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Pasion Cap 13

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Pasion Cap 13

La noche en Polanco se sentía cargada de promesas, con el aroma a tierra mojada después de la lluvia filtrándose por las ventanas entreabiertas de mi departamento. Yo, Ana, me paré frente al espejo del vestidor, ajustándome el vestido negro ceñido que abrazaba mis curvas como una caricia pecaminosa. Órale, qué chula sales, me dije, pasando las manos por mis chichis firmes y bajando hasta mi culazo redondo. Hacía semanas que no veía a Luis, mi amorío secreto, ese cabrón que me volvía loca con solo una mirada. Él viajaba por negocios a Guadalajara, pero esta noche volvía, y la pasión que bullía en mis venas era como un volcán a punto de estallar.

El sonido del ascensor zumbando en el pasillo me erizó la piel. Abrí la puerta antes de que tocara, y ahí estaba él, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que prometía travesuras. Olía a colonia cara mezclada con el humo leve de su cigarro, y sus ojos cafés me devoraron de arriba abajo.

"Mi reina, neta que te extrañé, pinche mujer tan rica"
, murmuró con voz ronca, jalándome hacia él para un beso que sabía a tequila reposado y deseo puro.

Sus labios carnosos se pegaron a los míos, la lengua invadiendo mi boca con hambre, mientras sus manos grandes me apretaban la cintura, bajando hasta mis nalgas para sobarlas con fuerza. Gemí bajito, sintiendo mi panocha humedecerse al instante. Chingado, cómo me prende este pendejo, pensé, enredando mis dedos en su cabello negro ondulado. Nos besamos como si el mundo se acabara, el sabor salado de su sudor en mi lengua, el roce áspero de su barba incipiente quemándome la piel del cuello.

"Pasa, mi amor, preparé algo rico", le dije, separándome a la fuerza para no comérmelo ahí en la puerta. La sala estaba iluminada con velas que parpadeaban, lanzando sombras danzantes sobre las paredes blancas. En la mesa, tacos de arrachera jugosos, guacamole fresco y una botella de mezcal artesanal de Oaxaca. Nos sentamos cerca, nuestras rodillas rozándose bajo la mesa, y cada bocado era una excusa para mirarnos con fuego en los ojos.

"Cuéntame de tu viaje, ¿echaste de menos esto?", pregunté, metiendo el pie descalzo entre sus piernas, rozando su paquete que ya se ponía duro como piedra. Él rió, esa carcajada grave que me erizaba los vellos.

"¿Esto? Neta, Ana, soñaba con tu culito y tus tetas todas las noches, pinche adicción que tienes"
. Hablamos de tonterías, de la vida en la CDMX, de cómo el tráfico nos volvía locos, pero el aire se cargaba de tensión sexual. Su mano subió por mi muslo, dedos calientes abriéndose paso bajo el vestido, rozando el encaje de mis calzones húmedos. Ay, cabrón, no pares, supliqué en silencio, mordiéndome el labio mientras el calor entre mis piernas crecía como un incendio.

La cena se olvidó rápido. Luis me levantó en brazos como si no pesara nada, llevándome al cuarto entre risas y besos. La cama king size nos esperaba, sábanas de algodón egipcio suaves como piel de bebé. Me tiró con gentileza, quitándose la camisa para revelar ese torso chingón, pectorales marcados y un vientre plano con vello oscuro que bajaba hasta su cinturón. Qué hombre tan mamón, pensé, lamiéndome los labios al verlo desabrocharse los jeans, liberando su verga gruesa, venosa, ya tiesa y goteando precúm.

Me arranqué el vestido, quedando en bra y tanga negra, mis pezones duros como piedritas perforando la tela. Él se acercó gateando, olfateando mi piel como un lobo hambriento.

"Hueles a miel y sexo, mi vida"
, gruñó, enterrando la cara entre mis chichis, lamiendo el valle sudoroso. Sus manos me quitaron el bra de un jalón, chupando un pezón con succión fuerte, tirando con los dientes hasta que grité de placer. El sonido de su boca chupando, húmeda y obscena, llenaba la habitación, mezclado con mis jadeos y el latido acelerado de mi corazón.

Bajó más, besando mi ombligo, lamiendo la piel sensible de mi panza. Sus dedos engancharon mi tanga, deslizándola por mis muslos, exponiendo mi panocha depilada, hinchada y mojada. Por favor, chúpame, rogué internamente. No me decepcionó. Separó mis labios mayores con los pulgares, soplando aire caliente sobre mi clítoris hinchado. Luego, su lengua plana lamió desde el ano hasta el botón, saboreando mis jugos dulces y salados.

"Qué rica estás, pinche néctar"
, masculló, metiendo la lengua dentro de mí, follando mi entrada con ella mientras dos dedos gruesos se hundían profundo, curvándose para masajear mi punto G.

Me arqueé, agarrando las sábanas, el olor almizclado de mi excitación impregnando el aire. Mis caderas se movían solas, cabalgando su cara barbuda, el roce raspando deliciosamente. Ya viene, ya viene, pensé, las contracciones empezando en mi vientre. Él aceleró, chupando mi clítoris como un caramelo, y exploté en un orgasmo brutal, gritando su nombre, jugos salpicando su barbilla. Mi cuerpo temblaba, pulsos eléctricos recorriendo cada nervio, el sudor chorreando por mi espalda.

Pero no paró. Me volteó boca abajo, levantándome el culazo para lamer mi ano fruncido, un placer prohibido que me hizo gemir como puta.

"Te voy a coger hasta que no puedas caminar, muñeca"
. Se puso de rodillas atrás de mí, frotando su verga enorme por mi raja empapada, untándola de mis mieles. Entró de un empujón lento, estirándome al límite, el ardor dulce convirtiéndose en éxtasis puro. ¡Qué grande, cabrón!, chillé, empujando hacia atrás para tomarlo todo.

Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida profunda golpeando mi cervix con un plaf húmedo. El sonido de carne contra carne, sus bolas peludas chocando mis labios, era hipnótico. Sudor goteaba de su pecho a mi espalda, mezclándose con el mío. Agarró mis chichis colgantes, pellizcando pezones, mientras yo me retorcía, el placer acumulándose otra vez. Más fuerte, pendejo, rómpeme, supliqué en voz alta. Él obedeció, clavándome como animal, gruñendo obscenidades:

"Toma verga, mi puta consentida, qué apretadita estás"
.

Cambié de posición, montándolo a mí, sus manos en mis caderas guiándome. Rebotaba en su pija dura, sintiendo cada vena palpitar dentro de mí, mis jugos chorreando por sus huevos. Nuestros ojos se clavaron, el amor y la lujuria crudos. Besos salvajes, mordidas en hombros, uñas arañando espaldas. El clímax nos golpeó juntos: yo convulsionando, ordeñando su verga con espasmos, él rugiendo mientras se vaciaba dentro, chorros calientes inundándome el útero.

Colapsamos, enredados, respiraciones jadeantes calmándose. Su semen se escurría de mí, cálido y pegajoso en mis muslos. Me acurruqué en su pecho, oyendo su corazón galopante ralentizarse, oliendo nuestra mezcla de sexo y amor. Esta es mi pasion cap 13, pensé, sonriendo, imaginando cómo contarla en mi blog secreto, donde miles leían mis aventuras ardientes. Luis me besó la frente, susurrando

"Te amo, Ana, eres mi todo"
. Y en ese afterglow, con la ciudad brillando afuera, supe que esto era solo el principio de más noches locas.

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