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Pasion de Gavilanes Episodios Completos de Fuego Prohibido

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Pasion de Gavilanes Episodios Completos de Fuego Prohibido

Ana se recostó en el sofá mullido de su departamento en Polanco con el control remoto en la mano el aire acondicionado zumbando bajito y un vaso de agua de horchata helada sudando gotitas en la mesita. Era viernes por la noche y nada mejor que un maratón de Pasion de Gavilanes episodios completos para desconectarse del pinche estrés del trabajo. La pantalla del smart TV iluminaba la sala con escenas ardientes de los hermanos Reyes seduciendo a las hermanas Elizondo el acento colombiano cargado de promesas y venganza que la ponía de nervios.

Órale qué chingones son estos vatos pensó Ana mientras sorbía su horchata el dulzor fresco bajando por su garganta y erizándole la piel. Llevaba un shortcito de algodón blanco que se le subía un poquito al sentarse y una blusita holgada sin bra que dejaba imaginar el contorno de sus pechos firmes. El calor de la historia la hacía removerse inquieta sintiendo un cosquilleo traicionero entre las piernas. En la tele Óscar besaba a Sofía con hambre salvaje las lenguas enredándose el jadeo de ella como música prohibida.

De repente un golpe en la puerta la sacó del trance. ¿Quién madres a estas horas? Se levantó estirándose los pezones endureciéndose contra la tela fina por el aire fresco. Abrió y ahí estaba Marco su vecino el moreno de ojos cafés intensos con playera ajustada que marcaba sus pectorales y jeans desgastados que abrazaban sus muslos fuertes. Llevaba una six de coronas en la mano sonriendo con esa dentadura perfecta.

Wey qué buena onda que viniste —dijo Ana abriendo más la puerta el olor a su colonia varonil invadiéndola de golpe jabón y algo salvaje como tierra mojada después de la lluvia— estoy en pleno Pasion de Gavilanes episodios completos neta que te van a poner caliente.

Marco entró riendo bajito dejando las chelas en la cocina y abrazándola por la cintura su mano grande rozando la curva de su cadera. —¿Ah sí morra? Pues si es pasión de gavilanes yo soy el rey de las alturas —murmuró cerca de su oreja el aliento cálido haciéndole erizar el vello de la nuca.

Se sentaron juntos en el sofá las piernas de él rozando las de ella el roce eléctrico como chispas. Ana pausó el episodio y abrió dos coronas el psssht del gas escapando y la espuma cremosa derramándose un poquito en sus dedos. Bebieron chocando botellas el sabor amargo y fresco mezclándose con la tensión que ya flotaba en el aire. Reanudaron el maratón los gemidos de la tele llenando la sala los cuerpos en pantalla retorciéndose en besos furiosos.

Marco se acercó más su muslo presionando el de Ana el calor de su piel traspasando la tela delgada. Ella sintió su pulso acelerarse el corazón latiéndole en el pecho como tambor de banda sinaloense. Este wey me trae loca pensó mordiéndose el labio mientras en la pantalla Franco devoraba la boca de Sara las manos explorando curvas con urgencia.

Mira cómo la besa el cabrón —susurró Marco su voz ronca la mano subiendo despacito por el muslo de Ana los dedos ásperos de tanto trabajar en construcción rozando la piel suave— así de ganas de comerte entera.

Ana giró la cara sus labios a centímetros los ojos de él oscuros como pozos de deseo. El olor a cerveza y sudor limpio la mareaba el estómago revolviéndose de anticipación. Se besaron lento al principio lenguas tanteando sabores compartidos la de él invadiendo con sabor a corona y menta fresca. Ella gimió bajito metiendo las manos por debajo de su playera sintiendo los abdominales duros como piedra tallada el vello ralo cosquilleándole las palmas.

