Relatos
Inicio Erotismo La Pasion de Cristo Online Espanol Carnal La Pasion de Cristo Online Espanol Carnal

La Pasion de Cristo Online Espanol Carnal

6404 palabras

La Pasion de Cristo Online Espanol Carnal

Era una noche de viernes en mi depa en la Roma Norte, con la lluvia golpeteando las ventanas como si quisiera entrar a la fiesta. Yo, Karla, de veintiocho pirulos, estaba recargada en el hombro de mi carnal, Cristo –sí, así se llama el pendejo, y qué bien le queda el nombre–. Habíamos cenado tacos de suadero de la esquina, con su limón chorreando y esa salsita que quema rico. Ahora, con el tele apagado y la laptop lista, le dije:

Órale, amor, busquemos la pasion de cristo online español. Me late ver algo intenso, como en Semana Santa pero sin misa.

Cristo soltó una carcajada, su voz grave retumbando en mi pecho. ¿La de Mel Gibson? Chido, mi reina, pero no llores como niña chica. Lo busqué en el navegador, y ahí estaba, gratis en un sitio pirata, con subtítulos en español mexicano bien chidos. Le di play, bajamos las luces, y nos acurrucamos en el sillón de piel, con una cobija de lana cubriéndonos las piernas. El olor a su loción de sándalo se mezclaba con el de la lluvia húmeda filtrándose por las rendijas. Su mano grande descansaba en mi muslo, tibia, prometedora.

Al principio, todo normal. Poncio Pilatos hablando, la traición de Judas. Pero cuando empezaron las escenas pesadas –la flagelación, ¡ay wey!–, sentí un cosquilleo en el estómago. Esos latigazos crujiendo en la carne, el sudor brillando en el cuerpo de Jim Caviezel atado al poste. Mi respiración se aceleró sin querer.

¿Por qué carajos me prende esto? Es pasión pura, sufrimiento que duele pero eleva el alma... o algo más bajo.
Miré de reojo a Cristo. Él estaba tenso, sus músculos del brazo endureciéndose bajo mi cabeza. ¿Sentía lo mismo?

La película avanzaba, el clavo en la mano, la corona de espinas chorreando sangre. El sonido de los martillazos retumbaba en los parlantes, vibrando en mi piel. Mi mano, como si tuviera vida propia, subió por su muslo, rozando la tela de sus bóxers debajo del short. Él giró la cara, sus ojos cafés oscuros clavándose en los míos, con esa chispa de diablo disfrazado de santo.

¿Qué pasa, Karla? ¿Te calienta la pasión de Cristo? murmuró, su aliento caliente contra mi oreja, oliendo a chela Corona.

Me mordí el labio, sintiendo el pulso latiendo entre mis piernas. Sí, pendejo. Tu pasión, la de él... todo se mezcla. Tóquenme.

Su mano subió despacio, trazando círculos en mi piel de gallina. La película seguía: Jesús cargando la cruz, tropezando en el lodo. Yo ya no veía la pantalla del todo; el calor de su palma colándose bajo mi blusa, rozando mi chichi endurecido. Gemí bajito, el sonido ahogado por un trueno afuera. Él me jaló más cerca, su boca capturando la mía en un beso hambriento, lenguas enredándose como serpientes en el Edén prohibido. Saboreé la sal de su piel, el dulzor de la salsa de la cena aún en su lengua.

¡Madre santa, este hombre es mi cruz y mi redención! Quiero que me azote el alma como a él en la peli.

La tensión crecía con cada escena. Cuando crucificaron a Jesús, Cristo –mi Cristo– me quitó la blusa con urgencia, exponiendo mis tetas al aire fresco. Sus labios bajaron por mi cuello, mordisqueando, dejando huellas rojas como espinas. Yo le arañé la espalda, sintiendo sus músculos duros bajo los dedos, olor a macho sudado invadiendo mis sentidos. Quítate eso, cabrón, le ordené, y él obedeció, su verga saltando libre, gruesa y venosa, palpitando como un corazón expuesto.

Me puse de rodillas en el sillón, la laptop aún reproduciendo los lamentos de la multitud. Él se paró frente a mí, y yo la tomé en la boca, chupándola despacio al principio, saboreando el precum salado que brotaba como lágrimas divinas. ¡Qué rica verga tienes, Cristo mío! Él gruñó, enredando sus dedos en mi pelo negro largo, guiándome más profundo. El sonido de mi succión mezclándose con los gemidos de la película, la lluvia azotando más fuerte. Mi panocha ardía, mojada hasta las sábanas de la cobija.

No aguanté más. Me levanté, lo empujé al sillón y me senté a horcajadas sobre él, frotando mi clítoris hinchado contra su punta. Mírame, amor. Esta es nuestra pasión de Cristo. Bajé despacio, sintiendo cómo me abría, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, wey! El estirón delicioso, sus caderas empujando arriba para clavárseme más. Empezamos a movernos, lento como el vía crucis, pero acelerando con la agonía de la cruz en pantalla.

Sus manos amasaban mis nalgas, pellizcando, mientras yo cabalgaba fuerte, mis chichis rebotando contra su pecho peludo. El sudor nos unía, resbaloso, oliendo a sexo puro, a deseo mexicano crudo. ¡Más duro, Cristo! ¡Azótame como a tu nombre! Él volteó mi cuerpo sin salirse, poniéndome en cuatro, y me dio una nalgada juguetona que resonó como un latigazo. Entró de nuevo, embistiendo profundo, su vientre chocando contra mis pompas. Cada thrust hacía que mis paredes se contrajeran, el placer subiendo como una marea en el Gólgota.

Esto es el cielo y el infierno revueltos. Su verga me parte en dos, pero qué chingón duele rico. No pares, mi rey, dame tu leche santa.

La película llegaba al clímax, la muerte en la cruz, pero nosotros ya estábamos en la resurrección. Él aceleró, sus bolas golpeando mi clítoris, mis jugos chorreando por sus muslos. Grité su nombre –¡Cristo!– cuando el orgasmo me partió, olas de fuego recorriendo mi espina, piernas temblando. Él rugió, clavándose una última vez, llenándome con chorros calientes que sentí palpitar adentro. Colapsamos juntos, jadeando, su peso sobre mí reconfortante.

La laptop pitó: fin de la película. La lluvia amainaba, dejando un goteo suave. Cristo me besó la nuca, aún dentro de mí, suave ahora. ¿Ves? La pasión de Cristo online español nos prendió cañón, mi amor. Reí bajito, girando para mirarlo, sus ojos brillando con ternura post-sexo.

Sí, pero la tuya es la que me salva cada vez. Nos quedamos así, envueltos en la cobija húmeda de sudor y amor, el aroma de nuestros cuerpos mezclándose con el de la ciudad mojada. En ese momento, supe que no hay cruz demasiado pesada si la compartes con tu Cristo personal. La pasión no muere; renace en la carne, en el alma, noche tras noche.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.