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Pasión de Gavilanes YouTube Encendida

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Pasión de Gavilanes YouTube Encendida

La lluvia caía a cántaros sobre el techo de mi departamentito en la Roma, ese golpeteo constante que te hace querer acurrucarte bajo las cobijas. Era viernes por la noche, y mi carnal, Javier, acababa de llegar del trabajo, todo mojado y con esa sonrisa pícara que me deshace las rodillas. Qué chingón se ve cuando está así de fresco, pensé mientras lo veía quitarse la camisa empapada, dejando al aire ese torso moreno y marcado por horas en el gym.

"Órale, Javi, ponte algo seco antes de que te resfríes, pendejo", le dije riendo, tirándole una toalla desde el sofá. Él se acercó, me jaló de la cintura y me plantó un beso que sabía a café y a lluvia. Sus manos grandes, callosas de tanto manejar su troca, se colaron bajo mi blusa, rozando mi piel erizada.

"¿Qué onda con la noche? ¿Película o qué?", murmuró contra mi cuello, su aliento caliente enviando chispas por mi espinazo. Yo saqué el control remoto y encendí la tele con YouTube abierto. "Vamos a ver algo que nos prenda, carnal. ¿Has visto Pasión de Gavilanes? Está en YouTube completo, y esa pasión de los Reyes te deja con las hormonas alborotadas".

Él se rio bajito, ese sonido ronco que me hace mojarme al instante. "Suena chido, mi reina. Ponlo". Nos recargamos en el sofá, yo entre sus piernas, su pecho duro contra mi espalda. El cuarto olía a su colonia barata mezclada con el aroma terroso de la tormenta afuera. Clic, y ahí estaba: Pasión de Gavilanes YouTube, el primer capítulo cargando con esa música de ranchera dramática que te mete en el mood.

Los hermanos Reyes, rudos y guapos, conquistando a las hermanas Elizondo con miradas que queman. Yo sentía el corazón de Javi latiendo fuerte contra mí, su mano descansando en mi muslo, subiendo despacito.

¿Por qué esta novela me prende tanto? Esas venganzas, esos besos robados bajo la luna... me imagino a mí como una de ellas, y a Javi como Franco Reyes, todo macho y protector.
La pantalla parpadeaba con escenas de roce prohibido, y el calor entre mis piernas empezaba a crecer.

En la mitad del episodio, cuando Óscar besa a Jimena con esa hambre animal, Javi me mordió la oreja suave. "Mira eso, amor. Así te quiero besar yo". Su voz era un gruñido bajo, vibrando en mi piel. Giré la cabeza, y nuestros labios se encontraron en un beso lento, jugoso, saboreando la lengua del otro como si fuera tequila añejo. Sus dedos se clavaron en mi cadera, apretando la carne suave bajo mis shorts de pijama.

La lluvia arreciaba, un tamborileo hipnótico que ahogaba los gemidos suaves que se me escapaban. Pausé el video –Pasión de Gavilanes YouTube quedaría para después– y me volteé a horcajadas sobre él. "Javi, me estás volviendo loca. Siento tu verga dura contra mí, cabrón". Él sonrió, malicioso, y metió las manos por debajo de mi blusa, pellizcando mis pezones que ya estaban duros como piedritas.

"¿Sí? ¿Quieres que te haga mía como en esa novela?", susurró, lamiendo mi cuello, dejando un rastro húmedo que olía a sal y deseo. Asentí, jadeando, mientras frotaba mi entrepierna contra su bulto. El sofá crujía bajo nuestro peso, el aire cargado con el olor almizclado de nuestra excitación. Me quité la blusa despacio, dejándole ver mis tetas llenas, oscuras por el sol mexicano. Él las tomó en sus manos, chupando un pezón con hambre, succionando hasta que grité bajito.

Nos movimos al piso, alfombra áspera contra mi espalda desnuda. Javi se desabrochó los jeans, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. Qué mamada de tamaño, siempre me llena hasta el fondo. Yo me lamí los labios, bajando la mano para acariciar su tronco caliente, sintiendo las venas saltar bajo mis dedos. "Chúpamela, mi amor", pidió él, y yo obedecí, arrodillándome. Mi boca lo envolvió, cálida y húmeda, saboreando el precum salado que brotaba de la punta. Lo mamaba profundo, garganta relajada, mientras él gemía "¡Ay, wey, qué rico!" y enredaba sus dedos en mi pelo.

Pero no quería acabar así. Lo empujé de espaldas, montándolo como una amazona. Mi panocha chorreaba, resbaladiza, y me hundí en él de un jalón, sintiendo cómo me abría, me estiraba, me llenaba hasta el útero. "¡Sí, Javi! ¡Fóllame duro!", grité, cabalgándolo con furia. Sus caderas subían a mi ritmo, cachetadas húmedas resonando en el cuarto. Sudor perlando su pecho, goteando sobre mi piel. Olía a sexo puro, a cuerpos en llamas.

La tensión crecía, mis paredes apretándolo como un puño, sus bolas golpeando mi culo con cada embestida.

Esto es mejor que cualquier Pasión de Gavilanes, es nuestra pasión real, cruda, mexicana.
Él me volteó, poniéndome a cuatro patas, y entró por detrás, profundo, animal. Sus manos en mis caderas, jalándome contra él. "¡Eres mía, pinche diosa!", rugía, mientras yo me arqueaba, tetas balanceándose, uñas clavadas en la alfombra.

El clímax nos golpeó como un rayo. Yo primero, explotando en oleadas que me hacían temblar, gritando su nombre mientras mi jugo lo empapaba. Él se corrió segundos después, caliente, espeso, llenándome hasta rebosar. Nos derrumbamos, jadeantes, piel pegajosa de sudor y fluidos. La lluvia seguía cayendo, un arrullo suave ahora.

Minutos después, envueltos en una cobija, con su brazo alrededor de mí, encendí de nuevo YouTube. "Pasión de Gavilanes YouTube nos prendió chido, ¿verdad?", dije riendo. Él me besó la frente. "Pero nada como la nuestra, mi vida. Tú eres mi gavilán, la que vuela alto en mi corazón".

Nos quedamos así, viendo la novela con sonrisas tontas, el calor de nuestros cuerpos mezclándose con el afterglow. Afuera, la tormenta amainaba, pero dentro, la pasión ardía eterna.

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