La serie seguía de fondo los diálogos apasionados como banda sonora perfecta pero ya nadie prestaba atención real. Marco la recostó contra los cojines su cuerpo pesado cubriéndola el peso delicioso oprimiendo sus pechos suaves. Le quitó la blusa de un tirón los pezones rosados expuestos al aire fresco endureciéndose más. —Estás bien rica Ana chingada madre qué tetas tan perfectas —gruñó bajando la boca a uno lamiendo el pezón con la lengua plana el calor húmedo enviando descargas directas a su entrepierna.

Ella arqueó la espalda gimiendo fuerte las uñas clavándose en su espalda musculosa a través de la tela. Sí así carnal no pares su mente gritaba mientras él chupaba succionaba mordisqueaba suave el dolor placentero mezclándose con el placer puro. Sus manos bajaron al short desabrochándolo tirándolo con las panties de encaje negro revelando el monte de Venus depilado reluciente de humedad. El olor almizclado de su arousal flotó en el aire dulce salado tentador.

Marco se arrodilló entre sus piernas abiertas las manos grandes separando los muslos su aliento caliente rozando el clítoris hinchado. —Te voy a comer hasta que grites mi nombre morra —prometió antes de hundir la lengua lamiendo desde la entrada hasta el botón sensible círculos lentos tortuosos. Ana jadeó fuerte las caderas elevándose empujando contra su boca el sabor salado de ella inundando su paladar. Él metió dos dedos gruesos curvándolos tocando ese punto interno que la hacía ver estrellas el chap chap húmedo resonando con los gemidos de la tele.

El placer subía en oleadas internas luchas disipándose en puro fuego. Ana lo jaló del pelo obligándolo a subir besándolo con hambre probando su propio sabor en su lengua pegajosa. —Ya métemela wey no aguanto —exigió desabrochando sus jeans liberando la verga dura venosa palpitante goteando precum cristalino. La tomó en la mano masturbándolo lento el calor aterciopelado latiendo en su puño el olor masculino embriagador.

Marco se posicionó la punta roma presionando su entrada resbaladiza empujando despacio centímetro a centímetro estirándola llenándola por completo. Ambos gimieron al unísono el slap de piel contra piel iniciando el ritmo. Él embestía profundo lento al principio saboreando cada roce las paredes internas apretándolo como guante caliente húmedo. Ana clavaba las uñas en sus nalgas musculosas urgiéndolo más rápido el sudor perlando sus cuerpos brillando bajo la luz parpadeante de la TV.

Los sonidos se mezclaban jadeos resoplos el paf paf paf frenético de sus caderas chocando los diálogos de Pasion de Gavilanes ahora un eco lejano. Ella sentía el orgasmo construyéndose tenso como resorte a punto de saltar sus músculos internos convulsionando alrededor de él. —Me vengo Marco chingado —gritó arqueándose el placer explotando en ondas cegadoras estrellas detrás de los párpados el líquido caliente salpicando entre ellos.

Él gruñó animalesco embistiendo salvaje unas veces más antes de derramarse dentro profundo chorros calientes pintando sus paredes el cuerpo temblando sobre el de ella. Se quedaron así unidos jadeando el corazón de ambos latiendo al unísono el olor a sexo denso envolviéndolos sudor semen y esencia pura.

Despacio Marco se salió un hilo blanco conectándolos aún un segundo antes de romperse. La abrazó fuerte besándole la frente húmeda. Ana suspiró acomodándose en su pecho el vello húmedo cosquilleándole la mejilla. La tele seguía con otro episodio los aplausos del clímax en pantalla como eco del suyo propio.

Neta que Pasion de Gavilanes episodios completos son lo máximo para calentarnos —murmuró ella riendo bajito trazando círculos en su piel salada.

Sí pero ninguno como nuestra propia pasión de gavilanes —respondió él besándola suave el afterglow envolviéndolos en paz tibia. Se quedaron así viendo el siguiente episodio cuerpos entrelazados almas saciadas el mundo afuera olvidado en esa burbuja de placer compartido.

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