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En Que Año Se Estreno La Novela Abismo De Pasion En Nuestra Piel

7647 palabras

En Que Año Se Estreno La Novela Abismo De Pasion En Nuestra Piel

Era una noche calurosa en Guadalajara, de esas que te pegan el pelo a la nuca y hacen que el aire se sienta espeso como miel. Yo, Ana, estaba recostada en el sofá de mi depa en la colonia Providencia, con las luces bajas y el ventilador zumbando perezosamente sobre nosotro'. Luis, mi carnal del alma desde hace meses, se había avienta'o ahí conmigo después de una cena chida en el centro. Olía a taquitos de barbacoa todavía en su camisa, mezclado con ese su perfume amaderado que me volvía loca.

¿Por qué carajos no lo he besado ya? pensé, mientras mi mirada se perdía en la tele. Estábamos viendo repeticiones de telenovelas antiguas, y justo pa'l desmadre, apareció el promo de Abismo de Pasion. Esa novela que nos tenía bien clavados cuando salió, con sus dramas de hacienda, venganzas y pasiones que te dejaban con el corazón en la garganta.

—Oye, güey —le dije, volteando pa' verlo con una sonrisa pícara—, en que año se estreno la novela abismo de pasion? Me acuerdo que la veíamos en la uni, pero no me acuerdo bien.

Luis se rió bajito, ese sonido ronco que me erizaba la piel. Se acercó más, su muslo rozando el mío, cálido y firme bajo los jeans gastados.

—En dos mil doce, nena. El año en que todo explotó en pantalla... y quizás en nosotro' también —murmuró, sus ojos cafés clavándose en los míos como si me desnudara ya.

Su aliento olía a tequila reposado, dulce y ahumado, y sentí un cosquilleo traicionero entre las piernas. La tensión había estado ahí toda la noche: miradas que duraban de más, roces "accidentales" en la cocina. Yo quería que pasara, pero no quería parecer desesperada. Él también lo quiere, se nota en cómo me come con la mirada.

La novela empezó, con Angélica Rivera toda dramática en su vestido ajustado, gritando por amor y traición. Pero yo ya no prestaba atención. La mano de Luis se posó en mi rodilla, subiendo despacito por mi muslo desnudo. Mi falda corta de algodón se arrugó bajo sus dedos ásperos, y un jadeo se me escapó sin querer.

—Luis... —susurré, pero no lo detuve. Al contrario, me recargué en él, sintiendo el calor de su pecho contra mi hombro.

—Shh, mi reina —dijo él, su voz grave como un ronroneo—. Dejemos que la pasión de la novela nos inspire.

El beso llegó como un rayo. Sus labios carnosos aplastaron los míos, suaves al principio, probando, saboreando el gloss de fresa que me había puesto. Su lengua se coló juguetona, danzando con la mía, y probé el tequila en él, caliente y embriagador. Mis manos volaron a su nuca, enredándose en su pelo negro revuelto, mientras él me jalaba más cerca. Olía a sudor limpio, a hombre, mezclado con el aroma de mi crema de vainilla.

Nos fuimos rodando en el sofá, yo arriba ahora, mis pechos presionando contra su torso duro. Sentí su erección contra mi entrepierna, dura como piedra bajo la tela, y un gemido ronco salió de su garganta. ¡Qué chingón se siente esto! Mi clítoris palpitaba, ansioso, y empecé a mover las caderas despacio, frotándome contra él al ritmo de la música de la telenovela que sonaba de fondo.

—Estás bien rica, Ana —gruñó, sus manos grandes amasando mis nalgas, apretando la carne suave—. Me tienes bien puesto desde que te vi con esa falda.

—Pues quítamela, pendejo —le contesté juguetona, mordiéndole el labio inferior. Me encantaba ese juego, las palabras sucias que nos prendían más.

