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Abismo de Pasion Capitulo 3

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Abismo de Pasion Capitulo 3

Valeria sintió el calor del atardecer en Puerto Vallarta pegándose a su piel como una promesa pecaminosa. La villa que rentaban era un paraíso de lujo con vistas al mar turquesa, palmeras susurrando con la brisa salada y el aroma a coco flotando desde la cocina. Habían llegado esa tarde después de un día de playa, pero el abismo de pasion que los había consumido en los capítulos anteriores seguía latiendo, más profundo, más hambriento. Diego, su amigo de años convertido en algo mucho más ardiente, la observaba desde la terraza con esa sonrisa pícara que la hacía temblar por dentro.

¿Cuánto más voy a aguantar? pensó Valeria mientras se quitaba el pareo, dejando al descubierto su bikini rojo que abrazaba sus curvas como un amante celoso. Su piel bronceada brillaba bajo el sol poniente, y el sonido de las olas rompiendo contra la arena le aceleraba el pulso. Diego se acercó, su torso desnudo reluciente de sudor, oliendo a sal y a ese loción masculina que la volvía loca. "Neta, Valeria, estás cañona hoy", le dijo con voz ronca, ese acento norteño que siempre la derretía.

Ella rio bajito, un sonido juguetón que escondía el fuego en su vientre. "Tú no te quedas atrás, wey. Ven, ayúdame con esto". Se giró, ofreciéndole la espalda para desatar el lazo del bikini. Sus dedos rozaron su nuca, enviando chispas por su espina dorsal. El aire se cargó de tensión, ese tira y afloja que habían jugado desde el primer beso robado en el capitulo 2. Ahora, solos en esa villa, no había excusas. Diego la volteó despacio, sus ojos cafés clavados en los de ella como si quisiera devorarla entera.

Esto es el abismo, y yo quiero caer de cabeza.

Sus labios se encontraron en un beso lento, saboreando el salitre de la piel del otro. Valeria jadeó cuando la lengua de él exploró su boca, cálida y demandante. Sus manos grandes bajaron por su espalda, apretando sus nalgas con firmeza. "Te deseo tanto, mami", murmuró contra su cuello, mordisqueando la piel sensible. Ella arqueó el cuerpo, presionando sus pechos contra el pecho duro de él, sintiendo los latidos desbocados de su corazón.

Entraron a la villa tambaleándose, riendo entre besos. El piso de mármol fresco bajo sus pies descalzos contrastaba con el calor que los envolvía. Diego la cargó como si no pesara nada, sus músculos flexionándose, y la depositó en la cama king size con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Valeria lo jaló hacia ella, quitándole el short con urgencia. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, ya dura como piedra. "¡Órale, qué chulada!", exclamó ella, lamiéndose los labios. El olor almizclado de su excitación la invadió, haciendo que su panocha se humedeciera al instante.

Él se arrodilló entre sus piernas, besando el interior de sus muslos. Cada roce de sus labios era una tortura deliciosa, el aliento caliente sobre su piel erizándola. "Déjame probarte, reina", gruñó, y separó sus labios mayores con los dedos. Valeria gimió cuando su lengua lamió su clítoris, suave al principio, luego con más presión, chupando como si fuera el néctar más dulce. Qué rico, cabrón, pensó ella, enredando los dedos en su cabello negro revuelto. El sonido húmedo de su boca trabajando la volvía loca, mezclado con sus propios jadeos y el lejano rumor del mar.

Pero no quería ser pasiva. "Ven acá, pendejo", lo dijo juguetona, empujándolo para que se acostara. Se montó a horcajadas sobre su pecho, bajando hasta que su panocha rozara sus labios. Diego la devoró con avidez, las manos amasando sus chichis, pellizcando los pezones duros como piedritas. Valeria se mecía, frotándose contra su cara, el placer subiendo en oleadas. Sudor perló su frente, goteando sobre él, y el sabor salado de su piel cuando lo besó después la excitó aún más.

La tensión crecía, un nudo apretado en su bajo vientre. Diego la volteó con facilidad, colocándola de rodillas. "Te voy a coger como te mereces", prometió, frotando la cabeza de su verga contra su entrada empapada. Valeria empujó hacia atrás, ansiosa. "¡Sí, métela ya, no me hagas sufrir!". Él entró de un solo empujón, llenándola por completo. El estiramiento era perfecto, rozando cada nervio sensible. Comenzaron a moverse, piel contra piel, el slap slap de sus cuerpos chocando resonando en la habitación. Ella clavó las uñas en las sábanas, oliendo el aroma terroso del sexo que impregnaba el aire.

Esto es el verdadero abismo de pasion, capítulo 3 de nuestra historia, donde nos perdemos sin remedio.

Diego la embestía profundo, una mano en su cadera, la otra bajando a frotar su clítoris. "Estás tan apretada, tan mojada para mí", jadeaba él, su voz entrecortada. Valeria giró la cabeza para besarlo, saboreando sus labios hinchados. Cambiaron de posición; ella encima ahora, cabalgándolo con furia. Sus tetas rebotaban, y él las atrapó, chupando un pezón mientras ella giraba las caderas, sintiendo cómo su verga tocaba ese punto que la hacía ver estrellas. El sudor los unía, resbaladizo y caliente, y el olor de sus cuerpos mezclados era embriagador, como tequila con limón.

La intensidad subía. Valeria sentía el orgasmo acechando, un tsunami building up. "Más rápido, Diego, ¡no pares!". Él la sostuvo por las nalgas, clavándose desde abajo con fuerza brutal pero consentida, sus gemidos uniéndose en un coro salvaje. El mundo se redujo a sensaciones: el roce áspero de su barba en sus pechos, el pulso de su verga dentro de ella, el sabor de su beso salado. "¡Me vengo, carajo!", gritó ella primero, el placer explotando en contracciones que lo ordeñaban. Diego la siguió segundos después, gruñendo su nombre mientras se vaciaba dentro, caliente y abundante.

Colapsaron juntos, jadeantes, envueltos en el afterglow. El sol se había puesto, dejando la habitación en penumbras suaves, solo iluminada por la luna filtrándose por las cortinas. Diego la abrazó por detrás, su verga aún semi-dura contra sus nalgas, besando su hombro. "Eres mi todo, Valeria. Este abismo nos tragó, pero qué chido caer contigo". Ella sonrió, girándose para acurrucarse en su pecho, escuchando el latido calmado de su corazón.

En ese momento de paz, reflexionó sobre lo vivido. Habían cruzado la línea, pero era empoderador, mutuo, puro fuego mexicano. Mañana explorarían más, pero por ahora, el abismo de pasion capitulo 3 les había dado su clímax perfecto. El mar cantaba afuera, y ellos durmieron entrelazados, sabiendo que su historia apenas empezaba.

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