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Pasión Fernando Lima y Sarah Brightman Letra Sensual

6483 palabras

Pasión Fernando Lima y Sarah Brightman Letra Sensual

La noche en mi depa de Polanco se sentía cargada de ese calor pegajoso que te hace sudar hasta el alma. Yo, Sara, acababa de bajar del avión desde Guadalajara, con el cuerpo todavía vibrando del viaje, y Fer me esperaba en la puerta con esa sonrisa pícara que me deshace las rodillas. Fer, mi Fer, alto moreno con ojos que queman como tequila reposado, el tipo que me hace sentir viva con solo rozarme la cintura.

—Ven pa'cá, mamacita —me dijo con esa voz ronca, jalándome contra su pecho. Olía a su colonia fresca mezclada con el sudor del día, un aroma que me eriza la piel. Nos besamos lento al principio, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo, pero ya sentía esa humedad traicionera entre mis piernas.

Entramos al balcón, con las luces de la ciudad parpadeando abajo como estrellas caídas. Saqué mi celular, todavía con el corazón latiéndome a mil, y busqué esa rola que me había acompañado en el vuelo: Pasión de Fernando Lima y Sarah Brightman. La letra me había obsesionado todo el camino, palabras que hablaban de fuego interno, de cuerpos que se llaman en la oscuridad.

¿Por qué esa canción me pone así de caliente? Es como si Fernando y Sarah me susurraran al oído todos mis deseos sucios.

—Óyela conmigo, Fer —le pedí, acomodándome en su regazo en el sofá de mimbre. Puse play, y la voz de Sarah Brightman llenó el aire, suave como seda rasgándose, mientras Fernando Lima entraba con esa pasión tenor que te atraviesa el pecho. Le leí la letra en la pantalla, mi voz temblando un poco:

“Pasión, que arde en mí...”

Fer me miró fijo, sus manos grandes subiendo por mis muslos bajo la falda corta. —Qué chingona letra, Sarita. Me prende como yesca. Su aliento caliente en mi cuello, el roce de sus dedos ásperos contra mi piel suave, todo se volvía eléctrico. La música subía, y yo sentía mi corazón golpear como tamborazo zacatecano.

Acto uno de nuestra noche: la tensión que se cocina despacio. Nos quedamos ahí, escuchando, yo recostada en él, sintiendo cómo su verga se ponía dura contra mi nalga. No lo toqué aún, solo dejé que el deseo creciera, como el humo de un comal caliente. Hablamos de la letra, de cómo Fernando y Sarah cantan ese anhelo que duele rico.

Es como nosotros, ¿no? Esa pasión que no se apaga —murmuró Fer, mordisqueándome la oreja. Yo gemí bajito, el sabor salado de su piel en mi lengua cuando lo besé en el cuello. El aire olía a jazmín del balcón y a nuestro sudor mezclándose, prometiendo tormenta.

La canción terminó, pero nosotros apenas empezábamos. Fer me cargó como si no pesara nada —yo soy chiquita pero curvilínea, con tetas que le vuelven loco— y me llevó a la recámara. La cama king size con sábanas de algodón egipcio nos esperaba, iluminada por la luna que se colaba por las cortinas sheer.

En el medio del acto, la cosa se puso intensa. Me quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de mi panza, bajando hasta mis chones empapados. —Estás mojadísima, pendeja sexy —rió juguetón, y yo le jalé el pelo, guiándolo más abajo.

Su lengua es un pinche milagro, lamiéndome el clítoris como si fuera el último dulce del mundo. Sabor a miel y sal, mis jugos en su boca.

Yo no me quedé atrás. Le bajé el pantalón, liberando esa verga gruesa, venosa, que palpita como viva. La tomé en mi mano, sintiendo el calor que quema, el pulso acelerado bajo mi palma. La chupé despacio al principio, saboreando el precum salado, metiéndomela hasta la garganta mientras él gruñía “¡Qué rico, Sarita, no pares!”. El sonido de su respiración jadeante, mis labios succionando, el olor almizclado de su sexo llenando la habitación.

Pero queríamos más. La letra de Pasión Fernando Lima y Sarah Brightman seguía dando vueltas en mi cabeza: “En tus brazos me entrego...”. Lo empujé a la cama, me subí encima, restregando mi concha húmeda contra su pija dura. —Te quiero adentro, Fer, ya —le rogué, y él obedeció, embistiéndome de un solo golpe. ¡Ay, cabrón! Esa plenitud, estirándome, llenándome hasta el fondo. Me moví lento, sintiendo cada vena rozar mis paredes, el slap slap de piel contra piel.

Escalamos juntos. Cambiamos posiciones: él de perrito, agarrándome las caderas, dándome nalgadas que ardían rico; yo de lado, con su mano en mi clítoris, frotando en círculos. Sudábamos como locos, el olor a sexo puro invadiendo todo, gemidos que rebotaban en las paredes. “¡Más fuerte, güey, rómpeme!” le gritaba, y él respondía con embestidas que me hacían ver estrellas.

La tensión psicológica también bullía. Recordé cómo nos conocimos en un concierto de tenores, yo fan de Sarah Brightman, él tarareando Pasión Fernando Lima y Sarah Brightman letra para conquistarme. Ese recuerdo me apretó más, el conflicto interno de “¿Y si esto se acaba?” disolviéndose en puro placer. Pequeñas resoluciones: un beso profundo, miradas que dicen “Te amo, carnala”.

El clímax llegó como avalancha. Yo primero, temblando, mi concha contrayéndose alrededor de su verga, un grito ahogado que salió de lo más hondo. “¡Me vengo, Fer, ay Dios!”. Él se dejó ir segundos después, llenándome con chorros calientes, gruñendo mi nombre como oración. Colapsamos, pegajosos, exhaustos, el corazón latiéndonos al unísono.

En el afterglow, el final perfecto. Nos quedamos abrazados, su mano acariciándome el pelo húmedo, yo oliendo su pecho, saboreando el sudor en su piel. La ciudad zumbaba afuera, pero aquí adentro solo paz. Puse la rola otra vez bajito, la letra de Pasión Fernando Lima y Sarah Brightman sellando nuestro momento.

Esta noche fue nuestra letra sensual, escrita en gemidos y besos. Mañana quién sabe, pero hoy, soy suya y él mío, en pura pasión mexicana.

Fer me besó la frente. —Te amo, Sarita. Eres mi Sarah, yo tu Fernando. Reí suave, sintiendo el calor residual entre mis piernas, el cuerpo saciado pero ya soñando con la próxima. La noche se cerraba con esa promesa dulce, el aroma a nosotros flotando como incienso.

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