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Pasión Futbolera Desatada en Facebook

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Pasión Futbolera Desatada en Facebook

Todo empezó una noche de viernes, cuando el pinche tráfico de la Ciudad de México me tenía harto. Me metí a Facebook desde mi cel, buscando distraerme, y ahí estaba el grupo Pasión Futbolera, lleno de weyes gritando por el próximo Clásico Nacional. Yo, Alejandro, fanático del América hasta la medula, no pude resistirme. Subí un meme burlándome de los americanistas rivales, y de repente, un like con comentario: "¡Ja ja ja, ese azulcrema pendejo sabe!" de una chava llamada Valeria.

Su foto de perfil era fuego puro: morena clara, ojos cafés intensos, labios carnosos sonriendo con una playera del Guadalajara ajustada que marcaba sus chichis perfectas. El corazón se me aceleró como si estuviera en el minuto 90 de un partido empatado. Le respondí: "¿Güera rayada o qué? ¡Viva el Rebaño!" y así arrancó el chat privado. Hablamos de goles, de Chicharito, de cómo el fútbol nos ponía la piel chinita de emoción. Su voz en los audios era ronca, sexy, con ese acento chilango que me erizaba los vellos.

Los días pasaron volando. Cada notificación de Facebook era como un golazo: "¿Viste el partidazo wey? Me dieron ganas de saltar", escribía ella, y yo imaginaba su cuerpo sudado, brincando en la sala. Le mandé una foto mía en el estadio Azteca, sin camisa, marcado por el sol. Ella respondió con una selfie en short deportivo, piernas torneadas brillando de sudor post-gym. "¡Qué rico se ve ese abdomen, americanito travieso!" El deseo crecía como la afición en las gradas, latiendo fuerte.

Una semana después, el grupo Pasión Futbolera organizó un cotorreo en un bar de Polanco para ver el América vs Chivas. "¿Vas?" me preguntó Valeria. "¡Órale, ahí nos vemos, nena!" Mi pulso se disparó. Me puse mi playera azulcrema, colonia fresca, y salí volando.

El bar estaba a reventar, olor a chelas frías y tacos al pastor flotando en el aire. Luces tenues, pantallas gigantes con el partido, gritos de "¡Vamos Águilas!" y "¡Chivas cabrón!". La vi de lejos: falda corta roja, blusa escotada que dejaba ver el valle entre sus senos, cabello suelto cayendo en ondas. Se acercó contoneándose, su perfume dulce invadiéndome como un tiro libre perfecto.

¡Ey, el pendejo de Facebook! —rió, abrazándome fuerte. Su cuerpo se pegó al mío, pechos suaves presionando mi pecho, calor subiendo por mi entrepierna. Nos sentamos en una mesa apartada, chelas en mano, apostando: si ganaba el América, ella me debía un beso; si Chivas, yo le pagaba unos shots.

El partido fue una locura. Gritos, abrazos cada gol, roces "accidentales" de sus muslos contra los míos. Su piel tibia rozándome, olor a vainilla y excitación mezclándose con el humo de cigarros. En el medio tiempo, su mano se posó en mi rodilla, subiendo despacio.

¿Qué carajos estoy haciendo? Este wey me prende como nadie, su mirada me moja entera
, pensé que diría ella, porque sus ojos brillaban con hambre.

El América metió el segundo gol. Ella fingió enojo, pero me jaló de la playera y me plantó un beso que sabía a tequila y promesas. Lenguas enredándose, húmedas, salvajes, mientras la afición rugía. Mi verga se endureció contra sus caderas cuando me senté en su regazo un segundo. "Perdí la apuesta, pero ganas tú todo", susurró en mi oído, mordiéndome el lóbulo. El calor entre sus piernas me quemaba a través de la tela.

Salimos del bar tambaleándonos de risa y deseo, el partido olvidado. Caminamos por las calles iluminadas de Polanco, manos entrelazadas, dedos jugando. Llegamos a su depa en una torre chic, vista al skyline. La puerta se cerró y ya estábamos devorándonos. Sus labios suaves, hinchados, saboreando mi boca con urgencia. Le quité la blusa, revelando un brasier rojo de encaje que apenas contenía sus tetas firmes, pezones duros como piedras.

Te quiero desde el primer mensaje en Pasión Futbolera, cabrón —gimió mientras yo lamía su cuello, salado de sudor, bajando a morder esos pezones rosados. Ella jadeaba, uñas clavándose en mi espalda, aroma a mujer en calor inundando la habitación. La cargué al sillón, falda arriba, tanga empapada. La besé ahí, lengua explorando su clítoris hinchado, sabor dulce y salado de su excitación. "¡Sí, así, no pares, wey!" gritó, caderas arqueándose, piernas temblando.

Me desabrochó el pantalón, liberando mi verga tiesa, palpitante. La miró con ojos lujuriosos, mano envolviéndola, masturbándome lento, pulgar en la punta húmeda. "Qué chingona se ve, toda para mí". Se arrodilló, boca caliente envolviéndome, lengua girando, succionando con maestría. Gemí fuerte, manos en su pelo, empujando suave. El sonido chupante, húmedo, me volvía loco.

La levanté, la puse contra la pared, piernas alrededor de mi cintura. Entré en ella despacio, centímetro a centímetro, su coño apretado, resbaloso, apretándome como guante. "¡Ay, cabrón, me llenas toda!" chilló, uñas rasgando mi piel. Empujé fuerte, ritmados, piel chocando con palmadas resonantes. Sudor goteando, pechos rebotando, olores mezclados de sexo y pasión futbolera. La volteé, de perrito en el sillón, nalgadas suaves en su culo redondo, perfecto.

Cambié posiciones como en un contragolpe: misionero en la cama, ella encima cabalgándome salvaje, tetas brincando, gemidos roncos. "¡Más duro, americanito, métemela hasta el fondo!" Su interior convulsionaba, ordeñándome. Sentí el clímax subir, bolas tensas. "Voy a venir, nena". Ella aceleró, "¡Dentro, lléname!". Exploté en chorros calientes, ella gritando su orgasmo, paredes apretando, jugos mezclándose.

Caímos exhaustos, cuerpos enredados, piel pegajosa de sudor y semen. Besos suaves ahora, caricias perezosas. El skyline titilaba afuera, como estrellas en un estadio vacío. "Eso fue mejor que cualquier gol en Pasión Futbolera de Facebook", murmuró ella, cabeza en mi pecho, dedo trazando mi abdomen.

Nos quedamos así, respiraciones calmándose, corazones latiendo al unísono. Mañana veríamos otro partido, pero esta pasión ya era nuestra liga privada. Ella se acurrucó más, suspiro satisfecho. Yo sonreí, sabiendo que el chat de Facebook había sido el verdadero pitazo inicial.

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