En Que Ano Se Filmo Nuestra Pasion de Gavilanes
Ana se recargó en el marco de la puerta del departamento de Javier, con el corazón latiéndole a toda madre. El aroma a tacos al pastor recién hechos flotaba en el aire, mezclado con el perfume fresco de su colonia, esa que siempre la ponía calientita. Habían pasado apenas un mes desde que se conocieron en una fiesta en Polanco, pero cada cita era como una chispa que amenazaba con incendiar todo. Javier, con su sonrisa pícara y esos ojos cafés que prometían travesuras, la miró de arriba abajo, devorándola con la mirada.
—Pásale, mamacita, ya está todo listo —le dijo él, con esa voz ronca que le erizaba la piel.
Ana entró, sintiendo el roce de su mano en la cintura, un toque casual pero cargado de electricidad. Se sentaron a la mesa, riendo de tonterías del trabajo. Él era ingeniero, ella diseñadora gráfica, dos treintañeros independientes que no buscaban complicaciones, pero la química entre ellos era pura dinamita. Mientras comían, sus pies se rozaban bajo la mesa, un juego sutil que aceleraba su pulso.
¿Por qué este wey me hace sentir así? Como si cada mirada fuera una caricia directa al alma... o más abajo.
Después de cenar, se mudaron al sillón mullido de la sala. Javier encendió la tele, y justo empezaba una reposición de Pasión de Gavilanes, esa telenovela colombiana que había marcado a toda una generación. Los hermanos Reyes aparecían en pantalla, con sus camisas ajustadas y miradas de fuego, conquistando a las hermanas Elizondo en medio de venganzas y ranchos polvorientos.
—Neta, esta novela es lo máximo —comentó Javier, pasando un brazo por sus hombros–. ¿Te acuerdas cuando la veíamos de morrillos?
Ana asintió, acomodándose contra su pecho, inhalando su olor a hombre limpio y deseable. —Claro, wey. Era puro drama y pasión. Oye, ¿en que año se filmo pasion de gavilanes? —preguntó ella de repente, recordando una trivia que había visto en redes.
Javier se rio, apretándola más. —En el 2003, reina. ¿Quieres que te lo demuestre? —Sus labios rozaron su oreja, enviando ondas de calor directo a su entrepierna.
La tensión que había estado bullendo toda la noche estalló como volcán. Ana giró el rostro, y sus bocas se encontraron en un beso hambriento. Sus lenguas danzaron, saboreando el picor de la salsa de los tacos y el dulzor de la cerveza. Las manos de él subieron por su espalda, desabrochando el sostén con maestría, mientras ella tiraba de su playera, exponiendo el torso musculoso que tanto le gustaba acariciar.
Su piel es tan suave, tan caliente... Quiero perderme en él toda la noche.
Se levantaron sin dejar de besarse, tropezando hacia el cuarto como posesos. La habitación estaba iluminada por la luz tenue de una lámpara, con sábanas frescas que olían a suavizante de lavanda. Javier la tumbó en la cama con gentileza, pero sus ojos ardían de deseo puro. —Déjame adorarte, Ana —murmuró, besando su cuello, bajando por el valle de sus senos.
Ella arqueó la espalda, gimiendo bajito cuando su boca capturó un pezón, chupándolo con una succión perfecta que la hizo mojar al instante. Sus dedos expertas bajaron por su vientre, desabotonando los jeans, deslizándose dentro de las panties. Encontró su clítoris hinchado, lo masajeó en círculos lentos, haciendo que sus caderas se movieran solas.
—¡Ay, Javier, no pares! —suplicó ella, con la voz entrecortada. El sonido de sus respiraciones agitadas llenaba el cuarto, mezclado con el leve zumbido del aire acondicionado.
Él se arrodilló entre sus piernas, quitándole la ropa con reverencia. El olor almizclado de su excitación lo enloqueció. Bajó la cabeza y lamió su panocha con devoción, saboreando cada gota de su néctar dulce y salado. Ana se aferró a las sábanas, sus muslos temblando, mientras su lengua exploraba pliegues y entraba en ella, imitando lo que vendría después. Qué chingón es este carnal, pensó, mientras oleadas de placer la recorrían.
Pero no quería ser la única en el paraíso. Lo jaló hacia arriba, desabrochando su cinturón con urgencia. Su verga saltó libre, dura como piedra, venosa y palpitante. Ana la tomó en la mano, sintiendo su calor y grosor, y la lamió desde la base hasta la punta, probando el sabor salobre de su pre-semen. Javier gruñó, enredando los dedos en su cabello. —Qué rica boca tienes, nena.
Se pusieron en posición del misionero, pero con ella arriba para tomar el control. Ana se empaló en él despacio, centímetro a centímetro, gimiendo al sentirlo llenarla por completo. El estiramiento era delicioso, rozando cada nervio sensible. Empezó a moverse, subiendo y bajando, sus tetas rebotando al ritmo. Javier la sujetaba por las caderas, embistiéndola desde abajo, sus pelvis chocando con un plaf húmedo y rítmico.
Esto es mejor que cualquier telenovela. Su verga me parte en dos, pero qué gusto tan cabrón.
El sudor perlaba sus cuerpos, haciendo que la piel resbalara deliciosamente. Cambiaron a perrito, él entrando por detrás con fuerza controlada, una mano en su clítoris, la otra jalándole el cabello suave. Ana gritaba de placer, el sonido ahogado contra la almohada. —¡Más duro, pendejo! ¡Dame todo!
La intensidad crecía como una tormenta. Javier la volteó de nuevo, mirándola a los ojos mientras la penetraba profundo. —Te amo así, salvaje y mía —confesó entre jadeos. Esas palabras la catapultaron. Su orgasmo llegó como un tsunami, contrayendo su concha alrededor de él, ordeñándolo. Gritos guturales escaparon de su garganta, el mundo explotando en colores y sensaciones.
Javier la siguió segundos después, gruñendo su nombre mientras se vaciaba dentro de ella, chorros calientes que la llenaron de calor líquido. Colapsaron juntos, exhaustos y satisfechos, piel contra piel, corazones martilleando al unísono.
En el afterglow, se acurrucaron bajo las sábanas revueltas. El olor a sexo impregnaba el aire, mezclado con sus esencias. Javier le besó la frente. —Esa pasión de Gavilanes no es nada comparada con la nuestra, ¿verdad?
Ana sonrió, trazando círculos en su pecho.
En que año se filmo pasion de gavilanes da igual. Lo nuestro empezó este año, y va pa'l largo.Sintió una paz profunda, un cierre emocional que la hacía sentir empoderada, deseada, completa. Mañana sería otro día, pero esta noche, eran invencibles.