Metallica Orgullo Pasión y Gloria DVD Caliente
Estás en tu depa chido en la Condesa, las luces bajas y el aire cargado de ese olor a ciudad nocturna que se cuela por la ventana entreabierta. Karla, tu morra desde hace un año, se recarga en tu pecho mientras tú metes el DVD de Metallica Orgullo Pasión y Gloria en el player. "Órale, wey, esta fue la tocada en el Palacio de los Deportes, neta que fue épica", le dices, y ella asiente con una sonrisa pícara, sus ojos brillando como luces de escenario.
El menú aparece en la tele grande, con James Hetfield gritando en la portada, y eliges el concierto completo. Suena el primer riff de Creeping Death, pesado como un martillo, y el bajo retumba en el cuarto, vibrando en tu pecho y bajando hasta tus huevos. Karla se mueve contra ti, su culito prieto rozando tu entrepierna. "Me encanta cómo suena esto, carnal, me pone la piel chinita", murmura ella, girándose para besarte el cuello. Su aliento huele a tequila reposado y chicle de tamarindo, dulce y ardiente.
Tú la abrazas por la cintura, sintiendo el calor de su cuerpo a través de la blusa ligera. La multitud en el DVD ruge, miles de cuernos del diablo alzados, y Karla empieza a menearse al ritmo, como si estuviera en el mosh pit. Sus caderas giran lento, provocadoras, y tú sientes cómo tu verga se despierta, endureciéndose contra los jeans.
¿Qué chingados, esta noche va a estar cabrona, piensas, mientras tus manos suben por su espalda, desabrochando el bra de un jalón.
El concierto avanza, Disposable Heroes explota y Karla se quita la blusa, quedando en brasier negro de encaje. Su piel morena brilla bajo la luz azulada de la tele, pezones duros asomando. "Ven, pendejo, baila conmigo", te dice riendo, jalándote del brazo. Te paras, la música te envuelve, el sudor empieza a perlar tu frente. La agarras por las nalgas, apretando esa carne firme, y ella gime bajito, lamiéndote la oreja. Huele a su perfume de vainilla mezclado con el aroma de su excitación, ese olor almizclado que te vuelve loco.
Acto de escalada: La rola cambia a Master of Puppets, el solo de guitarra te eriza los vellos, y Karla te empuja al sofá. Se sube a horcajadas, frotando su panocha contra tu bulto. "Sientes eso, amor? Ya estoy mojadísima por ti", susurra, mordiéndote el labio inferior. Tú le arrancas el brasier, chupando un pezón rosado, saboreando su sal, mientras tus dedos bajan a su short, colándose por dentro. Está empapada, los labios hinchados y calientes, y ella arquea la espalda con un "¡Ay, wey, sí!".
El DVD sigue sonando, la voz de Hetfield retumbando obedece o muere, y tú la volteas boca abajo en el sofá, quitándole el short de un tirón. Su culo perfecto se alza, invitándote, y tú te arrodillas, oliendo su esencia femenina, ese néctar dulce y salado. Le das una nalgada juguetona, "¡Qué rica estás, pinche diosa!", y ella ríe, "¡Chíngame ya, no mames!". Tu lengua recorre su raja, saboreando cada gota, lamiendo el clítoris hinchado hasta que tiembla, sus muslos apretándote la cabeza.
Pero no la dejas acabar todavía. Te paras, te quitas la playera, mostrando tu torso marcado por el gym, y ella se voltea, desabrochándote los jeans con dientes. Tu verga salta libre, venosa y gruesa, goteando pre-semen. "Mmm, qué chulada", dice, engulléndola de un trago, su boca caliente y húmeda succionando como vacío. Sientes la lengua girando en la cabeza, el sonido chupón mezclándose con los solos de guitarra. Tus manos enredadas en su pelo negro largo, empujando suave, consensual y cabrón.
La tensión sube con One, la batería aporreando como tu pulso acelerado. La jalas arriba, la besas con lengua, probando tu sabor en ella. "Te quiero adentro, Karla, neta". Ella asiente, ojos en llamas, "Sí, métemela toda, amor". La recuestas en la alfombra gruesa, piernas abiertas, y te hundes lento, centímetro a centímetro, sintiendo sus paredes apretarte como guante caliente. Gime fuerte, uñas en tu espalda, "¡Más profundo, pendejo, rómpeme!". Empiezas a bombear, piel contra piel chapoteando, sudor resbalando, olores mezclados de sexo y rock.
El ritmo del concierto dicta el tuyo: rápido en los riffs, lento en las baladas. Cambian a Nothing Else Matters, y tú vas despacio, mirándola a los ojos, sus pechos rebotando suaves. "Te amo, wey, eres mi todo", le dices, y ella llora de placer, "Yo más, chingón". Aceleras, sus gemidos suben, el cuarto vibra con bajos y jadeos. Sientes su coño contrayéndose, ordeñándote, y ella explota primero, gritando "¡Me vengo, ay Dios!", cuerpo convulsionando, jugos calientes empapándote.
Tú aguantas, volteándola a perrito, viendo su culo trémulo. Le das con todo, bolas golpeando, mano en su clítoris frotando. El DVD llega a Seek and Destroy, multitud en éxtasis, y tú sientes el clímax subir, huevos apretados. "Me voy a venir, amor", gruñes, y ella empuja hacia atrás, "¡Dámelo adentro, lléname!". Explotas, chorros calientes llenándola, visión borrosa, rugido gutural como Hetfield.
Caen exhaustos, el concierto sigue de fondo, ahora en Enter Sandman. Karla se acurruca en tu pecho, piel pegajosa de sudor, respiraciones agitadas calmándose. Hueles su cabello, besas su frente. "Pinche DVD de Metallica Orgullo Pasión y Gloria, nos prendió cañón", dice ella riendo bajito. Tú acaricias su espalda, sintiendo el afterglow, músculos laxos, corazón latiendo en paz.
Apagas la tele cuando acaba, pero la gloria queda en el aire, orgullo en sus miradas, pasión sellada en sus cuerpos entrelazados. Se duermen así, en la alfombra, con el eco de guitarras en la mente y el sabor de gloria en la piel. Mañana será otro día, pero esta noche fue leyenda.