Pancho Barraza Pasion de Amor
La noche en Mazatlán estaba viva con el rumor del mar chocando contra la orilla y el eco de una banda que tocaba en la playa. Yo Ana de veintiocho años acababa de llegar de un viaje de trabajo y neta necesitaba soltar el estrés. El aire traía ese olor salado mezclado con humo de parrilladas y chelas frías. Me puse un vestido rojo chingón que se pegaba a mis curvas y salí a la fiesta improvisada que armaron unos carnales en la arena.
La banda empezó con Pancho Barraza Pasion de Amor esa rola que siempre me pone la piel chinita. La letra hablaba de amores intensos de esos que queman por dentro y yo la cantaba bajito mientras bailaba sola moviendo las caderas al ritmo de la tuba y el clarinete. De repente sentí una mano fuerte en mi cintura. Volteé y ahí estaba él Marco un morro de unos treinta guapísimo con barba recortada ojos negros que te traspasaban y un cuerpo marcado por horas en el gym. Olía a colonia barata pero rica como a madera y limón.
Órale qué prieto está este wey pensó mi cabeza mientras su aliento cálido rozaba mi oreja.
"¿Bailas conmigo mami?" me dijo con voz ronca al puro estilo norteño. Le sonreí coqueta y me pegué a él sintiendo su pecho duro contra mis chichis. Nuestras caderas se sincronizaron con la canción de Pancho Barraza esa pasion de amor que nos envolvía como una niebla caliente. Sus manos bajaron despacio por mi espalda hasta mi nalga apretándola suave pero firme. Mi corazón latía como tambor y entre las piernas ya sentía esa humedad traicionera.
Acto uno la tensión inicial. Hablamos pendejadas de la banda de Mazatlán del mar y de cómo la rola de Pancho nos había marcado. "Esa pasion de amor es lo que busco" me confesó mientras me pasaba una chela helada. Nuestros dedos se rozaron y fue como chispa eléctrica. Bailamos más pegados su verga semi dura presionando mi muslo. Yo lo miré a los ojos y le mordí el labio inferior juguetona. "¿Y si nos vamos a caminar?" propuse con voz temblorosa de deseo.
El camino a mi hotel era corto pero eterno. La luna iluminaba la arena blanca y el viento jugaba con mi pelo. Nos besamos por primera vez contra un coco su lengua invadió mi boca con sabor a cerveza y menta. Gemí bajito cuando su mano se coló bajo mi vestido acariciando mi piel de gallina. Qué chingón se siente esto pensé mientras lo jalaba más cerca. Entramos al lobby riéndonos como chavos el recepcionista nos vio con cara de "ya sé lo que van a hacer".
Acto dos la escalada. En el elevador no aguantamos sus manos expertas me amasaron los senos pellizcando los pezones duros a través de la tela. Yo le desabroché la camisa revelando un torso tatuado con águilas y rosas al estilo banda. Bajé la mano y la metí en su jeans sintiendo su verga gruesa palpitante. "¡Puta madre qué rica verga tienes!" le susurré al oído. Él gruñó y me levantó contra la pared del elevador lamiendo mi cuello hasta dejarme marca.
En la habitación el aire acondicionado zumbaba pero nosotros ardíamos. Lo empujé a la cama y me quité el vestido lento como stripper quedando en tanguita roja y nada más. Sus ojos se devoraban mi cuerpo mis chichis firmes mi cintura de avispa mi culo redondo. "Ven aquí mi reina" dijo quitándose todo. Su verga saltó libre venosa cabezona ya brillando de precum. Me arrodillé y la lamí desde la base hasta la punta saboreando su salado almizclado. Él jadeaba enredando sus dedos en mi pelo "¡Chíngame la boca Ana!"
Esto es mejor que cualquier rola de Pancho Barraza pensé mientras lo chupaba profundo mi garganta acomodándose a su tamaño.
Me levantó y me tiró en la cama abriéndome las piernas. Su lengua atacó mi concha empapada lamiendo el clítoris en círculos rápidos. Olía a mi propia excitación dulce y salada él gemía como si fuera el mejor postre. Metió dos dedos gruesos curvándolos justo en mi punto G mientras succionaba. Yo arqueé la espalda gritando "¡Sí cabrón no pares!" Las olas de placer subían y bajaban mi piel sudada brillaba bajo la luz tenue el sonido de mis jugos chupados llenaba la habitación.
La intensidad crecía. Lo monté a horcajadas su verga entrando centímetro a centímetro estirándome delicioso. "¡Qué apretada panochita!" rugió agarrando mis caderas. Reboté fuerte mis chichis saltando él las atrapaba chupándolas dejando mordidas suaves. Sudor nos unía piel con piel resbalosa el slap slap de carne contra carne rítmico como la banda de la playa. Cambiamos él atrás perrito hundiendo profundo sus bolas golpeando mi clítoris. "¡Te voy a llenar de leche mi amor!" gritó y yo exploté en orgasmo contracciones milking su verga mis piernas temblando visión borrosa.
Acto tres el clímax y cierre. Él se corrió segundos después chorros calientes inundando mi interior gimiendo mi nombre. Colapsamos jadeantes cuerpos entrelazados olor a sexo y sudor impregnando las sábanas. La canción de Pancho Barraza Pasion de Amor sonaba lejana desde la playa como si celebrara nuestro encuentro. Lo abracé besando su pecho "Esto fue chingón wey" le dije riendo.
Despertamos al amanecer con el sol filtrándose por las cortinas. Nos duchamos juntos sus manos jabonosas en mi cuerpo reviviendo chispas. "¿Volveremos a vernos?" preguntó serio. Yo sonreí "Si la pasion de amor de Pancho nos lo permite". Salimos tomados de la mano el mar testigo de nuestra noche inolvidable. Esa conexión no era solo físico era algo profundo como las letras que nos unieron. Caminamos por la playa sintiendo la arena tibia entre los pies el futuro abierto lleno de promesas sensuales.