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Pasión Traducción

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Pasión Traducción

Estaba sentada en mi pequeño departamento en la Condesa, con la laptop abierta y una taza de café humeante a un lado. El aroma del café mexicano, fuerte y negro como la noche, me envolvía mientras leía las primeras líneas del manuscrito que me habían mandado. Se llamaba Pasión Traducción, un diario erótico escrito por un tipo desconocido que quería publicarlo en español. "Neta, esto está cañón", murmuré para mí misma, sintiendo un cosquilleo en la piel solo con imaginarlo.

Yo, Ana, traductora freelance de veintiocho años, había visto de todo: novelas románticas cursis, thrillers sangrientos, pero esto era diferente. Las palabras saltaban de la pantalla como caricias prohibidas.

"Mi lengua recorre tu piel salada, traduciendo cada gemido en un idioma de puro fuego."
Sentí que mis pezones se endurecían bajo la blusa ligera, y un calor húmedo se instalaba entre mis piernas. Órale, pensé, este wey sabe escribir. Me acomodé en la silla, cruzando las piernas para aplacar esa urgencia repentina.

El timbre sonó de golpe, sacándome del trance. Miré el reloj: las seis de la tarde. Era él, el cliente. Rodrigo, me había dicho en el mail. Abrí la puerta y ahí estaba: alto, moreno, con ojos cafés que brillaban como chocolate derretido y una sonrisa pícara que gritaba problemas. Vestía jeans ajustados y una camisa blanca que marcaba sus pectorales. Olía a colonia fresca, a madera y algo salvaje debajo.

Buenas tardes, Ana. Soy Rodrigo, el autor de Pasión Traducción. ¿Cómo va la cosa? —dijo con voz grave, extendiendo la mano. Su palma era cálida, áspera, como si hubiera estado trabajando con las manos todo el día.

Tragué saliva, notando cómo su mirada bajaba un segundo a mis labios. —Adelante, pasa. Está quedando chido, pero hay unas partes... intensas. —Lo invité a sentarse en el sofá, sirviéndole un tequila reposado. El aire se cargó de inmediato con esa tensión eléctrica, como antes de una tormenta en el DF.

Nos sentamos cerca, demasiado cerca. Le mostré la pantalla, leyendo en voz alta un fragmento.

"Siento tu humedad contra mi lengua, traduciendo el deseo en olas de placer que nos ahogan."
Mi voz tembló al final. Él se acercó más, su muslo rozando el mío. Podía oler su aliento mentolado, mezclado con el tequila.

¿Te excita? ¿La pasión traducción te prende? —preguntó bajito, su mano posándose en mi rodilla. No era una pregunta inocente. Mi corazón latía como tamborazo en una fiesta de pueblo.

¿Qué pedo, Ana? Esto es tu cliente, me dije, pero mi cuerpo ya había decidido. —Sí, neta. Me hace sentir... viva. —Respondí, girándome hacia él. Nuestras caras estaban a centímetros. Sus labios carnosos se abrieron un poco, invitándome.

El beso fue inevitable. Sus labios suaves pero firmes contra los míos, con sabor a tequila y hambre contenida. Gemí suave cuando su lengua entró, explorando, traduciendo mi boca en un mapa de deseo. Sus manos subieron por mis muslos, levantando mi falda corta. Sentí la aspereza de sus palmas en mi piel suave, erizándome los vellos.

Lo empujé hacia atrás en el sofá, montándome encima. —Quiero sentirte, Rodrigo. Como en tu Pasión Traducción. —susurré, desabotonando su camisa. Su pecho era firme, con vellos oscuros que olían a sudor limpio y hombre. Lamí un pezón, saboreando la sal de su piel. Él gruñó, un sonido gutural que vibró en mi clítoris.

Sus dedos encontraron mi tanga empapada. —Estás chorreando, mamacita. ¿Por mi historia o por mí? —dijo juguetón, deslizando un dedo dentro de mí. Jadeé, arqueando la espalda. El roce era perfecto, húmedo, caliente. Movía la mano con ritmo, como si conociera mi cuerpo de siempre. Puta madre, qué chingón, pensé, mientras mis caderas se mecían solas.

Me quitó la blusa y el brasier con prisa, chupando mis tetas con avidez. Su boca era fuego: succionaba fuerte, mordisqueaba suave, enviando chispas directo a mi entrepierna. Olía mi aroma de mujer excitada, mezclado con su colonia. —Eres deliciosa, Ana. Mejor que cualquier traducción. —murmuró contra mi piel.

Desabroché sus jeans, liberando su verga dura, gruesa, palpitante. La tomé en la mano, sintiendo las venas calientes bajo mis dedos. Era perfecta, con un glande rosado brillando de pre-semen. La masturbé lento, viendo cómo él cerraba los ojos y gemía.

"Tu pasión traducción me vuelve loco",
dijo, citando su propio texto.

Nos movimos al piso, alfombra suave bajo mis rodillas. Lo empujé boca arriba y me posicioné sobre él, frotando mi panocha mojada contra su polla. El roce era tortura deliciosa: resbaloso, caliente, con sonidos chapoteantes que llenaban la habitación. —Métemela ya, pendejo. No aguanto. —rogué, bajando despacio. Su verga me abrió centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, wey! El estirón era exquisito, presionando mi punto G.

Cabalgué con furia, mis tetas rebotando, sudor perlando mi piel. Él agarraba mi culo, amasándolo fuerte, dejando marcas rojas. Los sonidos eran obscenos: piel contra piel, mis gemidos agudos, sus gruñidos roncos. Olía a sexo puro, a jugos mezclados y pasión desatada. Esto es mejor que cualquier libro, pensé, mientras el orgasmo se acercaba como un tren.

Vente conmigo, Ana. Déjame traducir tu clímax. —jadeó, embistiéndome desde abajo. Sus bolas chocaban contra mi ano, enviando ondas de placer. Me corrí primero, un estallido que me dejó temblando, contrayendo alrededor de su verga. Grité su nombre, visión borrosa, gusto metálico en la boca. Él se vino segundos después, llenándome con chorros calientes que sentí chorrear dentro.

Colapsamos juntos, respiraciones agitadas sincronizadas. Su semen goteaba entre mis muslos, cálido y pegajoso. Me besó la frente, suave ahora, mientras acariciaba mi espalda. El cuarto olía a nosotros, a sudor, semen y satisfacción. Afuera, el tráfico de la Condesa zumbaba lejano, como si el mundo siguiera igual, pero yo había cambiado.

La verdadera Pasión Traducción eres tú, —dijo Rodrigo, sonriendo. Reí bajito, acurrucándome en su pecho. Neta, esto apenas empieza, pensé, sabiendo que el manuscrito ahora tenía una historia real detrás. Y yo, lista para más traducciones de placer.

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