La Pasion Segun GH Clarice Lispector PDF Sensual
Estaba sola en mi depa de la Condesa, con el calor de la tarde pegándome en la piel como una caricia pesada. El ventilador zumbaba pendejo, moviendo el aire caliente que olía a café de olla y a las flores del mercado de Medellín. Saqué mi cel para distraerme y busqué clarice lispector la pasion segun gh pdf, neta que me picó la curiosidad después de leer un tuit sobre esa escritora brasileña tan intensa. Bajé el archivo rapidito, lo abrí y empecé a leer. Las palabras de Clarice me jalaron como un imán, hablando de pasiones profundas, de tocar lo prohibido, de esa pasión según GH que se sentía en mis entrañas como un fuego lento.
Me recargué en el sillón de piel suave, con las piernas abiertas dejando que el aire rozara mis muslos. El texto me erizaba la piel, describía un encuentro visceral que me hacía imaginar manos fuertes explorando mi cuerpo. Sentí un cosquilleo entre las piernas, mi panocha empezando a humedecerse mientras leía sobre esa mujer enfrentando su deseo más crudo.
¿Y si yo también me entrego así, sin frenos, a esa pasión que quema?pensé, mordiéndome el labio. El olor a mi propia excitación empezó a mezclarse con el aroma del incienso de lavanda que tenía encendido. Mi respiración se aceleró, pezones endureciéndose bajo la blusa ligera de algodón.
Justo entonces sonó el timbre. Era Alex, mi carnal del alma, el wey que me volvía loca con solo una mirada. Lo invité a pasar con una sonrisa pícara, el PDF todavía abierto en la pantalla del cel sobre la mesa. Órale, qué chido que llegaste, le dije, abrazándolo fuerte. Su cuerpo duro contra el mío, oliendo a jabón fresco y a esa colonia que me hace agua la boca. ¿Qué traes ahí? preguntó él, señalando el cel mientras se sentaba a mi lado, su muslo rozando el mío.
Le conté de Clarice Lispector La Pasion Segun GH pdf, cómo esas páginas me habían prendido como yesca. Alex se rio bajito, ese sonido ronco que me recorre la espina. Suena a que necesitas que te ayude con esa pasión, mi reina, murmuró, su mano subiendo por mi pierna despacito, dedos calientes trazando círculos en mi piel. El corazón me latía a todo lo que daba, el pulso retumbando en mis oídos como tambores. Lo miré a los ojos, oscuros y hambrientos, y asentí, sintiendo el calor subir por mi cuello.
Empezamos lento, como siempre, construyendo el fuego. Me quitó la blusa con delicadeza, besando mi cuello mientras sus labios sabían a menta y deseo. Estás rica, wey, gemí cuando su boca bajó a mis tetas, lengua lamiendo los pezones duros como piedras. El roce de su barba incipiente me erizaba, un cosquilleo eléctrico que bajaba directo a mi entrepierna. Yo le desabroché la camisa, manos temblando de anticipación, palpando sus pectorales firmes, oliendo su sudor limpio que me volvía loca.
Nos paramos y fuimos al cuarto, el piso de madera crujiendo bajo nuestros pies descalzos. La luz del atardecer pintaba todo de naranja, sombras danzando en las paredes blancas. Lo empujé a la cama king size, montándome encima con una risa juguetona. Esta vez mando yo, pendejo, le dije, sintiéndome poderosa, empoderada por las palabras de Clarice que aún resonaban en mi cabeza. Mi mano bajó a su pantalón, sintiendo su verga dura como fierro presionando contra la tela. La saqué, gruesa y venosa, el prepucio suave al tacto. La apreté, oyendo su gemido gutural que me mojaba más.
Me quité el shortcito, quedando en tanguita empapada. Alex la corrió a un lado, dedos hundiéndose en mi concha resbalosa. Estás chorreando, mi amor, susurró, mientras metía un dedo, luego dos, curvándolos para tocar ese punto que me hace ver estrellas. El sonido húmedo de mis jugos era obsceno, delicioso, mezclado con mis jadeos. Olía a sexo puro, a panocha abierta y lista. Me moví contra su mano, caderas ondulando, pechos rebotando mientras lo besaba con lengua, saboreando su saliva dulce.
Neta que esta pasión es como la de GH, total, sin vuelta atrás, pensé, el clímax acercándose pero queriendo más, queriendo que durara. Él se incorporó, volteándome para ponerme a cuatro patas, su verga rozando mi clítoris hinchado. ¿Quieres que te coja así, dura? preguntó, voz ronca. Sí, cabrón, dame todo, rogué, arqueando la espalda. Entró despacio al principio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. El ardor inicial se volvió placer puro cuando empezó a bombear, piel contra piel chocando con palmadas rítmicas.
El sudor nos cubría, goteando por su pecho al mío cuando me volteó de nuevo para mirarnos. Sus embestidas profundas tocaban mi alma, cada roce enviando ondas de éxtasis. Agarré las sábanas de algodón egipcio, uñas clavándose, mientras él me chupaba el cuello, mordisqueando suave. Me vengo, Alex, no pares, grité, el orgasmo explotando como fuegos artificiales. Mi panocha se contrajo alrededor de su verga, ordeñándola, jugos chorreando por mis muslos. Él gruñó, acelerando, y se vino dentro con un rugido, calor inundándome, semen espeso mezclándose con mis fluidos.
Nos quedamos así, jadeando, cuerpos enredados en un charco de sudor y placer. Su peso sobre mí era reconfortante, corazón latiendo contra el mío al mismo ritmo. Besos suaves ahora, lenguas perezosas explorando bocas. Gracias por esa pasión, mi rey, murmuré, acariciando su espalda ancha. Él sonrió, besando mi frente. Inspirado en tu PDF de Clarice Lispector, ¿eh? bromeó, y nos reímos bajito.
Después, nos duchamos juntos, agua caliente cayendo como lluvia tropical, jabón de coco espumando entre nosotros. Manos lavando cada rincón con ternura, risas por las cosquillas. Salimos envueltos en toallas, pedimos unos tacos de suadero por app, comiendo en la cama con las piernas cruzadas. Hablamos de todo: de sueños, de la ciudad que no duerme, de cómo esa lectura había desatado algo salvaje en mí.
La noche cayó suave, luces de la colonia parpadeando afuera. Me acurruqué en su pecho, oyendo su respiración calmada, oliendo su piel limpia. Esa La Pasion Segun GH Clarice Lispector pdf había sido el detonador perfecto para nuestra propia versión de pasión, consensual, ardiente, nuestra. Cerré los ojos, satisfecha, sabiendo que al día siguiente buscaría más de esa escritora que despertaba demonios deliciosos en mi interior. El deseo no se apaga, solo se transforma, listo para la próxima entrega.