Como Mantener la Pasion en una Relacion a Distancia
La pantalla de mi laptop parpadea con esa luz azulada que ilumina mi cuarto en Polanco, mientras el ruido lejano de los coches en Reforma se cuela por la ventana entreabierta. Son las once de la noche y mi cuerpo ya vibra de anticipación. Juan, mi carnal, mi amor, está a tres horas de distancia en Guadalajara por ese pinche trabajo que nos separó hace cuatro meses. Neta, duele el vacío en la cama, pero hoy no. Hoy vamos a prender el fuego como en los viejos tiempos.
Me miro en el espejo del clóset: sostén de encaje negro que apenas contiene mis chichis, tanguita roja que se pierde entre mis nalgas. El aire fresco roza mi piel morena, erizándome los vellitos. Pienso en él, en su sonrisa pícara, en cómo me agarra la cintura con esas manos callosas de tanto chambear en la construcción.
¿Cómo mantener la pasión en una relación a distancia? Fácil, güey: con video, con palabras sucias y con ganas de comernos vivos aunque sea por pixels.
Abro Zoom y ahí está su cara, ese rostro curtido por el sol tapatío, ojos cafés que me devoran desde el otro lado. "¡Hola, nena! ¿Lista pa' la carnita asada virtual?" dice con esa voz ronca que me hace mojarme al instante. Río bajito, acomodándome en la cama king size con sábanas de algodón egipcio que huelen a mi perfume de vainilla.
"Órale, papi, mírame bien. ¿Qué tal mis curvas? Extraño que me amases las nalgas como tamales calientes." Me pongo de rodillas frente a la cámara, arqueando la espalda para que vea cómo el sostén se tensa. Él gime, ajustando el ángulo de su cel para mostrarme su torso desnudo, músculos marcados brillando con un poco de sudor. El sonido de su respiración pesada viaja por los audífonos, como un tambor en mi pecho.
Empezamos lento, como siempre. Platicamos de la chingada semana: yo en mi oficina de marketing en Santa Fe, él lidiando con jefes pendejos. Pero el tono cambia rápido. "Quítate el brassier, amor. Quiero ver esos pezones duros que se me paran nomás de pensarte." Obedezco, deslizando las tiras por mis hombros. El aire acondicionado besa mis tetas expuestas, los pezones rosados erectos como botoncitos listos para su boca. Gimo al tocarlos, pellizcándolos suave, imaginando su lengua áspera lamiéndolos.
Él se quita la playera del todo, revelando ese pecho ancho con vello negro que me encanta rascar. Baja la cámara y ¡órale! Ahí está su verga semi-dura, gruesa como mi muñeca, asomando por el bóxer. El olor a hombre no llega, pero lo recuerdo perfecto: ese almizcle salado mezclado con su desodorante de bosque. "Mírala, nena. Está así por ti. Tócala por mí."
Mi mano baja a mi tanga, frotando el encaje contra mi clítoris hinchado. Siento la humedad empapando la tela, un calor líquido que chorrea entre mis labios. Qué rico, pienso, mientras mis caderas se mueven solas. La pantalla muestra su puño envolviendo esa polla venosa, subiendo y bajando lento. El sonido húmedo de su piel contra piel me enloquece, como si estuviera aquí, restregándosela en mi cara.
La tensión sube como el volcán en erupción. "Cuéntame qué sientes, puta mía. ¿Estás chorreando?" Su voz es un gruñido animal. "Sí, carnal, mi panocha está ardiendo. Imagina tu verga abriéndome, llenándome hasta el fondo." Me quito la tanga de un jalón, abriendo las piernas en V frente a la cámara. Mis dedos separan los labios rosados, mostrando mi entrada reluciente. El espejo al fondo refleja mi culo redondo, y sé que él lo ve todo.
Introduce un dedo, luego dos, bombeando con ritmo. El squelch jugoso llena el cuarto, mezclado con mis jadeos. Huelo mi propia excitación, ese aroma dulce y almizclado que impregna las sábanas. Él acelera, su verga ahora fully erecta, cabeza morada palpitando. "¡Métetela más hondo, nena! Quiero oír cómo te corres para mí."
Esto es lo que nos salva, güey. En una relación a distancia, la pasión no muere si la alimentas con estas mamadas virtuales. Cada gemido es un puente, cada roce imaginado un abrazo.
El sudor perla mi frente, resbala entre mis chichis. Mis tetas rebotan con cada embestida de mis dedos, pezones rozando el aire frío. Veo su abdomen contraerse, venas hinchadas en sus brazos mientras se pajea furioso. Nuestros ojos se clavan en la pantalla, almas conectadas más allá de la distancia. "Te amo, pinche loca. Ven pa'cá, siénteme."
La intensidad crece. Cambio de posición, de espaldas con el culo en alto, como perrita lista para él. Mi mano libre agarra la nalga, abriéndome más. Tres dedos ahora, estirándome, simulando su grosor. Grito su nombre, "¡Juan, chíngame! ¡Dame duro!" Él responde con un rugido, su puño volando sobre la verga. El glande brilla con precum, goteando como miel.
Siento el orgasmo acechando, un nudo en el vientre que se aprieta. Mis muslos tiemblan, el colchón cruje bajo mi peso. El olor de sexo impregna todo, mi piel brilla aceitada. "Me vengo, amor... ¡juntos!" Exploto primero, chorros calientes salpicando las sábanas, cuerpo convulsionando en olas de placer. Él sigue, segundos después: semen blanco eyaculando en chorros potentes sobre su panza, gruñendo como toro.
Caemos rendidos, respiraciones entrecortadas sincronizadas. Me acuesto de lado, cubriéndome con la sábana suave, mientras él limpia con una toalla. "¿Ves? Así se mantiene la pasión en una relación a distancia, mi reina." Río suave, besando la pantalla. "Sí, papi. Mañana repetimos, pero con juguetes."
Apagamos la luz virtual, pero el calor queda en mi piel, en mi alma. Mañana el sol de México entrará por la ventana, trayendo promesas de su regreso. Por ahora, duermo con su sabor fantasma en la boca, sabiendo que el amor verdadero no conoce kilómetros.