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Diario de una Pasion que Esta en Netflix

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Diario de una Pasion que Esta en Netflix

Era una noche de esas que te hacen querer acurrucarte en el sofá con una cobija y algo que te acelere el pulso. Fuera llovía a cántaros en la Ciudad de México, el ruido de las gotas contra la ventana sonaba como un tambor lejano, y el olor a tierra mojada se colaba por las rendijas. Yo, Ana, sola en mi departamentito en la Condesa, revisaba Netflix sin ganas de nada serio. De repente, ¡órale! Vi que Diario de una Pasion esta en Netflix. Neta, esa película romántica con todas las pasiones desbordadas, besos bajo la lluvia y miradas que queman. Me acordé de Marco, mi carnal del gym, el wey que siempre me hace reír con sus chistes pendejos y que tiene unos ojos que te derriten como chocolate en microondas.

Le mandé un whats: "Wey ven pa'cá, está lloviendo y encontré algo chido en Netflix. Trae chelas o tequila". Respondió en dos segundos: "Ya voy morra, prepárate". Mi corazón dio un brinco, no sé si por la peli o por él. Me puse un short cortito y una blusa suelta, nada exagerado, pero que dejara ver mis curvas. El espejo me devolvió una sonrisa pícara; hacía rato que no me sentía tan calientita.

Llegó empapado, con esa playera pegada al pecho que marcaba sus músculos. "¡Puta madre qué chinga!" dijo riendo mientras se quitaba los zapatos. Lo abracé para secarlo, sintiendo su calor contra mi piel, el olor a lluvia y su colonia mezclados. Nos serví unos tequilas con limón y sal, y nos echamos en el sofá. Puse la peli. Noah y Allie empezaban con sus coqueteos, y yo no podía dejar de pensar en cómo Marco me rozaba el muslo "sin querer".

¿Por qué carajos me late tan fuerte el corazón? Es solo Marco, el wey que me carga en el gym como si fuera una pluma. Pero neta, su mano ahí, tan cerca...

La tensión crecía con cada escena. En la peli, se besaban con hambre, y yo sentía un cosquilleo entre las piernas. Marco me miró de reojo: "Esta peli está buena, ¿no? Te prende". Su voz ronca me erizó la piel. Asentí, mordiéndome el labio. "Sí, wey, me hace pensar en cosas...". Nuestras manos se encontraron, dedos entrelazados, y el aire se cargó de electricidad. El sonido de la lluvia se volvió un rugido de fondo, perfecto para lo que venía.

Acto seguido, la película avanzó a esa parte donde se aman en la carretera, y Marco se acercó más. Su aliento cálido en mi cuello olía a tequila dulce. "Ana, no mames, estás preciosa", murmuró. Giré la cara y nuestros labios chocaron. Fue suave al principio, como probar un mango maduro, jugoso y dulce. Sus labios carnosos se movieron contra los míos, lengua explorando con ternura. Gemí bajito, el sabor salado de su boca me volvía loca.

La pausa en Netflix se activó, pero ya nadie le hacía caso. Sus manos subieron por mis muslos, ásperas del gym, tocando mi piel suave como seda. "¿Quieres que pare?" preguntó, ojos brillantes de deseo. "Ni madres, sigue", respondí jadeando. Me quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de mi clavícula, bajando a mis chichis. El aire fresco de la habitación me erizó los pezones, duros como piedritas. Los lamió con devoción, succionando suave, y yo arqueé la espalda, oliendo su cabello húmedo mezclado con mi aroma de vainilla del shampoo.

¡Dios mío, qué rico! Su lengua es fuego, me moja toda. Quiero más, lo quiero dentro ya.

Lo empujé al sofá y me subí encima, frotándome contra su verga que ya estaba dura como piedra bajo el pantalón. La desabroché, liberándola: gruesa, venosa, palpitante. La tomé en la mano, sintiendo su calor, el pulso acelerado como tambores. "Qué chingona, Marco", le dije juguetona. Él rio: "Es toda tuya, morra". La lamí desde la base, saboreando el gusto salado de su piel, hasta la punta donde brotaba una gotita precursora. Gemí al chuparla, metiéndomela hasta la garganta, sus manos en mi pelo guiándome con pasión contenida.

Pero quería más. Me quité el short, mi panocha ya empapada, hinchada de ganas. Me senté en su cara, y su lengua encontró mi clítoris como imán. Lamió despacio, círculos perfectos, chupando mis labios mayores, metiendo la lengua adentro. El sonido chapoteante de mi humedad con su saliva era obsceno, delicioso. Olía a sexo puro, a deseo desatado. Me vine rápido, temblando, gritando su nombre mientras el orgasmo me sacudía como un rayo.

No paró. Me volteó, poniéndome a cuatro, y entró despacio. Su verga me llenó por completo, estirándome delicioso. "¡Ay wey, qué grande!" grité. Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida rozando mi punto G. El slap-slap de su pelvis contra mis nalgas resonaba con la lluvia. Sudor perlando su espalda, yo lo arañaba, oliendo el musk de nuestros cuerpos. Aceleró, fuerte, profundo, mis chichis rebotando. "Vente conmigo, Ana", rugió. Y lo hice, contrayéndome alrededor de él, ordeñándolo hasta que se vació dentro, caliente, abundante.

Nos derrumbamos, jadeantes, piel pegajosa de sudor y fluidos. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón galopante calmarse. El olor a sexo impregnaba el aire, mezclado con la lluvia que amainaba. Besé su frente, riendo bajito. "Mejor que la peli, ¿no?". Él levantó la vista, ojos tiernos: "Mil veces, mi vida".

Después, nos duchamos juntos, agua caliente lavando el sudor, manos explorando de nuevo pero con calma. Salimos envueltos en toallas, pedimos unos tacos de suadero por app, y nos echamos a ver el final de Diario de una Pasion. Pero ya no era solo una peli; era nuestra historia empezando. En mi mente, juré escribir esto en mi diario, para no olvidar cómo una noche lluviosa y Netflix desataron esta pasión.

Ahora, acostada con su brazo alrededor, siento su respiración profunda, su piel cálida contra la mía. Mañana será otro día, pero esta noche... neta, fue épica. ¿Quién iba a decir que diario de una pasion esta en Netflix me traería al hombre de mis sueños? La vida es chida, cabrones.

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