Relatos
Inicio Erotismo Chivas Pasion Sitio No Oficial El Deseo Encendido Chivas Pasion Sitio No Oficial El Deseo Encendido

Chivas Pasion Sitio No Oficial El Deseo Encendido

7875 palabras

Chivas Pasion Sitio No Oficial El Deseo Encendido

Era una noche cualquiera en Guadalajara, con el aire cargado de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva. Yo, Ana, fanática de hueso colorado de las Chivas, me la pasaba navegando por internet buscando algo que avivara mi pasión por el Rebaño. Ahí lo encontré: Chivas Pasion Sitio No Oficial. Un rincón en la red hecho por fans como yo, lleno de fotos ardientes de los jugadores, debates acalorados y chats donde la gente soltaba todo sin filtro. Entré al foro y empecé a leer. El corazón me latía fuerte, no solo por el fútbol, sino por los comentarios picantes que algunos ponían sobre los cuerpos sudados de los cracks en el campo.

De pronto, un mensaje privado: "Ey, güey, vi tu post sobre el golazo de Cowell. Neta que esa jugada me puso la piel chinita. ¿Tú también sientes esa pasión roja?". El usuario se llamaba ChivaLoco89. Sonreí frente a la pantalla, mordiéndome el labio. "¿Qué onda, carnal? Simón, esa pasión por las Chivas me quema por dentro. ¿De dónde eres?". Así empezó todo. Hablamos horas, de partidos, de rivalidades con el América, pero pronto el tono cambió. Él describía cómo se imaginaba gritando goles con una chela en la mano, el cuerpo tenso, listo para explotar. Yo le contestaba con detalles de mis fantasías en el estadio, el rugido de la afición vibrando en mi pecho como un latido prohibido.

Los días siguientes fueron puro fuego virtual. Me contaba que era Marco, tapatío de pura cepa, con un cuerpo forjado en la cancha amateur, tatuajes de la camiseta rayada en el brazo. Yo le mandaba fotos mías con la playera ajustada, el escote asomando justo lo suficiente para que su imaginación volara. "Mamacita, esa playera te queda como guante. Me dan ganas de quitártela despacito mientras te susurro jugadas calientes". Mis respuestas eran cada vez más osadas: "Ven y hazlo, pendejo. Te espero en la tribuna de mi deseo". La tensión crecía como un partido empatado en el minuto 90, con el sudor resbalando por mi espalda solo de leerlo.

Una noche, no aguanté más. "Marco, ¿y si nos vemos? Hay un bar cerca del Akron donde pasan los juegos. Mañana, Chivas vs Tigres". Su respuesta fue inmediata: "Órale, Ana. Ahí estoy. Trae esa pasión tuya lista para el alargue". Me arreglé con mi playera favorita, unos jeans ceñidos que marcaban mis curvas, y un perfume que olía a jazmín mezclado con deseo. El corazón me retumbaba como el tambor de la porra celeste.

El encuentro fue eléctrico. Lo vi en la barra, alto, moreno, con la playera de Chivas pegada al torso musculoso por el calor. Sus ojos me recorrieron de arriba abajo, deteniéndose en mis labios. "Ana, en persona eres puro fuego rojiblanco", dijo con voz grave, acercándose tanto que sentí su aliento cálido con sabor a tequila. Nos sentamos en una mesa apartada, las luces tenues del bar bailando en su piel. Hablamos del sitio, de cómo Chivas Pasion Sitio No Oficial nos unió. "Ese lugar es como un vestidor secreto, donde soltamos lo que no decimos en la calle", murmuró, su mano rozando la mía accidentalmente. Pero no era accidente. Sus dedos eran ásperos, de tanto patear el balón, y enviaban chispas por mi brazo.

El partido empezó en la tele, pero pronto lo ignoramos. Su pierna presionaba contra la mía bajo la mesa, un roce firme que me erizaba la piel. "Siento tu calor, Ana. Como si fueras la hincha que grita más fuerte en mi cabeza". Le clavé la mirada, mi pulso acelerado.

¿Y si lo beso ya? ¿Y si dejo que esta pasión por las Chivas nos lleve más allá del campo?
Pedí otra chela, pero el líquido frío no apagaba el ardor entre mis piernas. Él se inclinó, su boca cerca de mi oreja: "Vamos a mi depa, está cerca. Quiero verte sudar como en un clásico". Asentí, empoderada, dueña de mi deseo. "Llévame, Marco. Hagamos nuestro propio golazo".

