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Gif Beso Pasion

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Gif Beso Pasion

Estabas tirado en el sofá de tu depa en la Roma, con el cel en la mano, scrolleando Instagram como pendejo sin nada que hacer un viernes por la noche. La ciudad bullía afuera, con el ruido de los coches en Insurgentes y el olor a taquitos de la esquina colándose por la ventana entreabierta. De repente, te topaste con ese gif beso pasion. Un loop infinito de dos bocas chocando con hambre, lenguas enredándose como si no hubiera mañana, saliva brillando bajo una luz tenue. El tipo la tomaba por la nuca, ella se arqueaba contra él, y el sonido imaginario de jadeos te erizó la piel. Neta, se te paró al instante. Pensaste:

¿Qué chingados? Esto es lo que necesito esta noche.

Apagaste el cel, te pusiste una chamarra de mezclilla y saliste al bar de la esquina, El Califa, donde siempre hay morra buena y chelas frías. El lugar estaba atestado, con cumbia rebajada sonando bajito y el humo de los cigarros mezclándose con el aroma a limón y tequila. Te pediste una michelada, el hielo crujiendo contra el vidrio empañado, y ahí la viste: Karla, con su pelo negro suelto cayendo como cascada, jeans ajustados que marcaban sus chingaderas perfectas y una blusa escotada que dejaba ver el valle de sus tetas. La conocías de la uni, carnales que se miraban con ganas pero nunca se echaban el clavado.

Te acercaste, con el corazón latiéndote como tambor en desfile. "¿Qué onda, Karla? ¿Sigues rompiéndola como siempre?" le dijiste, con esa sonrisa pendeja que siempre funciona. Ella volteó, sus ojos cafés brillando con picardía. "¡Wey! ¿Tú por aquí? Neta que sí, ven, siéntate." Charlaron de pendejadas: el pinche tráfico, el jefe mamón del curro, pero el aire entre ustedes se cargaba de electricidad. Le contaste del gif, medio en broma: "Vi un gif beso pasion que me dejó loco, neta que me dieron ganas de besar a alguien así, con todo." Ella se rio, mordiéndose el labio, y el sonido de su risa fue como miel caliente en tus oídos.

La tensión crecía con cada trago. Sus rodillas se rozaban bajo la mesa, un toque accidental que mandaba chispas por tu espinazo. Olías su perfume, algo floral con un toque de vainilla que te hacía imaginar su piel desnuda.

Ya valió, esta noche la invito a mi depa o reviento.
Al rato, ella puso su mano en tu muslo, apretando suave. "¿Y si nos salimos de aquí, wey? Me late tu vibe." Su voz era ronca, cargada de promesas.

Acto dos: la escalada

Caminaron a tu depa, el viento fresco de la noche acariciando sus caras, las luces de neón reflejándose en los charcos de la banqueta. Adentro, cerraste la puerta y el mundo se achicó a ustedes dos. La música de tu playlist sonaba bajito, un reggaetón suave con beats que palpitaban como tu verga endureciéndose. La jalaste por la cintura, sus caderas encajando perfectas contra las tuyas. "Muéstrame ese beso del gif," murmuró ella, sus labios a milímetros de los tuyos.

El primer beso fue fuego puro. Sus bocas se fundieron, lenguas explorando con urgencia, el sabor a tequila y sal de sus labios invadiendo tu boca. Gemiste contra su piel, sintiendo el calor de su aliento en tu mejilla. Sus manos subieron por tu espalda, uñas raspando suave, enviando ondas de placer que te ponían la piel de gallina. La cargaste hasta el sofá, ella riendo bajito, "¡Eres un animal, wey!" pero sus ojos decían más.

