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El Diario de una Pasión Película Completa en Español Online

6337 palabras

El Diario de una Pasión Película Completa en Español Online

Querido diario, hoy fue uno de esos días en que la rutina me ahoga como un chorro de agua fría en la cara. Vivo en este depa chiquito en la Roma, CDMX, con el ruido de los coches zumbando allá abajo y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Me llamo Ana, tengo 28 pirulos, trabajo en una oficina de marketing donde todos son unos pendejos estirados, y mi vida sexual... ay wey, ni te cuento. Hace meses que no siento un roce que me erice la piel. Así que anoche, bien solita con mi laptop, busqué el diario de una pasion pelicula completa en español online. ¡Órale! La encontré rapidito en un sitio pirata, con esa vibra romántica que me pone los pelos de punta.

Me recosté en la cama, el cuarto iluminado solo por la pantalla, el aire cargado con mi perfume de vainilla que se mezcla con el calor de mi cuerpo. La peli empieza con esa pareja en un lago, besándose como si el mundo se acabara, y neta, sentí un cosquilleo entre las piernas. El tipo la toca suave, ella gime bajito, y yo... yo me imaginé ahí, con su aliento caliente en mi cuello. Me quité la playera, solo en brasier, y dejé que mis manos bajaran solas, rozando mi piel sudada. El sonido de sus jadeos en la bocina me mojó toda, el sabor salado de mis labios cuando me mordí. Pero no fue suficiente, diario. Necesitaba algo real, carnoso, que me haga gritar.

Nota para mí misma: Mañana salgo. No más soledad. Quiero pasión de la buena, como en esa película.

Al día siguiente, después del curro, me puse mi vestido negro ajustado que marca mis curvas, el que huele a jazmín fresco. Fui a un bar en la Condesa, luces tenues, reggaetón suave retumbando en el pecho, olor a tequila y cigarros. Ahí lo vi: Diego, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que dice "sé lo que quieres, mamacita". Se acercó con dos chelas frías, el vidrio empañado goteando como mi deseo. "Qué onda, güerita, ¿vienes a ver películas o a vivirlas?", me dijo, su voz grave vibrando en mi oído. Le conté de la peli que vi anoche, cómo me prendió el fuego. Él se rio, "¿El diario de una pasión? Neta, esa es pa' mojarse". Sus ojos bajaron a mis tetas, y yo dejé que vieran, sintiendo el pulso acelerado en mi clítoris.

Charlamos horas, sus manos rozando mi brazo casualmente, enviando chispas por mi espina. Olía a colonia masculina mezclada con sudor fresco, delicioso. Me contó que es fotógrafo, viaja por la playa en Puerto Vallarta, captura cuerpos desnudos bajo el sol. "Quiero capturarte a ti", murmuró, su aliento con sabor a limón y sal rozando mi oreja. Mi coño palpitaba, húmedo, pidiendo más. Lo invité a mi depa, "Ven, terminemos la noche como en la película". En el taxi, su mano en mi muslo subía lento, dedos ásperos explorando la piel suave bajo el vestido. Yo gemía bajito, el chofer ni en cuenta, el tráfico de Insurgentes como banda sonora.

Llegamos, la puerta se cerró con un clic que sonó a promesa. Lo empujé contra la pared, besándolo feroz, lenguas enredadas con gusto a cerveza y deseo puro. Sus manos grandes amasaron mis nalgas, apretando fuerte, mientras yo le bajaba el zipper, sintiendo su verga dura saltar libre, gruesa, venosa, latiendo en mi palma. "Estás chingona, Ana", gruñó, mordiendo mi cuello, dejando marcas rojas que ardían rico. Lo llevé a la cama, tiré la laptop a un lado –aún con la pestaña de el diario de una pasion pelicula completa en español online abierta–, y me quité todo, desnuda ante él, pechos firmes con pezones duros como piedras.

Él se arrodilló, besando mi ombligo, bajando lento, su barba raspando mi piel sensible. El olor de mi excitación lo invadió, musgoso, dulce. "Qué rica hueles, putita", dijo juguetón, y yo reí, "Chúpame, wey, hazme volar". Su lengua entró en mi concha empapada, lamiendo despacio, chupando mi clítoris hinchado. Sentí cada lamida como electricidad, mis jugos corriendo por su barbilla, mis caderas moviéndose solas, gimiendo "¡Sí, cabrón, así!". El sonido húmedo de su boca, mis jadeos altos, el colchón crujiendo. Me corrí primero, temblando, piernas flojas, un chorro caliente salpicando su cara. Él lamió todo, sonriendo como lobo.

Diario, esto es pasión de verdad. No como en la peli, esto es mío, crudo, mexicano.

Pero no paró. Me volteó boca abajo, besando mi espalda, lamiendo el sudor salado que corría por mi espinazo. Su verga rozó mi entrada, gruesa, caliente, pidiendo permiso. "Métemela, Diego, fóllame duro", supliqué, arqueando la cintura. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso, llenándome hasta el fondo. El dolor placer mezclado, su pubis chocando mis nalgas con palmadas sonoras. Empujaba rítmico, profundo, yo clavando uñas en las sábanas, oliendo nuestro sexo mezclado con el aire caliente del cuarto. "Estás apretada, reina", jadeaba él, acelerando, bolas golpeando mi clítoris. Cambiamos posiciones, yo encima, cabalgándolo salvaje, tetas rebotando, su mirada clavada en mí, manos en mis caderas guiándome.

Sentía cada vena de su pija frotando mis paredes, mi jugo chorreando por sus huevos. El clímax subía otra vez, tensión en el vientre, pulsos rápidos en oídos. "Me vengo, Ana, ¿dónde?", gritó. "Adentro, lléname", respondí, y explotamos juntos. Su leche caliente inundándome, mi coño contrayéndose ordeñándolo, gritos ahogados en besos. Colapsamos, pieles pegajosas de sudor, respiraciones entrecortadas, el cuarto oliendo a semen y hembra satisfecha.

Después, tendidos, fumando un cigarro –sí, de los prohibidos pero chidos–, hablamos. "Esto fue mejor que cualquier película", dijo él, acariciando mi pelo revuelto. Yo asentí, sintiendo su semen goteando lento entre mis piernas, marca de posesión mutua. Me contó de sus viajes, yo de mis sueños locos. No fue solo sexo, diario; hubo conexión, risas, esa chispa que prende el alma.

¿Volverá? No sé. Pero esta noche grabé en mi piel el diario de una pasión real. Mañana borro la peli, ya no la necesito.

Ahora duermo con su aroma en las sábanas, el cuerpo adolorido pero vivo, latiendo. Gracias por escucharme, diario. Mañana más aventuras. ¡Viva México, cabrones!

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