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Frases de Pasion y Deseo que Queman la Piel

6416 palabras

Frases de Pasion y Deseo que Queman la Piel

Estás en un bar chido de la Roma, con luces tenues que bailan sobre las mesas de madera oscura. El aire huele a tequila reposado y jazmín fresco de los floreros en las esquinas. La música de un mariachi suave al fondo te pone la piel chinita, como si el ritmo ya te estuviera susurrando promesas. Tú, con ese vestido negro ceñido que marca tus curvas justito, sientes ojos clavados en ti. Pero solo uno te quema de verdad: el de él.

Se acerca con paso seguro, alto, moreno, con una sonrisa pícara que dice "neta, te voy a comer con los ojos". "Órale, morra, ¿vienes a robarme el aliento o qué?", te suelta, su voz grave como un ronroneo. Tú ríes, el corazón te late a mil. "Si supieras las frases de pasion y deseo que traigo en la cabeza, carnal, ya estarías de rodillas". Él se pega más, su colonia amaderada te envuelve, y el roce de su brazo en el tuyo es eléctrico, como chispas en la piel.

Hablan toda la noche, tequila en mano, el sabor ahumado quemándote la garganta. Él se llama Alex, empresario de esas que andan en camionetas pick-up por Polanco. Tú, Ana, diseñadora gráfica que vive por las noches locas. Cada frase que sale de sus labios es puro fuego: "Tu boca es mi vicio, déjame probarte hasta el amanecer". Tú respondes con una de las tuyas, sacada de un libro viejo de poesía erótica que lees a escondidas: "Tu deseo me moja, hazme tuya sin piedad". Sientes el calor subiendo por tus muslos, el pulso acelerado entre las piernas. El bar se vacía, pero la tensión entre ustedes crece como tormenta.

¿Y si lo llevo a mi depa? Neta, este wey me tiene mojadita con solo mirarme. Sus frases de pasion y deseo me prenden como mecha.

Salen tomados de la mano, el aire fresco de la noche mexicana los golpea, oliendo a tacos de la esquina y lluvia lejana. Caminan rápido a tu departamento en la Condesa, risas nerviosas rompiendo el silencio. La puerta se cierra con un clic que suena a liberación. Él te acorrala contra la pared del pasillo, sus labios rozan tu oreja: "Ana, quiero lamer cada centímetro de tu piel hasta que grites mi nombre". Tú gimes bajito, tus manos en su pecho duro, sintiendo los músculos tensos bajo la camisa.

Lo jalas al cuarto, la luz de la luna filtra por las cortinas, pintando sombras en su cuerpo. Se quitan la ropa despacio, como ritual. Primero tu vestido, que cae al piso con un susurro sedoso. Él admira tus tetas firmes, pezones duros como piedras. "Qué ricas, mi reina", murmura, y su boca las captura, chupando suave al principio, luego con hambre. Sientes su lengua caliente, áspera, el placer subiendo como ola. Tu mano baja a su pantalón, liberas su verga gruesa, palpitante. La tocas, dura como acero, la piel suave y venosa. "Mmm, qué chingona, Alex. Te la voy a mamar hasta que explotes".

Se tiran a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra la piel ardiente. Él te besa el cuello, mordisqueando, dejando marcas rojas que duelen rico. Sus manos recorren tu panza, bajan a tu concha depilada, húmeda de anticipación. Dedos expertos separan tus labios, frotan el clítoris hinchado. "Estás chorreando, Ana. Tu pasion y deseo me vuelven loco". Tú arqueas la espalda, el olor a sexo ya impregna el aire, almizclado y dulce. Gimes fuerte, "¡Sí, cabrón, métemela ya!". Pero él no corre, te tortura delicioso, lamiendo tu ombligo, bajando despacio.

Su lengua en tu concha es éxtasis puro. Lamidas largas, chupando tu jugo salado, el sabor de tu excitación en su boca. Sientes cada roce, vibraciones de sus gemidos contra tu carne sensible. Tus caderas se mueven solas, follas su cara, manos enredadas en su pelo negro. "Eres mi adicción, no pares", le susurras una frase de pasion y deseo que sale del alma. Él mete dos dedos, curvados, tocando ese punto que te hace ver estrellas. El orgasmo te pega como rayo, cuerpo temblando, jugos salpicando su barbilla. Gritas su nombre, uñas clavadas en sus hombros.

Neta, nunca me habían comido así. Este pendejo sabe lo que hace, me tiene rendida.

Aún jadeando, lo volteas, te pones encima. Su verga apunta al techo, goteando pre-semen. La agarras, frotas la cabeza rosada en tu entrada resbalosa. Bajas despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te estira, llena. "¡Ay, wey, qué grande!". Él gime, manos en tus caderas, guiándote. Empiezas a cabalgar, lento al principio, el slap de piel contra piel resonando. Sus ojos clavados en tus tetas rebotando, sudor perlando su pecho moreno.

La intensidad sube. Tú aceleras, concha apretándolo como guante. Él empuja desde abajo, profundo, golpeando tu cervix con cada embestida. "¡Fóllame más duro, Alex! Tu verga es mi fuego eterno". Él se incorpora, te besa con lengua salvaje, sabor a ti en su boca. Cambian posición: él arriba, misionero feroz. Piernas en sus hombros, entra hasta el fondo, bolas golpeando tu culo. El cuarto huele a sudor, sexo, pasión desatada. Gemidos se mezclan con el crujir de la cama, corazones latiendo al unísono.

Él te voltea a cuatro patas, agarra tus nalgas redondas, azota suave. "Qué culazo, Ana". Embiste como animal, mano en tu clítoris frotando. Sientes el orgasmo segundo construyéndose, bolas calientes contra ti. "Me vengo, mi amor", gruñe. Tú explotas primero, concha convulsionando, ordeñándolo. Él se corre dentro, chorros calientes llenándote, gritando "¡Pasion y deseo puro!". Colapsan juntos, cuerpos pegajosos, respiraciones entrecortadas.

Después, en la afterglow, él te abraza por detrás, verga semi-dura aún dentro. El aire fresco de la ventana los enfría, piel pegada. "Neta, esas frases de pasion y deseo que nos dijimos... fueron el detonante", murmura en tu oído, besando tu hombro. Tú sonríes, mano en su muslo peludo. "Contigo, cada palabra es preludio a más noches así". Duermen enredados, el amanecer tiñendo el cielo de rosa, prometiendo más fuego.

Despiertan con hambre de piel otra vez. Café negro humeante en la cocina, él desnudo solo con bóxer, tú en playera suya oversized. Ríen recordando la noche, frases saliendo solas: "Tu cuerpo es mi poema favorito". Saben que esto no acaba aquí. La pasion y deseo, como buen tequila, deja resaca rica que pide más.

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