Abismo de Pasion Capitulo 85 El Vortice del Placer
El sol se ponía sobre la playa de Puerto Vallarta tiñendo el cielo de rojos y naranjas que se reflejaban en las olas del Pacífico. Yo Elisa acababa de llegar a la villa que mi familia tenía ahí un refugio de lujo con palmeras susurrando al viento y el aroma salado del mar colándose por las ventanas abiertas. Hacía años que no veía a Damián pero esa tarde su camioneta negra estaba estacionada frente a la entrada. Mi corazón dio un brinco neta como si el tiempo no hubiera pasado.
Entré y lo encontré en la terraza con una cerveza en la mano su camisa blanca desabotonada dejando ver ese pecho moreno y musculoso que tanto recordaba. Órale qué guapo está el cabrón pensé mientras el calor subía por mi cuello. Él se volteó y sus ojos cafés me devoraron de arriba abajo. Llevaba un vestido ligero de algodón que se pegaba a mis curvas por el sudor del viaje.
Hola Elisa dijo con esa voz ronca que me ponía la piel chinita. ¿Qué onda güey? No pensé que vendrías tan pronto.
Me acerqué sintiendo el piso de madera cálida bajo mis pies descalzos. El olor a su colonia mezclada con el mar me mareó. Esto es el abismo de pasion capitulo 85 donde todo se desata se me cruzó por la mente como si estuviéramos en una de esas novelas que devoraba de morrita pero ahora era real y jodidamente caliente.
Nos abrazamos y su cuerpo duro contra el mío despertó memorias. Sus manos en mi espalda baja me apretaron un poquito más de lo necesario. Sentí su aliento en mi cuello el calor de su piel. Ya valió madres no hay vuelta atrás.
Nos sentamos en los sillones de mimbre con vista al mar. Hablamos de la vida de los años perdidos por rencores familiares tontos. Él se había convertido en un empresario exitoso con hoteles en la costa yo en diseñadora de modas con mi taller en Guadalajara. Pero bajo las palabras había un fuego latente. Cada mirada era una caricia cada risa un roce invisible.
La noche cayó trayendo el sonido rítmico de las olas y el canto de los grillos. Sacó una botella de tequila reposado y sirvió dos shots. El líquido ámbar bajó ardiente por mi garganta despertando sensaciones dormidas. Por nosotros brindó chocando su vaso contra el mío. Sus dedos rozaron los míos y una corriente eléctrica me recorrió hasta el ombligo.
¿Sabes qué Elisa? Siempre supe que esto pasaría. Eres mi debilidad mi viciomurmuró acercándose. Su aliento olía a tequila y a hombre deseoso. No pude resistir más. Lo besé con hambre mis labios devorando los suyos. Su lengua entró juguetona explorando mi boca con sabor a sal y deseo.
Acto dos la tensión explotó. Me levantó en brazos como si no pesara nada y me llevó adentro a la recámara principal. La cama king size con sábanas de satín blanco nos esperaba iluminada por la luz de la luna que entraba por los ventanales. Me tiró suave sobre el colchón y se quitó la camisa revelando abdominales marcados y vello oscuro que bajaba hasta su pantalón.
Yo me incorporé de rodillas y le desabroché el cinturón con dedos temblorosos. Qué chingón está su paquete pensé al ver el bulto enorme. Bajé su zipper y saqué su verga dura palpitante venosa y gruesa. El olor almizclado de su excitación me inundó las fosas nasales. La tomé en mi mano sintiendo el calor el pulso acelerado. Lamí la punta saboreando la gota salada de precum. Él gimió ¡Carajo Elisa qué rico! enredando sus dedos en mi pelo.
Me chupó los labios del cuello bajando a mis tetas. Levantó mi vestido y lo arrancó de un jalón. Mis pezones rosados se endurecieron al aire fresco. Los succionó con avidez mordisqueando suave haciendo que jadeos salieran de mi garganta. Su boca es fuego puro. Sus manos expertas masajearon mis nalgas separándolas para rozar mi entrepierna ya empapada.
Me volteó boca abajo y besó mi espalda desde las hombros hasta las caderas. El roce de su barba incipiente me erizó la piel. Bajó mis tangas oliendo mi aroma femenino Hueles a miel chula gruñó. Su lengua lamió mi clítoris hinchado chupando con hambre. Metió dos dedos gruesos dentro de mí curvándolos para tocar ese punto que me hace ver estrellas. Grité ¡Sí Damián más duro pendejo! arqueando la espalda. El sonido húmedo de su boca en mi panocha se mezclaba con mis gemidos y las olas lejanas.
La intensidad creció. Me puse encima suya cabalgándolo como amazona. Su verga entró de golpe llenándome hasta el fondo estirándome delicioso. Sentí cada vena cada latido. Reboté arriba abajo el sudor perlando nuestros cuerpos. Él me agarraba las caderas guiándome ¡Qué culazo tienes métetela toda!. Nuestros jadeos se volvieron gritos el slap slap de piel contra piel resonaba en la habitación.
Cambié de posición él atrás en perrito embistiéndome fuerte. Sus bolas chocaban mi clítoris con cada thrust. Olía a sexo puro sudor y placer. Me jaló el pelo suave obligándome a arquearme más profundo. Esto es el vortice no hay escape solo éxtasis. Sentí el orgasmo construyéndose como ola gigante en mi vientre bajo.
Acto tres el clímax. ¡Me vengo Elisa! rugió tensándose. Su verga se hinchó explotando chorros calientes dentro de mí pintándome las paredes internas. Eso me empujó al borde. Mi coño se contrajo ordeñándolo en espasmos violentos. Grité su nombre olas de placer me sacudieron visión borrosa estrellas explotando. Colapsamos juntos piel pegajosa corazones latiendo como tambores.
En el afterglow yacimos enredados. Su mano acariciaba mi vientre mi cabeza en su pecho escuchando su corazón calmarse. El aroma de nuestro amor llenaba el aire mezclado con brisa marina. Eres mi abismo Damián susurré besando su piel salada.
Y tú mi pasión eterna capítulo 85 y todos los que siganrespondió riendo bajito.
Nos quedamos así hasta que el sueño nos venció sabiendo que este era solo el principio de más noches en el vortice. La luna testigo de nuestro reencuentro ardiente.