Relatos
Inicio Erotismo El Diablo en la Pasion de Cristo Actor El Diablo en la Pasion de Cristo Actor

El Diablo en la Pasion de Cristo Actor

6183 palabras

El Diablo en la Pasion de Cristo Actor

La Semana Santa en la Ciudad de México siempre me ha puesto la piel chinita. Ese año, andaba con un calor interno que no se me quitaba, como si el aire mismo trajera promesas de pecado. Decidí ir al teatro al aire libre en el Zócalo, donde montaban La Pasión de Cristo, una obra chida con actores locales que la armaban bien cabrona. Me senté en la primera fila, el sol del atardecer calentándome las piernas, oliendo a elotes asados y incienso de las procesiones cercanas. Mi corazón latía fuerte, neta, porque había oído del wey que interpretaba a el diablo en la pasion de cristo actor, un tipo que decían era un tentador de primera, con ojos que te chingaban el alma.

Apareció él. Alto, delgado pero musculoso, con la piel pálida contrastando el maquillaje rojo y negro que lo hacía ver como un demonio salido del averno. Su voz, grave y ronca, retumbaba en el escenario: "¿Por qué resistir, carnal? El placer es tuyo por derecho..." Me quedé clavada, sintiendo un cosquilleo entre las piernas mientras lo veía deslizarse como serpiente alrededor de Jesús encadenado. Sudor perlando su pecho desnudo, el olor a tierra húmeda y humo de las antorchas invadiendo mis sentidos.

¿Qué pedo conmigo? Este pendejo me está mojando sin tocarme
, pensé, apretando los muslos bajo mi falda ligera.

La obra terminó con aplausos que tronaban como cohetes. Me levanté, mareada, queriendo irme pero mis pies me traían de vuelta al escenario. Ahí estaba él, quitándose el maquillaje, con una sonrisa lobuna que me erizó el vello. "¿Te gustó el diablo, morra?" me dijo, voz aún afelpada por el rol. Asentí como idiota, oliendo su sudor mezclado con colonia barata pero adictiva, como tequila añejo.

"Soy Raúl, el diablo oficial. ¿Quieres pasar atrás? Tengo una chela fría." No lo pensé dos veces. Entramos al camerino improvisado, un cuartito con focos calientes, posters de santos irónicos en las paredes y un colchón viejo en el piso. Me ofreció una cerveza, el vidrio helado contra mi palma sudada. Charlamos de la obra, de cómo él se metía en el personaje, susurrando tentaciones que sonaban demasiado reales. "Neta, actuar de diablo me prende. Sientes el poder, ¿sabes? Como si pudieras hacer que cualquiera caiga."

Su mirada me recorría, deteniéndose en mis chichis que se marcaban bajo la blusa delgada. El aire se cargó de electricidad, el zumbido del ventilador viejo rompiendo el silencio. Me acerqué, pretextando ver su disfraz colgado. Su mano rozó mi cintura, un toque leve como pluma pero que me prendió fuego.

Quiere cogerme, lo sé. Y yo lo quiero tanto que duele
. Lo volteé, nuestros rostros a centímetros, su aliento a menta y cerveza rozando mis labios. "¿Y si te tiento yo a ti, Raúl?" murmuré, mi voz temblorosa de deseo.

Me jaló contra él, su pecho duro presionando mis tetas, el latido de su corazón tronando contra el mío. Nos besamos como hambrientos, lenguas enredándose con sabor a sal y pasión prohibida. Sus manos bajaron a mi culo, amasándolo con fuerza, mientras yo le clavaba las uñas en la espalda. "Estás cañona, wey... tan suave, tan rica", gruñó contra mi cuello, mordisqueando la piel hasta que gemí. El olor de su excitación, almizclado y macho, me mareaba. Le quité la camisa, lamiendo el sudor de su abdomen marcado, bajando hasta el bulto en sus jeans que pedía libertad.

Caímos al colchón, el crujido de las sábanas sucias ajenas a nosotros. Me desvistió lento, besando cada centímetro expuesto: pezones endurecidos que chupó hasta ponerme arqueada, el ombligo donde metió la lengua juguetona, y luego mi panocha ya empapada. "Mira cómo te chorreaste por el diablo", dijo riendo bajito, mientras sus dedos abrían mis labios, rozando el clítoris hinchado. Gemí fuerte, el placer como rayos subiendo por mi espina. Él se hincó, su verga gruesa saltando libre, venosa y palpitante, oliendo a deseo puro. La tomé en mi boca, saboreando la piel salada, chupándola hondo hasta que jadeó "¡Chin... qué chido, morra!"

La tensión crecía, mis caderas moviéndose solas, rogando. Me volteó boca abajo, su cuerpo cubriéndome como sombra demoníaca. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente, el calor de su verga llenándome hasta el fondo. "¡Sí, así, cabrón!" grité, mientras embestía rítmico, piel contra piel chocando con palmadas húmedas. Sudábamos juntos, el cuarto oliendo a sexo crudo, nuestros gemidos mezclándose con el bullicio lejano de la plaza. Sus manos en mis caderas, jalándome contra él, profundo, tocando ese punto que me hacía ver estrellas.

No es solo follar, es rendirse... al diablo en persona
.

Cambié de posición, montándolo como reina, mis tetas rebotando con cada bajada. Él las atrapó, pellizcando pezones, mirándome con ojos negros de lujuria. "Córrete para mí, mi tentación", suplicó, y obedecí. El orgasmo me rompió en olas, contrayéndome alrededor de su verga, gritando su nombre mientras temblaba. Él no tardó, hinchándose dentro, chorros calientes inundándome, su rugido gutural vibrando en mi piel.

Quedamos jadeando, enredados, el sudor enfriándose en la brisa nocturna que entraba por la ventana. Me acarició el cabello, besándome la frente. "Eres más diabla que yo, neta." Reí bajito, sintiendo el semen escurrir entre mis muslos, un recordatorio pegajoso y satisfactorio. Afuera, las campanas de la catedral tañían, marcando el fin de la pasión santa. Pero en mí, ardía aún, un fuego que él había encendido y que no se apagaría fácil.

Salimos tomados de la mano, el Zócalo iluminado por luces de feria, olor a algodón de azúcar y tacos al pastor flotando. No prometimos nada, pero su mirada prometía más tentaciones. Caminé a casa con las piernas flojas, el cuerpo zumbando de placer residual, sabiendo que el diablo en la pasion de cristo actor había cambiado mi Semana Santa para siempre. Qué chingonería de noche, pensé, sonriendo en la penumbra.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.