Se incorporó, sentándome a horcajadas en su regazo, y en un movimiento fluido me sacó la blusa por la cabeza. Mis tetas saltaron libres, solo cubiertas por un bra de encaje rojo. Sus ojos se oscurecieron de deseo, y bajó la cabeza, lamiendo un pezón con la lengua plana, áspera y húmeda. Un escalofrío me recorrió la espina, y arqueé la espalda, gimiendo su nombre. El sonido de succión era obsceno, húmedo, y olía a mi excitación ya, ese almizcle dulce que flotaba en el aire.

Yo no me quedé atrás. Bajé la cremallera de sus jeans, liberando su verga gruesa, venosa, que saltó dura y caliente contra mi palma. La apreté, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel aterciopelada, y él siseó entre dientes.

—Métetela en la boca, mi amor —pidió, con voz entrecortada.

Me deslicé al piso, de rodillas entre sus piernas abiertas. El piso de madera estaba fresco contra mis rodillas, contrastando con el fuego en mi piel. Lamí la punta, saboreando la gota salada de precum, y luego lo engullí despacio, hasta la garganta. Él jadeaba, sus caderas empujando suave, respetuoso. Sabe a él, a puro Luis. Chupé con ganas, la lengua girando alrededor del glande, mientras mis manos masajeaban sus bolas pesadas.

Pero no duró mucho. Me levantó como si no pesara nada, y nos dirigimos al cuarto, tropezando, riendo. La cama king size nos recibió con sábanas frescas de algodón egipcio, oliendo a lavanda del detergente. Me tiró boca arriba, quitándome la tanga con dientes, y se hundió entre mis muslos.

Su aliento caliente en mi panocha me hizo temblar. Lamidas largas, desde el perineo hasta el clítoris, sorbiendo mis jugos como si fueran néctar. Gemí fuerte, mis uñas clavándose en su cuero cabelludo. ¡Ay, cabrón, así! El sonido era todo: mis jadeos, su lameteo húmedo, el slap de su lengua contra mi carne hinchada.

La tensión crecía como una tormenta. Yo quería más, lo necesitaba dentro. Lo jalé por los hombros, guiándolo arriba de mí. Nuestros ojos se encontraron, y en ese momento supe que era puro, consensual, nuestro.

—Cógeme, Luis. Ya —rogué, abriendo las piernas bien anchas.

Él se posicionó, la cabeza de su verga rozando mi entrada resbalosa. Empujó despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Sentí cada vena, cada pulgada llenándome, hasta que sus bolas chocaron contra mi culo. Estábamos conectados, piel con piel, sudor perlando nuestros cuerpos.

Empezó a moverse, lento al principio, saliendo casi todo y metiéndola de nuevo con fuerza. El placer era eléctrico, rayos desde mi centro hasta los dedos de los pies. Aceleró, el ritmo hipnótico: slap-slap-slap de carne contra carne, mis tetas rebotando, sus gruñidos animales. Olía a sexo puro, a sudor y fluidos mezclados.

—Más duro, papi —le pedí, clavando las uñas en su espalda musculosa.

Obedeció, embistiéndome como un poseído, su verga golpeando mi punto G sin piedad. Yo me retorcía debajo, el orgasmo construyéndose como una ola gigante. No aguanto más, virgencita santa. Grité cuando exploté, mi panocha contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo, jugos chorreando por mis muslos.

Él siguió unos segundos más, tenso, y luego rugió mi nombre, llenándome con chorros calientes y espesos. Colapsó sobre mí, nuestro' pechos agitados, el corazón latiendo al unísono.

Nos quedamos así, enredados, mientras el ventilador secaba nuestro sudor. La tele seguía con la novela, pero ya no importaba. En que año se estreno la novela abismo de pasion? En 2012, pero nuestra propia abismo de pasion se estrenó esa noche, en la piel del otro.

Después, en la penumbra, él me besó la frente, suave.

—Te amo, Ana. Esto fue chingón.

—Y apenas empieza, mi rey —contesté, acurrucándome en su abrazo fuerte.

El afterglow era perfecto: paz profunda, músculos laxos, el olor de nosotro' impregnando las sábanas. Sabía que esto cambiaría todo, que de amigos pasábamos a amantes de verdad. Y mientras el sueño nos vencía, sonreí pensando en cuántas noches así nos esperaban.

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