La desvestiste despacio, saboreando cada centímetro. Primero la blusa, revelando un bra negro de encaje que apenas contenía sus tetas firmes. Las besaste, lamiendo el pezón rosado que se endurecía bajo tu lengua, su sabor salado y dulce mezclándose con el sudor ligero de su piel. Ella arqueaba la espalda, gimiendo "Ay, cabrón... no pares." Tus manos bajaron a sus jeans, desabrochándolos con dedos temblorosos de pura ansia. El zipper sonó como un susurro obsceno. Sus bragas estaban empapadas, el olor a su excitación –musk almizclado y femenino– te golpeó como un shot de mezcal.

Esto es mejor que cualquier gif, neta que su coño huele a paraíso.
La tumbaste, besando su vientre suave, bajando hasta sus muslos. Ella abrió las piernas, invitándote, y lamiste su clítoris hinchado, chupando suave mientras sus jugos te mojaban la barbilla. Sus gemidos subían de volumen, "¡Chíngame con la lengua, wey! ¡Sí, así!" Tus dedos entraron en ella, calientes y resbalosos, curvándose para tocar ese punto que la hacía temblar. El sonido húmedo de su excitación era música para tus oídos, mezclado con sus jadeos entrecortados.

Pero querías más. Te quitaste la ropa rápido, tu verga saltando libre, dura como piedra y palpitando. Ella la tomó en su mano, acariciándola lento, el tacto de sus dedos fríos contrastando con el calor de tu piel. "Estás bien puesto, carnal." Se arrodilló, su boca envolviéndote, lengua girando alrededor de la cabeza sensible. El calor húmedo te volvió loco, tus caderas empujando instintivo mientras el placer subía por tu columna como lava.

La levantaste, la pusiste a cuatro en el sofá. Entraste en ella de un solo golpe, su coño apretado y mojado tragándote entero. "¡Ay, Dios! ¡Qué rico!" gritó ella, empujando contra ti. Embestidas profundas, piel chocando contra piel con palmadas rítmicas, sudor perlando sus espaldas. Agarrabas sus caderas, sintiendo los músculos contraerse bajo tus palmas. El olor a sexo llenaba el aire, espeso y embriagador. Cambiaron posiciones: ella encima, cabalgándote con furia, tetas rebotando hipnóticas. Tus manos en su culo, guiándola, mientras su clítoris rozaba tu pubis con cada bajada.

La tensión crecía, sus paredes apretándote más, sus gemidos convirtiéndose en gritos.

No aguanto más, se me va a salir todo.
Ella se corrió primero, temblando violentamente, "¡Me vengo, wey! ¡No pares!" Su coño pulsando alrededor de ti te llevó al borde.

Acto tres: el clímax y el eco

Te volteó, montándote de reversa, su culo perfecto moviéndose en círculos. El espectáculo de su espalda arqueada, el sudor brillando bajo la luz de la lámpara, te derritió. Empujaste desde abajo, profundo, hasta que explotaste dentro de ella, chorros calientes llenándola mientras rugías como bestia. Ella se vino otra vez, colapsando sobre ti, sus temblores sincronizándose con los tuyos.

Quedaron jadeando, enredados en el sofá revuelto. Su cabeza en tu pecho, el ritmo de su corazón latiendo contra el tuyo, el olor de sus cabellos mezclándose con el de sus jugos en tu piel. Besos suaves ahora, perezosos, saboreando el afterglow. "Neta que fue chingón, como ese gif beso pasion pero en vivo y a todo color," murmuró ella, riendo bajito. Tú la abrazaste, sintiendo la paz post-sexo, el cuerpo pesado y satisfecho.

Después, en la cama, con sábanas frescas y el ventilador zumbando, hablaron de tonterías hasta que el sueño los venció. Despertaste con ella acurrucada, el sol filtrándose por las cortinas, y pensaste:

Esto no fue un gif, fue real, y quiero más.
El beso de pasión del gif había sido solo el chispazo; lo de anoche, el incendio completo. Y mientras ella abría los ojos con una sonrisa pícara, supiste que esto apenas empezaba.

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