Relatos
Inicio Erotismo Espartéc Pasión por Servir Espartéc Pasión por Servir

Espartéc Pasión por Servir

7190 palabras

Espartéc Pasión por Servir

Imagina que estás en tu lujosa casa en Polanco, Ciudad de México, el sol del atardecer tiñendo las cortinas de seda con tonos naranjas y rosados. Tú, Sofia, de veintiocho años, con tu piel morena suave como el chocolate mexicano, sientes un cosquilleo en el estómago cada vez que piensas en él. Marco, tu amante de treinta y dos, alto, con músculos definidos por horas en el gym de Las Lomas y una sonrisa que te derrite como helado de cajeta en verano. Hace meses que empezaron, pero hoy es diferente. Hoy, algo dentro de ti despierta, una espartéc pasión por servir que no sabías que tenías, como si tu cuerpo gritara por complacerlo, por ser su reina sumisa en este palacio de placeres.

Estás en la cocina amplia, con isla de granito negro reluciente, preparando su cena favorita: tacos de arrachera jugosos, con cebolla asada que huele a paraíso callejero pero elevado a alta cocina. Tus manos tiemblan un poco mientras cortas el cilantro fresco, el aroma picante subiendo a tus fosas nasales, mezclándose con el tequila reposado que abriste para él.

¿Por qué me excita tanto esto? —piensas—. Servirlo, anticipar sus deseos, es como encender una fogata en mi entrepierna.
Llevas un vestido corto negro, ajustado, sin bra, tus pezones endureciéndose contra la tela fina al imaginar sus ojos devorándote.

La puerta principal se abre con un clic metálico, y su voz grave resuena: ¡Nena, ya llegué! Qué olor tan chingón. Tu pulso se acelera, el corazón latiéndote como tamborazo zacatecano. Sales a recibirlo, tacones cliqueando en el piso de mármol pulido. Él te ve, deja su maletín de cuero, y sus ojos cafés oscuros se clavan en ti, hambrientos. Órale, güey, mírate —dice con esa voz ronca que te hace mojar—. Pareces salida de un sueño mojado.

Te acercas, el calor de su cuerpo envolviéndote antes de tocarlo, olor a su colonia Acqua di Gio mezclado con sudor fresco del tráfico de Reforma. Tus labios rozan su mejilla, áspera por la barba de tres días, y susurras: Servirte es mi vicio, papi. Él ríe bajo, mano grande en tu cintura, apretando posesivo. La cena pasa en tensión deliciosa: come mirándote fijo, tú sirviéndole más salsa, inclinándote para que vea tu escote, el roce accidental de tus senos contra su brazo enviando chispas a tu clítoris.

Después, en la sala con sofá de piel italiana, él se recuesta con un trago de tequila, hielo tintineando. Tú te arrodillas frente a él, natural como respirar, manos en sus muslos fuertes cubiertos por pantalón de vestir.

Esta espartéc pasión por servir me quema por dentro —reflexionas—. Quiero que me use, que me haga suya sirviéndolo.
Desabrochas su cinturón, el cuero crujiendo, zipper bajando lento. Su verga salta libre, gruesa, venosa, con ese olor almizclado a hombre que te hace salivar. La tocas suave, piel caliente pulsando bajo tus dedos, y él gime: Así, mi reina, hazme volar.

El beso en la punta es reverente, lengua lamiendo el pre-semen salado, gusto que te enloquece como chile en nogada. Lo tomas en boca, labios estirándose, garganta relajándose para tragarlo hondo. El sonido húmedo de succión llena la habitación, mezclado con sus gruñidos guturales, ¡Qué chingón, Sofia, no pares! Tus manos masajean sus bolas pesadas, suaves como duraznos maduros, mientras tu concha palpita, jugos empapando tus tangas de encaje. Te tocas disimulada, dedos resbalando en tu humedad, pero él nota: Deja eso, nena, solo para mí.

Te levanta, beso feroz, lengua invadiendo tu boca con sabor a ti misma y tequila. Te lleva al cuarto, alfombra persa amortiguando pasos, cama king size con sábanas de algodón egipcio crujiendo al tirarte. Se desnuda rápido, cuerpo atlético brillando bajo luz tenue, músculos flexionándose. Tú te quitas el vestido, quedando en tanga roja, pechos firmes rebotando libres. Él te admira, mano acariciando tu curva de cadera, piel erizándose bajo su palma callosa.

Aquí viene lo bueno, piensas, mientras él te empuja boca abajo, nalgas en alto. Sus manos amasan tu culo, nalgada juguetona que resuena con ¡clap!, ardor dulce expandiéndose.

Mi espartéc pasión por servir es esto: entregarme para su gozo.
Boca en tu panocha desde atrás, lengua hurgando labios hinchados, chupando clítoris como tamarindo dulce. Gritas ahogada en almohada, olor a tu arousal fuerte, almizcle femenino mezclándose con su sudor. Dedos entran, curvándose en tu punto G, jugos chorreando por muslos, sonido chapoteante obsceno.

La tensión sube como volcán Popocatépetl. Te voltea, piernas abiertas, él entre ellas, verga rozando tu entrada resbalosa. ¿Me quieres adentro, perra rica? —te provoca, y tú arqueas: ¡Sí, papi, rómpeme sirviéndote! Empuja lento, centímetro a centímetro, estirándote llena, venas frotando paredes sensibles. Gimes largo, uñas clavándose en su espalda ancha, sudor goteando de su pecho al tuyo, salado en tu lengua cuando lo lames.

El ritmo acelera, cadera chocando contra cadera, ¡paf paf paf! eco en el cuarto. Tus tetas rebotan, él las chupa, dientes rozando pezones duros como piedras de obsidiana. Internamente luchas:

Es demasiado bueno, no quiero correrme ya, pero mi cuerpo traiciona, palpitando alrededor de su verga.
Él siente, acelera, mano en tu garganta suave, consensual, aumentando placer. Neta, esta pasión por servir me hace libre, piensas en éxtasis.

El clímax se acerca imparable. Tus paredes aprietan, él gruñe animal: ¡Me vengo, nena! Explosión dentro, semen caliente llenándote, disparos pulsantes que te llevan al borde. Tú gritas, orgasmo rompiéndote en olas, visión borrosa, oídos zumbando con tu propio alarido, cuerpo convulsionando, jugos mezclándose con su leche escapando por tus muslos.

Colapsan juntos, pesados, jadeos sincronizados como mariachi afinado. Su peso sobre ti es cobija viva, calor envolvente, olor a sexo crudo impregnando sábanas. Besos lentos ahora, tiernos, lengua explorando suave. Eres increíble, Sofia —murmura en tu oído, aliento cálido erizando oreja—. Esa forma tuya de servirme... me enciende.

Tú sonríes, mano trazando su pecho, sintiendo latidos calmarse.

Esta espartéc pasión por servir no es sumisión ciega, es poder compartido, amor ardiente disfrazado de entrega.
Se bañan juntos después, agua caliente cayendo como lluvia tropical, jabón de lavanda resbalando por curvas, risas mexicanas llenando el vapor: ¡Ay, güey, casi me matas de placer! Secos, envueltos en albornoz, tequila en balcón viendo luces de la ciudad parpadear como estrellas caídas.

En la quietud, reflexionas: esto es lo que buscabas, un lazo donde servir es reinar, donde tu fuego interior esparce pasión en cada caricia. Marco te abraza, y sabes que mañana repetirás, porque esta danza consensual es tu adicción dulce, tu espartéc pasión por servir eterna.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.