Pasión Capítulos Completos
La noche en Polanco estaba viva con el bullicio de la ciudad que nunca duerme. El aire traía ese olor a mezcal ahumado y jazmín de los jardines cercanos mezclándose con el perfume dulce de las mujeres elegantes. Yo, Ana, acababa de entrar al bar La Fuente, un lugar chido donde la gente guapa se codea bajo luces tenues que bailan como estrellas coquetas. Llevaba un vestido rojo ceñido que me hacía sentir como una diosa, el tejido rozando mi piel con cada paso, enviando cosquillas que ya me ponían de nervios.
¿Por qué carajos vine sola esta noche? me pregunté mientras pedía un margarita en las rocas. El hielo crujía al chocar con el vaso, fresco contra mis labios calientes. Ahí lo vi. Javier, alto moreno con ojos que prometían pecados deliciosos, sentado en la barra con una cerveza en la mano. Nuestras miradas se cruzaron y fue como un rayo. Él sonrió, esa sonrisa pícara que dice "te voy a comer con los ojos".
—Órale, guapa, ¿vienes a ver la pasión o nomás a refrescarte? —me dijo acercándose, su voz grave como un tambor en mi pecho.
Reí, sintiendo el calor subir por mi cuello. —Neta, ando buscando algo que me prenda el ánimo. ¿Tú qué traes?
Hablamos de todo y nada. De la vida loca en la CDMX, de tacos al pastor que saben a gloria después de una buena cogida, y de pronto sacó el tema de las telenovelas. —Mira, wey, estoy enganchado con Pasión capítulos completos. Esa serie es puro fuego, cada capítulo te deja con las nalgas ardiendo de ganas.
Su mención a Pasión capítulos completos me dio un vuelco. Yo también la veía a escondidas, esas escenas donde los amantes se devoran con miradas que queman. El deseo inicial se encendió como yesca seca. Su mano rozó la mía al pasarme el salero, y sentí la electricidad subir por mi brazo, el pulso latiendo fuerte en mi muñeca. Olía a colonia fresca con un toque de sudor masculino que me mareaba.
La tensión creció con cada sorbo. Sus ojos bajaban a mis labios, a mi escote, y yo no podía evitar imaginar sus manos explorando.
¡Qué pendejo soy por no besarla ya!pensé que él diría, pero en cambio me invitó a su depa en la Roma, a unos pasos. —Vamos a ver el próximo capítulo de Pasión capítulos completos, prometo que será mejor que la tele.
Acepté, el corazón martilleando como tamborazo zacatecano. Caminamos por las calles empedradas, el viento nocturno levantando mi falda, rozando mis muslos. Su brazo alrededor de mi cintura era firme, posesivo pero tierno, y yo me apretaba contra él, sintiendo el calor de su cuerpo filtrarse a través de la camisa.
Entramos a su penthouse, minimalista con ventanales que mostraban las luces de la ciudad como un mar de estrellas. Puso música de Natalia Lafourcade bajita, esa voz ronca que invita a pecar. Sacó una botella de tequila reposado, el aroma terroso llenando el aire. —Por la pasión, capítulos completos —brindó, chocando su vaso contra el mío. El líquido quemaba dulce bajando por mi garganta, despertando cada nervio.
Nos sentamos en el sofá de piel suave, tan cerca que nuestras piernas se tocaban. Encendió la tele, pero nadie prestaba atención a la pantalla. Sus dedos trazaban círculos en mi rodilla, subiendo despacio, enviando ondas de placer que me humedecían ya. Esto es como los mejores capítulos de Pasión, pensé, mordiéndome el labio.
—Javier, no seas pendejo, bésame ya —le susurré, mi voz ronca de necesidad.
Él se giró, sus labios capturaron los míos en un beso hambriento. Su boca sabía a tequila y menta, lengua danzando con la mía en un duelo sensual. Gemí contra él, mis manos enredándose en su cabello negro azabache, tirando suave para profundizar. El beso escaló, sus manos subiendo por mis muslos, arrugando el vestido hasta que sentí el aire fresco en mi piel expuesta.
Me levantó en brazos como si no pesara nada, llevándome a la recámara. La cama king size nos esperaba con sábanas de algodón egipcio frescas. Me tendió despacio, sus ojos devorándome. —Eres preciosa, Ana, como la protagonista de Pasión capítulos completos —murmuró, besando mi cuello, lamiendo la sal de mi piel.
El calor de su aliento me erizaba la piel, pezones endureciéndose bajo el encaje del bra. Sus manos expertas desabrocharon el vestido, deslizándolo como serpiente mudando piel. Quedé en lencería roja, expuesta, vulnerable pero poderosa en su mirada de adoración. Él se quitó la camisa, revelando torso musculoso con vello oscuro que invitaba a tocar. Olía a hombre puro, sudor limpio y deseo crudo.
La escalada fue gradual, tortuosa. Besos bajando por mi pecho, lengua rodeando un pezón a través de la tela hasta que lo liberó y succionó fuerte. Gruñí, arqueándome, uñas clavándose en su espalda.
¡Qué chingón se siente esto, neta!Su mano descendió, dedos rozando mi humedad a través de las panties. —Estás chorreando, mamacita —dijo con voz juguetona, metiendo un dedo despacio, curvándolo para tocar ese punto que me hacía ver estrellas.
Yo no me quedé atrás. Bajé su pantalón, liberando su verga dura, palpitante, gruesa en mi mano. La acaricié despacio, sintiendo la vena latir, el calor irradiando. Él jadeó, caderas empujando contra mi palma. Nos devoramos mutuamente, lenguas y dedos explorando, el cuarto llenándose de gemidos y el sonido húmedo de piel contra piel. El olor a sexo nos envolvía, almizclado y embriagador.
La tensión psicológica ardía. ¿Quiero que dure para siempre o que explote ya? En su mente, yo imaginaba: Ella es mía esta noche, cada capítulo de esta pasión será inolvidable. Lo empujé sobre la cama, montándolo, guiando su polla a mi entrada. Despacio, centímetro a centímetro, lo sentí llenarme, estirándome deliciosamente. Grité su nombre, él agarró mis caderas, guiando el ritmo.
Cabalgamos como jinetes en estampida, sudor perlando nuestros cuerpos, resbalando entre pechos y abdomen. Sus manos amasaban mis nalgas, palmaditas juguetón que me hacían apretarlo más. Cambiamos posiciones, él encima, embistiendo profundo, mis piernas alrededor de su cintura. Cada choque enviaba ondas de placer, úteros contra pelvis, el slap slap resonando como aplausos obscenos.
—Más fuerte, Javier, ¡dame todo! —supliqué, uñas arañando su espalda.
Él aceleró, gruñendo como animal, mi clítoris rozando su pubis en cada thrust. El clímax se construyó como tormenta, mis músculos tensándose, visión nublándose. —¡Me vengo, carajo! —grité, explotando en espasmos que lo ordeñaron.
Él siguió unos segundos más, luego rugió su liberación, caliente dentro de mí, pulsando. Colapsamos, jadeantes, cuerpos entrelazados en charco de sudor y fluidos. El afterglow fue dulce, sus labios besando mi frente, manos acariciando mi cabello húmedo.
—Eso fue Pasión capítulos completos, Ana. El mejor episodio —susurró, riendo bajito.
Yo sonreí, el corazón lleno, el cuerpo saciado pero con eco de deseo. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero en esa cama, habíamos escrito nuestro propio final perfecto. Mañana, quién sabe, pero esta noche fue eterna.