Relatos
Inicio Erotismo Pasión de Gavilanes Capítulo 31 Completo YouTube Ardiente Pasión de Gavilanes Capítulo 31 Completo YouTube Ardiente

Pasión de Gavilanes Capítulo 31 Completo YouTube Ardiente

6871 palabras

Pasión de Gavilanes Capítulo 31 Completo YouTube Ardiente

La noche caía suave sobre el departamento en Guadalajara, con ese calor pegajoso que invita a quitarse la ropa poco a poco. Yo, Ana, estaba recargada en el sofá, con las piernas cruzadas y el control remoto en la mano. Juan, mi carnal, mi amor de tantos años, se había acomodado a mi lado, su brazo musculoso rodeando mis hombros. Habíamos decidido ver Pasión de Gavilanes capítulo 31 completo YouTube, ese video pirata que alguien subió entero, porque no podíamos esperar al siguiente estreno. La pantalla del tele brillaba con las luces dramáticas de la telenovela, y el sonido de las voces apasionadas llenaba la sala.

—Neta, wey, esta novela está cañona —le dije a Juan, mientras el aroma de su colonia fresca se mezclaba con el mío, un perfume dulce de vainilla que siempre lo volvía loco.

Él soltó una risa ronca, su aliento cálido rozando mi oreja. Los gavilanes en la pantalla discutían con esa intensidad que solo los colombianos saben ponerle al drama, pero yo sentía cómo el pulso se me aceleraba. La escena donde el galán besa a la protagonista con hambre de lobo me erizó la piel. Mis pezones se endurecieron bajo la blusa delgada, y un cosquilleo húmedo empezó entre mis piernas.

¿Por qué carajos esta novela me prende tanto? Es como si me metieran la mano por dentro, despertando ese fuego que Juan sabe avivar tan bien.

Juan notó mi inquietud. Su mano grande bajó despacio por mi brazo, hasta rozar mi muslo desnudo. Llevaba una falda corta, de esas que suben solas cuando te sientas. El roce de sus dedos callosos, curtidos de tanto trabajar en la construcción, me hizo suspirar. El volumen de la tele subía en la pelea de los hermanos Reyes, pero mi atención ya estaba en él, en el bulto que empezaba a crecer en sus jeans.

La primera pausa publicitaria llegó, pero nadie se movió. Juan giró mi cara hacia la suya, sus ojos cafés oscuros clavados en los míos como si fuéramos los verdaderos protagonistas.

—¿Ya te calentaste con esta Pasión de Gavilanes capítulo 31 completo YouTube? —murmuró, su voz grave vibrando en mi pecho.

—Sí, pendejo, y tú también —respondí, mordiéndome el labio mientras mi mano bajaba a su entrepierna. Lo sentí duro, palpitante bajo la tela. Un gemido escapó de su garganta, y eso fue como gasolina en mi fuego.

Acto primero del nuestro: los besos empezaron suaves, como el tequila reposado que nos tomamos antes. Sus labios carnosos cubrieron los míos, lengua explorando con calma, saboreando el dulce de mi gloss de fresa. El olor de su sudor limpio, mezclado con el mío, llenaba el aire. Le quité la playera, revelando ese torso moreno, marcado por horas en el gym improvisado del patio. Mis uñas arañaron suave su pecho, sintiendo los latidos acelerados de su corazón.

Él no se quedó atrás. Sus manos subieron por mis muslos, empujando la falda hasta la cintura. El aire fresco rozó mi tanga húmeda, y jadeé cuando sus dedos trazaron el borde del encaje.

—Estás mojada, mi reina —dijo, con esa sonrisa pícara que me deshace.

Volvimos a la tele por un segundo, solo para ver cómo los amantes en pantalla se entregaban en un beso furioso. Eso fue el detonante. Juan me levantó en brazos como si no pesara nada, y me llevó al sillón reclinable. Me acostó con cuidado, pero sus ojos prometían tormenta.

El medio tiempo de nuestra pasión escaló como las olas del Pacífico en tormenta. Primero, exploración. Besó mi cuello, lamiendo el sudor salado que perlaba mi piel. Bajó a mis tetas, liberándolas de la blusa. Chupó un pezón con hambre, mordisqueando lo justo para que doliera rico. Yo arqueé la espalda, mis manos enredadas en su pelo negro revuelto. ¡Qué chingón se siente esto! El sonido de su succión, húmedo y obsceno, se mezclaba con mis gemidos ahogados.

Pienso en los gavilanes volando libres, cazando su presa, y yo soy la presa que quiere ser devorada.

Juan deslizó mi tanga por las piernas, oliendo mi aroma almizclado de excitación. —Hueles a puro deseo, Ana, gruñó antes de enterrar la cara entre mis muslos. Su lengua ancha lamió mi clítoris hinchado, chupando con maestría. Sentí cada roce como electricidad, mis jugos cubriendo su barbilla. Metió dos dedos gruesos dentro de mí, curvándolos para tocar ese punto que me hace ver estrellas. El chapoteo de mi panocha empapada era música, y grité su nombre mientras el primer orgasmo me sacudía, ondas de placer desde el vientre hasta las yemas de los dedos.

Pero no paró. Me volteó boca abajo, mis nalgas en pompa. Palmeó suave mi culo redondo, el sonido rebotando en la sala. Desabrochó sus jeans, y su verga saltó libre, venosa y tiesa, goteando precum. La frotó contra mis labios vaginales, lubricándome más. —Dime si quieres, mi amor.

—¡Sí, chingame ya, Juan! —supliqué, empinando más.

Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Gemí largo cuando sus bolas peludas chocaron contra mi clítoris. Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida profunda rozando mi cervix. El sudor nos unía, piel resbaladiza contra piel. Agarró mis caderas, acelerando, el slap-slap de carne contra carne ahogando la tele aún encendida con Pasión de Gavilanes.

Internamente luchaba: Quiero que dure, pero ya me vengo otra vez. Él jadeaba en mi oído, mordiendo mi hombro. Cambiamos posición; yo encima, cabalgándolo como amazona. Sus manos amasaban mis tetas rebotantes, pellizcando pezones. Cabalgué fuerte, mi clítoris frotándose en su pubis, oliendo nuestro sexo mezclado con el aroma de la cena de enchiladas que quedó fría en la cocina.

La tensión crecía como resorte apretado. Sus embestidas desde abajo me perforaban, su verga hinchándose más. —Me vengo, Ana, ¡juntos! rugió.

El clímax explotó. Mi panocha se contrajo alrededor de él, ordeñándolo mientras chorros calientes de semen me llenaban. Grité, olas de éxtasis puro, visión borrosa, cuerpo temblando. Él se arqueó, gruñendo como bestia, hasta vaciarse por completo.

El final llegó en afterglow perfecto. Colapsamos juntos, su verga aún dentro, palpitando suave. Besos perezosos, caricias en la espalda empapada. Apagamos la tele, pero el eco de Pasión de Gavilanes capítulo 31 completo YouTube quedó en nosotros. Juan me abrazó, su pecho subiendo y bajando contra el mío.

—Eres mi gavilana, mi pasión eterna —susurró, oliendo mi pelo.

Neta, qué chido es esto. No hay novela que supere nuestra historia real.

Nos quedamos así, envueltos en sábanas revueltas, el corazón latiendo al unísono. Mañana seguiría el capítulo 32, pero esta noche, el nuestro fue completo y ardiente.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.