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Pasión Prohibida del Reparto

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Pasión Prohibida del Reparto

En los estudios de Televisa en San Ángel, el aire olía a café recién molido y a maquillaje fresco. Daniela ajustaba su vestido de gala para la escena de la telenovela Pasión Prohibida, esa historia de amores imposibles que tanto enganchaba al público mexicano. Ella era la protagonista, la mujer apasionada que desafiaba a la sociedad por su hombre. Pero en la vida real, la tensión con Alejandro, su coprotagonista, era lo que realmente la ponía nerviosa.

Alejandro, con su sonrisa pícara y esos ojos cafés que parecían devorarla, interpretaba al galán prohibido. Alto, de piel morena y músculos marcados por horas en el gym, se movía con la confianza de quien sabe que todas las morras lo miran.

¿Por qué carajos me acelera el pulso cada vez que se acerca?
pensaba Daniela mientras el director gritaba "¡Luz, cámara, acción!".

En la toma, debían besarse con furia contenida. Sus labios se rozaron primero suave, como un susurro, y luego el beso se profundizó. El sabor salado de su boca, mezclado con el mentol de su chicle, la invadió. Sintió sus manos grandes en su cintura, apretando justo lo suficiente para que su piel ardiera bajo la tela. El set se llenó de murmullos del equipo, pero para ella solo existía el calor de su aliento en su cuello. "¡Corte!" gritó el director, y todos aplaudieron la química explosiva. Pero Daniela sabía que no era solo actuación.

Después de la grabación, en el camerino compartido por el reparto principal, el ambiente se cargó de risas y chelas frías. "¡Órale, Dani, qué beso wey! Parecía de a devis", bromeó Alejandro pasándole una cerveza. Sus dedos se rozaron al tomarla, y un escalofrío le recorrió la espina. Esto no puede ser solo el personaje, se dijo ella, notando cómo su blusa se pegaba a su piel sudada por las luces calientes del estudio.

La noche avanzó con el reparto celebrando en un antro de Polanco. Luces neón parpadeaban, reggaetón retumbaba en los pechos, y el olor a tequila y perfume caro flotaba en el aire. Daniela bailaba con sus amigas, pero sus ojos buscaban a Alejandro. Él la vio, se acercó con ese andar chulo, y la pegó a su cuerpo al ritmo de la música. Sus caderas se movieron sincronizadas, el roce de su verga endureciéndose contra su muslo la hizo jadear bajito. "Estás cañona esta noche", le murmuró al oído, su voz ronca como grava caliente.

El deseo creció como una tormenta. Salieron del antro tomados de la mano, el viento fresco de la Ciudad de México revolviendo su cabello. En el auto de él, un Tsuru viejo pero chido, se besaron con hambre. Sus lenguas danzaban, saboreando el tequila dulce en la boca del otro. Daniela metió la mano por su camisa, sintiendo el vello áspero de su pecho, los latidos acelerados bajo su palma. "A tu depa, rápido", susurró ella, empapada ya entre las piernas.

En el departamento de Alejandro en la Roma, minimalista con posters de futbol y velas aromáticas a vainilla, la tensión explotó. Se quitaron la ropa con urgencia, tirándola al piso de madera que crujía bajo sus pies. Él la levantó en brazos, sus músculos tensos como cuerdas, y la llevó a la cama king size. El colchón se hundió suave bajo su peso. Daniela inhaló su olor masculino, a sudor limpio y loción barata, que la volvía loca.

Esto es la pasión prohibida del reparto, lo que todos susurran en los pasillos
, pensó ella mientras él besaba su cuello, lamiendo la sal de su piel. Sus labios bajaron a sus pechos, chupando un pezón rosado hasta endurecerlo como piedra. Ella arqueó la espalda, gimiendo "¡Ay, cabrón, qué rico!". Sus uñas arañaron su espalda, dejando surcos rojos que él disfrutaba con gruñidos profundos.

Alejandro separó sus muslos con manos firmes, admirando su panocha depilada y brillante de jugos. "Estás chorreando por mí, mi reina", dijo con esa voz juguetona mexicana que la derretía. Su lengua exploró primero los labios mayores, saboreando su miel salada y dulce, luego el clítoris hinchado. Daniela se retorció, el placer como electricidad subiendo por sus nervios. El sonido húmedo de su boca chupando la volvía loca, mezclado con sus gemidos ahogados.

No aguantó más. "Métemela ya, pendejo", exigió ella, jalándolo hacia arriba. Él se posicionó, la punta de su verga gruesa rozando su entrada resbalosa. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Ambos jadearon al unísono, el calor de sus sexos uniéndose en un abrazo perfecto. "¡Qué apretada, wey!", gruñó él, empezando a bombear con ritmo lento al principio, sintiendo cada vena de su polla rozando sus paredes internas.

La cama rechinaba con cada embestida, el slap-slap de sus cuerpos chocando llenaba la habitación. Daniela clavó las talones en su culo firme, urgiéndolo más profundo. Sudor perlaba sus frentes, goteando en sus pechos que rebotaban con cada thrust. Él aceleró, sus bolas golpeando su perineo, el olor a sexo crudo invadiendo el aire. Esto es mejor que cualquier escena de la novela, pensó ella, perdida en el éxtasis.

Cambiaron posiciones: ella encima, cabalgándolo como amazona. Sus caderas giraban en círculos, frotando su clítoris contra su pubis peludo. Alejandro amasó sus nalgas redondas, metiendo un dedo en su ano apretado para más placer. "¡Sí, así, fóllame duro!", gritó ella, el orgasmo construyéndose como volcán. Él la pellizcó los pezones, gruñendo "Ven conmigo, Dani".

El clímax llegó en oleadas. Daniela se convulsionó primero, su coño contrayéndose alrededor de su verga como un puño caliente, chorros de squirt mojando sus muslos. Alejandro la siguió, eyaculando profundo dentro de ella con rugidos guturales, su leche caliente llenándola hasta rebosar. Colapsaron jadeantes, pieles pegajosas unidas, el corazón latiendo al unísono.

En el afterglow, acurrucados bajo sábanas revueltas que olían a ellos, Alejandro le besó la frente. "Esto no fue solo el guion, ¿verdad?", murmuró. Daniela sonrió, trazando círculos en su pecho.

La pasión prohibida del reparto es real, y no la cambio por nada
. Afuera, la ciudad dormía, pero en esa cama, su mundo acababa de empezar.

Al día siguiente en el set, las miradas cómplices entre ellos durante las escenas del reparto principal decían todo. El director notó la chispa extra, pero ellos sabían la verdad. En los breaks, se robaban besos en los baños, manos explorando bajo faldas y pantalones. La telenovela Pasión Prohibida se volvía viral por su realismo, pero solo el reparto íntimo conocía el secreto ardiente detrás de las cámaras.

Daniela caminaba por los pasillos con una sonrisa nueva, sintiendo el leve dolor placentero entre las piernas, recordatorio de la noche. Alejandro le guiñó el ojo desde el otro lado. Esto apenas comienza, carnal, pensó ella, lista para más noches de fuego prohibido.

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