En su coche, el camino fue un torbellino de besos robados en los semáforos. Sus labios sabían a sal y victoria, su lengua explorando la mía con la urgencia de un contragolpe. Llegamos a su departamento, un lugar sencillo pero chido, con posters de las Chivas en las paredes y el olor a cuero de balón nuevo flotando en el aire. Apenas cerramos la puerta, me empujó contra la pared, sus manos grandes amasando mis pechos sobre la playera. "Quítatela, güey. Quiero verte entera", gruñó. Me la saqué despacio, dejando que mis senos rebotaran libres, los pezones duros como piedras bajo su mirada hambrienta.

Su boca descendió, lamiendo mi cuello con besos húmedos que olían a su colonia varonil mezclada con sudor fresco. Gemí bajito, mis uñas clavándose en su espalda ancha. Neta, este wey sabe lo que hace. Me cargó hasta el sillón, quitándome los jeans con tirones impacientes. Mis bragas ya estaban empapadas, el aroma almizclado de mi excitación llenando la habitación. "Mira cómo estás, Ana. Pura pasión chiva", dijo, hincándose entre mis piernas. Su lengua trazó un camino ardiente por mi muslo interior, hasta llegar al centro. Lamidas lentas, circulares, chupando mi clítoris con maestría. El placer era como un estadio a reventar, olas de sonido retumbando en mi vientre. "¡Marco, sí, carnal! No pares", jadeé, mis caderas moviéndose solas contra su cara barbuda.

Lo jalé arriba, desesperada por sentirlo dentro. Nos desnudamos mutuamente, piel contra piel, su verga dura y gruesa palpitando contra mi vientre. Olía a hombre puro, a testosterona y deseo. "Cójeme ya, pendejo. Quiero sentirte romperme", le ordené, abriendo las piernas. Entró despacio al principio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. El estirón era exquisito, su grosor llenándome hasta el fondo. Empezó a bombear, fuerte, rítmico, como un mediocampista incansable. Nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas, el sudor resbalando entre nosotros, goteando al sillón. Sus bolas golpeaban mi culo con cada embestida, enviando descargas al cerebro.

Esto es mejor que cualquier gol de último minuto. Su polla me parte en dos, pero lo quiero más profundo.
Cambiamos de posición: yo encima, cabalgándolo como una amazona en el Azteca. Mis tetas rebotaban frente a su cara, y él las chupaba con avidez, mordisqueando los pezones hasta que grité. El olor de nuestros sexos mezclados era embriagador, almizcle salado y dulce. Aceleré, mis paredes apretándolo, ordeñándolo. "¡Me vengo, Ana! ¡Juntos!", rugió. El orgasmo nos golpeó como un penalazo: yo convulsionando, chorros de placer escapando, él explotando dentro, caliente y espeso, llenándome hasta rebosar.

Nos quedamos así, jadeantes, pegados por el sudor que enfriaba lentamente. Su mano acariciaba mi espalda, trazando círculos suaves. "Neta, Ana, esto fue épico. Gracias a Chivas Pasion Sitio No Oficial, encontré mi afición favorita". Reí bajito, besando su pecho velludo que subía y bajaba. "Simón, Marco. Esta pasión roja no para en el silbatazo final". Nos duchamos juntos después, el agua caliente lavando los restos pero no el fuego que aún latía. Salimos envueltos en toallas, pidiendo unas tortas de carnitas para recargar energías. En su cama, platicamos del próximo partido, planeando más noches como esta. Me sentía poderosa, dueña de mi cuerpo y mi deseo, con el Rebaño como testigo invisible.

Al amanecer, el sol tapatío se colaba por la ventana, tiñendo todo de rojo pasión. Me vestí con mi playera arrugada, oliendo a sexo y victoria. "Vuelve pronto, mamacita", dijo él en la puerta, dándome un beso largo. "Cuenta con eso, carnal. Las Chivas y yo no fallamos". Salí a la calle, el aire fresco besando mi piel sensible, con una sonrisa que no se borraba. Ese sitio no oficial había encendido algo real, algo que latía más fuerte que cualquier corazón rojiblanco.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.