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Mi Pasion Letra Ericson Alexander Molano

7061 palabras

Mi Pasion Letra Ericson Alexander Molano

La noche en Polanco ardía como un volcán a punto de estallar. El aire del lounge bar estaba cargado de jazmín y tequila reposado, con ese humo sutil de cigarros caros flotando como un velo seductor. Yo, Valeria, estaba sentada en la barra de piel suave, mi vestido negro ceñido marcando cada curva de mi cuerpo moreno, sintiendo el roce fresco del cuero contra mis muslos. La música latina retumbaba bajito, pero de repente, órale, sonó esa rola que me eriza la piel: Mi Pasión letra Ericson Alexander Molano. La voz grave del cantante se colaba en mis venas, hablando de un fuego que quema el alma, de un deseo que no se apaga. Neta, cada palabra era como un caricia prohibida.

Me quedé clavada, el vaso de margarita helada en la mano, gotas resbalando por mis dedos.

Mi pasión por ti es eterna, como el sol que no se apaga...
Susurré las letras en mi mente, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. Ahí lo vi. Alto, moreno, con ojos cafés que brillaban como obsidiana bajo las luces neón. Estaba en una mesa cercana, tarareando la canción con una cerveza en la mano, su camisa blanca entreabierta dejando ver el vello oscuro de su pecho. Qué chido, pensé, ese wey parece sacado de mis sueños más calientes.

Nuestros ojos se cruzaron. Él sonrió, esa sonrisa pícara que dice "te voy a devorar". Se levantó y caminó hacia mí, su colonia amaderada invadiendo mi espacio antes que su cuerpo. "Esa rola te tiene prendida, ¿verdad? Mi Pasión de Ericson Alexander Molano siempre me pone en mood", dijo con voz ronca, acento chilango puro. "Valeria", respondí, extendiendo la mano, pero él la tomó y besó mis nudillos, su barba incipiente rozando mi piel como lija suave. "Alejandro. Y sí, neta, la letra esa me hace pensar en pasiones que no caben en palabras".

Charlamos un rato, el volumen de la canción subiendo, envolviéndonos. Hablamos de la letra, cómo esas palabras hablaban de un amor que consume, que te hace sudar de puro anhelo. Su rodilla rozó la mía bajo la barra, un toque eléctrico que me hizo morder el labio. Olía a hombre, a sudor limpio mezclado con esa esencia masculina que te hace salivar. "Baila conmigo", murmuró, y no pude decir que no. La pista estaba llena de cuerpos moviéndose al ritmo, pero nosotros bailamos pegados, su mano en mi cintura baja, dedos presionando la carne de mis caderas. Sentía su dureza contra mi vientre, dura como piedra, y mi centro se humedeció al instante.

Acto primero de esta noche loca: la tensión crecía como la marea en Acapulco. Sus labios rozaron mi oreja mientras canturreaba la letra bajito: Tu fuego en mi piel, mi pasión desatada. Mi corazón latía desbocado, pechos subiendo y bajando contra su torso firme. "Valeria, me traes loco. ¿Vamos a algún lado?", susurró, aliento caliente oliendo a cerveza y menta. Asentí, empoderada, deseando cada centímetro de él. Tomamos un taxi, sus manos explorando mis muslos bajo la falda, yo arañando su nuca. El chofer ni se inmutó, total, en esta ciudad todo pasa.

Llegamos a su depa en una torre reluciente, vistas al skyline de la CDMX brillando como diamantes. La puerta se cerró con un clic que sonó a promesa. Me empujó contra la pared, besándome con hambre, lenguas danzando en un duelo húmedo y salado. Sabía a tequila dulce, sus dientes mordisqueando mi labio inferior. "Eres fuego, nena", gruñó, manos subiendo mi vestido, exponiendo mis bragas de encaje negro empapadas. Yo le arranqué la camisa, uñas clavándose en su espalda ancha, oliendo su sudor fresco, ese aroma que grita sexo.

Nos movimos al sofá de terciopelo gris, cuerpos enredados. Le quité el pantalón, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. La tomé en la mano, piel aterciopelada sobre acero, y él gimió, un sonido gutural que vibró en mi clítoris. "Qué rica estás", dijo, bajando mi vestido, chupando mis pezones oscuros, duros como balas. Lengua girando, dientes tirando suave, placer punzante bajando directo a mi coño. Yo me arqueé, jadeando, el aire cargado de nuestro olor almizclado, mezcla de fluidos y deseo crudo.

Acto segundo: la escalada. Lo empujé al sofá, montándome a horcajadas, frotando mi humedad contra su longitud. "Cántame la letra mientras te cojo", le pedí, voz ronca de pendeja en celo. Él rio, manos en mis nalgas, amasándolas.

Mi pasión letra Ericson Alexander Molano, tu cuerpo es mi templo, tu gemido mi salmo
, improvisó, voz entrecortada. Bajé despacio, su punta abriendo mis labios hinchados, estirándome deliciosamente. ¡Ay, wey! Entró centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo, paredes internas apretándolo como guante. Empecé a moverme, caderas girando en círculos lentos, sintiendo cada vena rozar mi interior sensible.

Sus manos guiaban mi ritmo, pulgares en mi clítoris, círculos firmes que me hacían ver estrellas. Sudor perlando su frente, goteando a su pecho, yo lo lamí, salado y adictivo. Gemidos llenando la habitación, mezclados con el tráfico lejano de la ciudad. "Más rápido, carnal", jadeé, cabalgándolo como yegua salvaje, pechos rebotando, su boca capturando uno, succionando fuerte. El placer subía en olas, tensión en mi vientre apretándose, orgasmos asomando. Él se incorporó, volteándome de rodillas en el sofá, embistiéndome desde atrás. Manos en mis caderas, golpes profundos, piel chocando con palmadas húmedas. "¡Sí, así, pendejito, dame todo!", grité, empoderada, dueña de mi placer.

Sentía su saco golpeando mi clítoris, su verga curvándose justo en mi punto G, enviando descargas eléctricas. Olía a sexo puro, jugos chorreando por mis muslos, su sudor goteando en mi espalda. Internalmente, luchaba: No quiero que acabe, pero lo necesito ya. Él aceleró, gruñendo la letra entre dientes: "Mi pasión... te consume... ahhh". Mi clímax explotó primero, coño convulsionando, ordeñándolo, grito ahogado en el cojín. Él se hundió una última vez, caliente chorro llenándome, pulso tras pulso, cuerpos temblando unidos.

Acto tercero: el afterglow. Colapsamos en el suelo alfombrado, pieles pegajosas, respiraciones entrecortadas. Su brazo alrededor de mi cintura, dedos trazando círculos perezosos en mi ombligo. El skyline parpadeaba afuera, testigo mudo. "Neta, Valeria, esa letra de Mi Pasión Ericson Alexander Molano nunca sonó tan cabrona como esta noche", murmuró, besando mi hombro. Yo sonreí, saciada, el cuerpo pesado de placer, corazón latiendo en paz. Esto fue más que un polvo, pensé, fue pasión en carne viva.

Nos duchamos juntos después, agua caliente cascabeando sobre nosotros, jabón espumoso en curvas y músculos. Risas, besos suaves, promesas de más noches así. Salí al amanecer, piernas flojas, sonrisa boba, la letra resonando en mi cabeza como un himno personal. Mi pasión, letra Ericson Alexander Molano, había cobrado vida en sus brazos. Y qué chido se sintió.

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