Ver Canal Pasiones en Vivo Desatando Mi Deseo Prohibido
La noche en mi depa de la Condesa estaba cargada de ese calor pegajoso que solo México sabe dar en verano. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, me tiré en el sillón con una chela fría en la mano, sintiendo cómo el sudor me corría por el escote del top ajustado. El aire estaba quieto, olía a jazmín del jardín de abajo y a mi propia piel que pedía a gritos un poco de acción. Neta, llevaba semanas sin un buen revolcón, y el estrés del jale en la agencia me tenía hasta la madre.
Prendí la tele con el control remoto, zapeando canales sin chiste hasta que di con él: Ver Canal Pasiones en Vivo. El logo brillaba en rojo pasión, con una tipa en lencería roja gimiendo bajito mientras un vato la besaba el cuello.
¿Qué pedo? ¿Esto es en vivo?me dije, y el corazón me dio un brinco. Subí el volumen, y los gemidos se llenaron la sala, como si estuvieran aquí mismo. Ella se arqueaba, la piel bronceada reluciendo bajo las luces del estudio, y él le metía mano con calma, rozándole los pezones duros como piedras.
Me recargué, cruzando las piernas para apretar el calor que ya se me acumulaba entre las ingles. El olor de mi propia excitación empezó a subir, mezclado con el de la chela derramada un poco en el sillón. En la pantalla, la morra se soltaba el sostén, y los senos saltaban libres, pesados y perfectos. Chin, qué ricas, pensé, imaginando su peso en mis manos. El vato se las mamaba con hambre, chupando fuerte, y ella jadeaba "¡Sí, papi, así!". Mi mano bajó sola por mi panza, metiéndose bajo la falda corta, rozando la tanga ya empapada.
El programa seguía: ahora él le bajaba el calzón despacio, lamiéndole el ombligo mientras la cámara hacía zoom en su concha rosada y brillante. Yo me toqué por encima de la tela, sintiendo el pulso acelerado en mi clítoris.
Esto está muy cabrón, Ana. ¿Y si alguien entra?Pero la puerta estaba cerrada con llave, y la idea de ser descubierta solo me ponía más caliente. Los gemidos subían de volumen, ella gritaba "¡Métemela ya, cabrón!" y él se sacaba la verga gruesa, venosa, lista para entrar.
Ahí nomás, mi cel sonó. Era Marco, mi carnal con derechos, el que siempre me saca del apuro cuando el cuerpo pide guerra. "¿Qué onda, reina? ¿Sola y aburrida?" dijo con esa voz ronca que me eriza la piel. Le conté del canal, medio jadeante. "Ven pa'cá, neta que te necesito viendo esto conmigo", le rogué. Colgué y subí el volumen más, mientras en pantalla la cogían duro, el plaf plaf de carne contra carne retumbando en mis oídos.
Veinte minutos después, Marco tocaba la puerta. Lo dejé pasar en chanclas y bóxer, con el pecho peludo brillando de sudor. Olía a colonia barata y a hombre, ese aroma que me hace babear. "¿Dónde está la acción?" preguntó, sentándose a mi lado y jalándome a su regazo. Le señalé la tele: ahora era otro par, una chava tetona cabalgando a un moreno musculoso, los senos rebotando como locos.
Nos besamos de volada, su lengua invadiendo mi boca con gusto a tabaco y chela. Sus manos grandes me amasaron las nalgas, apretando fuerte. "Mira cómo la coge el wey, igualito te voy a dar yo", murmuró en mi oído, mordiéndome el lóbulo. Yo gemí bajito, frotándome contra su verga que ya se ponía dura como fierro bajo el bóxer. En la pantalla, la tipa gritaba "¡Más fuerte, papi!", y Marco me quitó el top de un jalón, mamándome los pezones con saña, succionando hasta que dolió rico.
Me paré un segundo para bajarme la falda y la tanga, quedando en pelotas frente a él. Mi concha chorreaba, el aire fresco de la sala me erizó la piel. Marco se sacó la verga, gruesa y palpitante, con una gota de pre-semen en la punta. La olí, ese olor almizclado que me vuelve loca.
Quiero chuparla hasta que ruegue. Me arrodillé entre sus piernas, lamiéndole el glande despacio, saboreando la sal. Él gruñó, enredando los dedos en mi pelo. "Qué rica boca tienes, Ana".
Lo mamé hondo, hasta la garganta, sintiendo cómo se le hinchaba más. La tele seguía con Ver Canal Pasiones en Vivo, ahora un trío: dos morras lamiéndose mutuamente mientras un vato las cogía por turnos. Los gemidos eran un coro, mezclándose con los chupetazos míos. Marco me levantó, tirándome en el sillón. "Ábrete pa'mí, reina". Eché las piernas en alto, exponiendo mi panocha hinchada, rosada y lista.
Me rozó con la verga primero, arriba y abajo, untándome los jugos. El roce era eléctrico, mi clítoris latiendo como loco. "Métemela ya, no seas mamón", le supliqué. Entró de un empujón suave, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, cabrón! Grité, el estirón delicioso, sus bolas pegándome en el culo. Empezó a bombear lento, profundo, cada embestida mandándome ondas de placer por la espalda.
Nos volteamos, yo encima ahora, cabalgándolo como la del canal. Sus manos en mis caderas, guiándome, el sudor nos unía como pegamento. Olía a sexo puro: sudor, concha mojada, verga. Los pezones me rozaban su pecho, duros y sensibles. "¡Qué chingona te ves cogiendo!" jadeó él, pellizcándome el clítoris. Yo aceleré, rebotando fuerte, sintiendo su verga golpear mi punto G una y otra vez.
En la tele, el clímax del trío explotaba: gritos, semen chorreado en senos y caras. Eso nos prendió la mecha. Marco se sentó, abrazándome, cogiéndome de lado mientras me lamía el cuello. "Me vengo, Ana, me vengo adentro". "¡Sí, lléname, papi!" grité, y el orgasmo me partió en dos. Olas y olas, mi concha contrayéndose alrededor de su verga, ordeñándolo. Él rugió, caliente y espeso, llenándome hasta rebalsar.
Caímos jadeantes, su verga aún dentro, palpitando suave. La tele seguía con comerciales, pero ya no importaba. Me besó la frente, suave. "Eso estuvo de poca madre, gracias por llamarme". Yo sonreí, sintiendo el semen escurrir por mis muslos, cálido y pegajoso.
Ver Canal Pasiones en Vivo había sido el detonador perfecto para nuestra noche.
Nos levantamos despacio, el cuerpo pesado de placer. Me metí a bañar primero, el agua caliente lavando el sudor y los jugos, pero dejando el aroma fantasma en mi piel. Marco se unió, enjabonándome las tetas con manos tiernas. "Otra ronda en la cama?" propuso, y yo reí, jalándolo bajo la regadera.
En la cama, ya sin tele ni canal, nos dimos amor lento. Él me comió la concha con devoción, lamiendo hasta que volví a correrme, temblando. Yo le hice una mamada eterna, tragándome todo. Terminamos enredados, su cabeza en mi pecho, respirando mi olor.
Al amanecer, con el sol colándose por las cortinas, pensé en lo chido que era tener a alguien como Marco. No era amor de telenovela, pero era real, caliente, mexicano hasta los huesos. Ver Canal Pasiones en Vivo se había quedado en mi mente como un secreto compartido, prometiendo más noches así. Me estiré, sintiendo el cuerpo satisfecho, listo para el día. Neta, la vida podía ser un desmadre, pero momentos como este la valían todas.