Pasión de Gavilanes Capítulo 158 Fuego en las Venas
Ana se recostó en el sofá de su departamento en Polanco el calor de la noche mexicana se colaba por la ventana entreabierta trayendo el aroma de jazmines del jardín vecino. Tenía el control remoto en la mano y el corazón latiéndole un poco más rápido de lo normal. Era viernes y Ricardo su carnal de tantos años andaba en una junta de trabajo tardía. Qué chido pensó por fin un rato para mí. Encendió la tele y navegó hasta el reproductor donde guardaba sus telenovelas favoritas. Hoy le tocaba a Pasión de Gavilanes capítulo 158 esa escena que todas sus amigas juraban que era la más ardiente de la temporada.
La pantalla cobró vida con los acordes dramáticos de la apertura y pronto apareció el rancho bajo el sol abrasador de los Llanos. Los hermanos Reyes miraban con ojos de fuego a las hermanas Elizondo. Ana sintió un cosquilleo en el estómago cuando la cámara enfocó el beso entre Franco y su amada.
Carajo cómo me prende estose dijo mordiéndose el labio inferior. El sudor perlaba la frente de los actores el polvo del camino se pegaba a sus camisas entreabiertas revelando pechos firmes y músculos tensos. El sonido de sus respiraciones jadeantes llenaba la sala y Ana cruzó las piernas apretando los muslos. Olía a su propio arousal sutil almizclado mezclándose con el perfume de vainilla de su loción.
En la novela Franco susurraba palabras roncas al oído de su mujer promesas de venganza y placer eterno. Ana cerró los ojos imaginándose ahí en medio del pastizal el viento caliente azotando su falda ligera las manos ásperas de un hombre como Ricardo recorriéndole la espalda. Sus dedos bajaron distraídos por el borde de su blusa desabotonando el primer botón. La piel de sus senos se erizaba al contacto con el aire fresco del ventilador. Si estuviera aquí el pendejo ya me tendría loca pensó con una sonrisa pícara.
De repente la puerta se abrió con un chirrido suave y Ricardo entró cargando una bolsa de tacos de su taquería favorita en la esquina. Sus ojos oscuros se clavaron en ella y en la tele donde justo Pasión de Gavilanes capítulo 158 alcanzaba su clímax con un abrazo posesivo. ¿Qué tenemos aquí nena? dijo con voz grave dejando la bolsa en la mesa y acercándose como un gavilán cazador. Ana no se movió solo lo miró de arriba abajo su camisa ajustada marcando el pecho ancho los jeans desgastados abrazando sus caderas fuertes.
Acto dos la escalada. Ricardo se sentó a su lado tan cerca que sintió el calor de su cuerpo el olor a colonia especiada y sudor limpio de un día largo. Veo que estás viendo nuestra novela güey murmuró rozando su muslo con la yema del dedo. Ana giró la cabeza sus labios a centímetros justo como en Pasión de Gavilanes capítulo 158 cuando no aguantan más. Sí carnal y me tienes que ayudar con esto respondió ella desafiante deslizando la mano por su nuca atrayéndolo.
El beso empezó lento labios suaves explorando sabores a menta de su chicle y a sal de la piel. Pero pronto se volvió feroz lenguas enredándose gemidos ahogados contra bocas hambrientas. Ricardo la levantó sin esfuerzo sentándola a horcajadas sobre él sus manos grandes amasando sus nalgas por encima de la falda. Ana sintió su verga endureciéndose contra su centro húmedo pinche cabrón ya está listo pensó arqueando la espalda. El sonido de la telenovela seguía de fondo diálogos apasionados que se mezclaban con sus respiraciones entrecortadas.
Él desabotonó su blusa del todo exponiendo sus tetas llenas coronadas de pezones duros como piedras. Qué chingonas estás mi amor gruñó lamiendo uno succionándolo con hambre. Ana jadeó el placer eléctrico bajando por su espina como un rayo el sabor de su saliva cálida en la piel sensible. Sus uñas se clavaron en sus hombros rompiendo la camisa no pares no pares. Bajó las manos al cinturón de él desabrochándolo con dedos temblorosos liberando su miembro grueso palpitante venoso caliente al tacto.
Se deslizó de rodillas entre sus piernas el piso alfombrado suave bajo sus rodillas. Lo miró a los ojos traviesa Ahora me toca a mí pendejo y lo tomó en la boca saboreando el precum salado almizclado. Ricardo echó la cabeza atrás gimiendo ronco ¡Ay güey qué rico chupas! sus caderas moviéndose instintivo follándole la boca con cuidado. Ella alternaba lamidas lentas desde la base hasta la punta succiones profundas garganta relajada el olor de su masculinidad invadiendo sus fosas nasales. La humedad entre sus piernas era insoportable goteaba por sus muslos internos.
La levantó de nuevo besándola con furia saboreándose en su lengua. No aguanto más ven pa cá dijo quitándole la tanga de un tirón. Ana se posicionó sobre él hundiéndose despacio centímetro a centímetro madre mía qué lleno me hace. El estiramiento ardiente delicioso sus paredes internas apretándolo como guante. Empezaron a moverse rítmico ella cabalgándolo fuerte rebote tras rebote tetas saltando sudor resbalando por sus cuerpos. El slap slap de piel contra piel gemidos altos ¡Más duro carnal! ¡Fóllame como en la novela!
La tensión crecía espiral Ricardo la volteó contra el sofá penetrándola por atrás manos en sus caderas embestidas profundas golpeando su punto G. Ana gritaba placer puro
Es como Pasión de Gavilanes capítulo 158 pero real mejorel orgasmo acercándose como tormenta. Él aceleró gruñendo Me vengo nena contigo y ella explotó contracciones pulsantes ordeñándolo chorros de placer mojando todo. Ricardo se derramó dentro caliente espeso llenándola hasta el borde.
Se derrumbaron jadeantes cuerpos entrelazados piel pegajosa sudor y fluidos mezclados. El aroma a sexo denso almizcle y vainilla flotaba en el aire la telenovela acababa en créditos rodando olvidados. Ricardo la besó en la sien suave Te amo mi reina nunca como contigo. Ana sonrió acurrucándose esta pasión no necesita guion es nuestra. Afuera la ciudad bullía luces parpadeantes pero adentro solo paz y calidez durmiente.
Minutos después se levantaron riendo comieron los tacos fríos directo de la bolsa sabores picantes de salsa verde calmando el hambre secundaria. ¿Vemos el siguiente capítulo mañana? preguntó él pícaro. Ella asintió Sí pero con el mismo final. La noche se extendía promesa de más rondas el fuego en las venas aún latiente eterno como esa novela que los unió.