido de un tirón, quedando en lencería negra que compré pensando en él. Sus ojos se oscurecieron, devorándome. Me levantó en brazos como si no pesara nada, y me sentó en el tocador. Espejos por todos lados reflejaban nuestra silueta: yo arqueándome, él quitándose la camisa para revelar un torso esculpido, pectorales firmes y un vientre marcado por horas en el gym.

El aire se llenó del aroma de nuestra excitación, almizclado y dulce. Sus labios bajaron por mi pecho, lamiendo la curva de mis senos. Gemí cuando succionó un pezón, la humedad cálida de su boca contrastando con el fresco de la habitación. Mis manos se enredaron en su pelo negro, tirando suave.

¡Ay, Dios! Esto es mejor que cualquier escena de cama de la novela.

Pero no era solo físico. En mi mente, revivía las grabaciones: cómo él me protegía de los chismes del elenco, cómo compartíamos miradas cargadas durante las pausas. Ese poder que ambos teníamos en Pasión y Poder, se traducía en esta entrega mutua. Yo no era la sumisa; lo besé con fuerza, mordiendo su labio inferior, haciéndolo gruñir.

Lo empujé al sofá, montándome a horcajadas. Desabroché su pantalón, liberando su miembro erecto, grueso y palpitante. Lo tomé en mi mano, sintiendo el calor y la seda de su piel. Él jadeó, ojos entrecerrados.

—Nena, vas a volverme loco.

Me deslicé sobre él despacio, centímetro a centímetro, hasta llenarme por completo. El estiramiento era exquisito, un dolor placer que me hizo arquear la espalda. Empezamos a movernos, ritmos sincronizados como en una coreografía perfecta. El slap de piel contra piel resonaba, mezclado con nuestros gemidos ahogados. Sudor perlaba su frente, goteando en mi pecho; lo lamí, salado y adictivo.

La tensión subía como una ola. Sus manos amasaban mis nalgas, guiándome más profundo. Yo clavaba uñas en su espalda, dejando marcas rojas. En el espejo, veía mi rostro contorsionado en éxtasis, pelo revuelto, labios hinchados. Él aceleró, embistiéndome con poder controlado, susurrando en mi oído:

—Eres fuego, Dani. Mi reina.

El clímax me golpeó primero, un estallido que me dejó temblando, contrayéndome alrededor de él. Gritó mi nombre, liberándose dentro de mí con pulsos calientes. Colapsamos juntos, respiraciones entrecortadas, cuerpos pegajosos unidos.

Pero el medio acto no terminaba ahí. Después de unos minutos, el deseo renació. Nos duchamos en el baño del camerino, agua caliente cayendo como lluvia tropical. Jaboné su cuerpo, explorando cada músculo con manos resbalosas. Él me enjuagó el cabello, masajeando mi cuero cabelludo hasta que gemí de nuevo.

Salimos envueltos en toallas, riendo bajito para no alertar al seguridad. Regresamos al sofá, esta vez más lento, exploratorio. Me tendí boca abajo; él besó mi espalda, bajando hasta mis glúteos. Su lengua trazó senderos húmedos entre mis piernas, lamiendo mi esencia con devoción. El placer era eléctrico, dedos y boca trabajando en tándem hasta que me retorcí, suplicando.

¡Pendejo delicioso! No pares, por favor.

Me volteó, penetrándome de lado, una pierna sobre su cadera. Esta vez fue íntimo, miradas clavadas mientras nos mecíamos. Hablamos en susurros: de la presión del elenco, de cómo Pasión y Poder nos unía en secreto. Sus caricias eran tiernas pero firmes, empoderándome. Yo lo cabalgaba ahora, controlando el ritmo, sintiendo su sumisión gozosa.

La intensidad creció de nuevo. Sudor, gemidos, el crujir del sofá. Olía a sexo puro, a nosotros. El orgasmo nos alcanzó simultáneo, un rugido compartido que vibró en el aire.

En el afterglow, yacimos enredados, pieles enfriándose. Él trazaba círculos en mi vientre, yo jugaba con su pelo.

—Esto no fue solo pasión del momento, ¿verdad?

—No, mi amor. Es poder real. Nosotros contra el mundo del elenco.

Nos vestimos con calma, robándonos besos. Salimos del estudio al amanecer, el cielo rosado de la CDMX reflejando nuestro nuevo comienzo. El elenco de Pasión y Poder seguiría fingiendo, pero nosotros vivíamos la verdad ardiente. Caminamos de la mano, listos para más noches como esa, donde el deseo y el poder se fundían en éxtasis eterno.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatos.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.