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Pasión por Pasión los Greys

6825 palabras

Pasión por Pasión los Greys

La noche en Polanco bullía con esa energía que solo México City sabe dar. Tú entras al bar, el aire cargado de perfume caro y risas coquetas. Llevas un vestido negro ajustado que roza tu piel como una promesa, y el sonido de tus tacones contra el piso de mármol te hace sentir poderosa. Ordenas un tequila reposado, el cristal frío en tu mano, el limón mordiendo tu lengua con ese toque ácido que despierta todo.

Entonces los ves. Los Greys. Tres hombres en la barra, con ese pelo plateado que brilla bajo las luces neón, como lobos maduros en su prime. No son viejos, no: son chingones, con arrugas que hablan de experiencias que te humedecen solo de imaginar. El del medio, Javier, te clava la mirada. Sus ojos grises como su cabello, profundos, hambrientos. Sientes un cosquilleo en el vientre, el calor subiendo por tus muslos. Siempre has tenido esa debilidad, pasión por pasión los greys, como un mantra secreto que te recorre la sangre desde que viste tu primera película de silver foxes.

Órale, neta que este wey me va a volver loca esta noche, piensas, mientras das un sorbo que quema dulce bajando por tu garganta.

Él se acerca, su colonia amaderada invadiendo tu espacio, un olor a sándalo y hombre que te eriza la piel. "Buenas noches, reina", dice con voz grave, ronca como grava bajo lluvia. Tú sonríes, juguetona, "Buenas, grey sexy. ¿Vienes a conquistar o solo a ver?". Ríe, mostrando dientes perfectos, y su mano roza tu brazo, un toque eléctrico que hace que tus pezones se endurezcan contra la tela fina.

Hablan, flirtean. Te cuenta que él y sus cuates, los otros Greys, son empresarios, viajeros, amantes de la vida buena. Sus amigos observan desde lejos, sonriendo cómplices, pero es Javier quien te tiene atrapada. Bailan salsa, sus caderas pegadas a las tuyas, el sudor empezando a perlar su cuello, salado cuando rozas tus labios ahí disimuladamente. Sientes su erección dura contra tu vientre, prometedora, y tu centro palpita, húmedo, ansioso.

Acto primero cerrado: lo invitas a salir. "Vamos a mi depa, pendejo, que no aguanto más", le susurras al oído, mordiendo su lóbulo. Él asiente, ojos encendidos, y dejan el bar con un beso que sabe a tequila y deseo puro.

En el elevador del penthouse, las paredes de espejo reflejan vuestras siluetas entrelazadas. Sus manos grandes recorren tu espalda, bajando a apretar tus nalgas con fuerza posesiva pero tierna. Tú gimes bajito, el sonido rebotando suave, y metes los dedos en su pelo gris, sedoso como plata hilada, tirando un poco para que arquee el cuello. "Me encanta esto, grey mío. Tan suave, tan tuyo". Él gruñe, "Tú eres fuego, mamacita", y te besa con lengua invasora, saboreando tu boca como si fuera el último tequila de la vida.

Llegan al depa, luces tenues, vista a la ciudad que parpadea como testigo. Cierran la puerta y la tensión explota en caricias urgentes. Te quita el vestido lento, sus ojos devorando cada centímetro de piel expuesta: tus pechos llenos, endurecidos, el ombligo, las bragas empapadas. "Estás chingona, neta", murmura, arrodillándose para besar tu vientre, su aliento caliente filtrándose por la tela. Tú tiemblas, piernas flojas, oliendo tu propia excitación mezclada con su colonia.

Pasión por pasión, los greys saben cómo tocar el alma antes que el cuerpo, reflexionas mientras él lame el borde de tus bragas, su barba incipiente raspando delicioso tus muslos internos.

Lo empujas al sofá de cuero negro, que cruje bajo su peso. Te subes a horcajadas, sintiendo su verga tiesa presionando contra ti a través del pantalón. Desabrochas su camisa, exponiendo pecho velludo plateado, pectorales firmes de gym y años. Lames un pezón, salado, y él jadea, manos en tu pelo. "Sí, así, reina". Te frotas contra él, el roce enviando chispas por tu clítoris hinchado, el calor de su miembro latiendo como un corazón salvaje.

La intensidad sube. Él te voltea, boca abajo, y baja tus bragas con dientes, el aire fresco besando tu coño mojado. Su lengua entra primero suave, explorando pliegues resbalosos, saboreando tu miel dulce y salada. Gimes fuerte, "¡Ay, cabrón, qué rico!", caderas alzándose para más. Chupa tu clítoris, dedos gruesos curvándose dentro, tocando ese punto que te hace ver estrellas. El sonido húmedo de su boca, tus jugos chorreando, el slap slap de su mano en tu nalga: todo es sinfonía erótica.

Pero no corres aún. Quieres más tensión. Lo volteas, liberas su verga: gruesa, venosa, cabeza roja brillando precum. La tocas, terciopelo sobre acero, oliendo almizcle masculino puro. La chupas profundo, garganta relajada, su gemido ronco vibrando en tu pecho. "¡Joder, qué boca tan chida!". Él se contiene, dedos en tu cabello gris entretejido con los tuyos.

Acto medio culmina en el piso alfombrado. Tú encima, guiando su punta a tu entrada. Bajas lento, centímetro a centímetro, estirándote llena, el placer quemando como chile en agua. "¡Sí, grey, fóllame pasión por pasión!", gritas, y él embiste arriba, pelvis chocando piel sudorosa, slap slap ecoando. Sudor gotea de su frente al tuyo, salado en tus labios. Sus manos aprietan tus tetas, pellizcando pezones, mientras tú cabalgas salvaje, clítoris frotando su pubis piloso.

El clímax se acerca como tormenta. Cambian: él atrás, perrito, verga honda golpeando tu G, bolas pesadas palmeando tu clítoris. Sientes cada vena, cada pulso. "¡Me vengo, pendejo!", aúllas, y explotas: ondas de placer rasgando tu cuerpo, coño contrayéndose ordeñándolo, jugos salpicando muslos. Él ruge, "¡Sí, reina!", y se corre dentro, chorros calientes llenándote, semen espeso goteando cuando sale.

Caen exhaustos, cuerpos pegajosos, respiraciones jadeantes sincronizadas. El olor a sexo impregna el aire, mezclado con su sudor y tu perfume floral. Él te abraza, pelo gris cosquilleando tu mejilla, besos suaves en tu sien. "Eres increíble, ¿lo sabías?". Tú sonríes, dedo trazando sus abdominales aún tensos.

Pasión por pasión, los greys no solo follan: conectan almas en la carne, piensas, mientras la ciudad duerme afuera y tú flotas en afterglow.

Se duchan juntos, agua caliente lavando fluidos, manos jabonosas explorando de nuevo, pero tierno ahora. Ríen de tonterías, tequila imaginario brindando. Al amanecer, en la cama king size, piel contra piel, sábanas revueltas oliendo a vosotros. No hay promesas vacías, solo satisfacción plena, empoderada. Tú, dueña de tu placer, lista para más noches así.

Y mientras él duerme, su respiración rítmica como olas, tú miras el techo, sabiendo que pasión por pasión los greys es tu adicción perfecta, un fuego que no se apaga.

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