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Actriz Diario de una Pasion

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Actriz Diario de una Pasion

Sofía siempre había sido la reina de las telenovelas en Ciudad de México. Con su melena negra cayendo en ondas perfectas sobre los hombros y esos ojos verdes que hipnotizaban a la cámara, nadie dudaba de su estrellato. Pero detrás de las luces del foro en Televisa San Ángel, su vida era un remolino de soledad. Actriz diario de una pasión, pensó un día mientras garabateaba en su libreta de cuero rojo, comprada en una tiendita chida de la Condesa. Quería confesar lo que bullía en su interior, esa hambre que las cámaras no captaban.

Todo empezó en el set de Corazón Salvaje, su última producción. Ahí estaba él, Alejandro, el galán protagónico con esa sonrisa pícara y cuerpo de gym que hacía suspirar a las extras. Alto, moreno, con barba de tres días que raspaba delicioso al imaginarlo. Órale, neta que desde el primer ensayo, su mirada me clavaba como flecha. Yo, vestida con un escote que dejaba ver el nacimiento de mis chichis firmes, sentía su vista recorrer mi piel morena como caricia invisible. El director gritaba "¡Acción!", y en la escena del beso fingido, sus labios rozaron los míos de verdad. Un escalofrío me recorrió la espina, el olor de su colonia cítrica invadiendo mis fosas nasales, mezclándose con el sudor del calor del foro.

Entrada 1: 15 de marzo
Hoy Alejandro me miró como si quisiera comerme viva. En el descanso, se acercó con un café en la mano. "Sofía, estás que ardes en esa escena", me dijo con voz ronca. Sentí mi panocha humedecerse al instante. ¿Qué pedo conmigo? Soy actriz profesional, pero este wey me pone como perra en celo.

Los días siguientes fueron tortura deliciosa. Ensayábamos diálogos cargados de tensión sexual, y cada roce accidental encendía chispas. Su mano en mi cintura para guiarme en un vals, el calor de su palma traspasando la tela ligera de mi blusa. Yo respondía con sonrisas coquetas, mordiéndome el labio inferior, saboreando el gloss de fresa que me ponía para provocarlo. En el camerino, me masturbaba pensando en él, imaginando su verga dura presionando contra mi muslo. Neta, necesitaba más que fantasías.

Una noche, después de un take perfecto, el equipo se fue a celebrar a un bar en Polanco. Luces neón parpadeando, reggaetón retumbando en los parlantes, olor a tequila y cigarros. Alejandro se sentó a mi lado, su muslo rozando el mío bajo la mesa. "Cuéntame de ti, Sofía. Fuera de cámaras", murmuró, su aliento cálido en mi oreja. Le hablé de mis sueños, de cómo ser actriz me salvó de una vida aburrida en Guadalajara. Él confesó que yo era su debilidad desde el casting. Nuestras manos se entrelazaron, dedos jugando, pulsos acelerados latiendo al unísono. Cuando salimos, el aire fresco de la noche me erizó la piel, pero su beso en la puerta del valet lo encendió todo de nuevo.

Sus labios devoraban los míos con hambre, lengua explorando mi boca con sabor a mezcal. Gemí bajito, mis tetas apretándose contra su pecho firme. "Vamos a mi depa", jadeó él, y yo asentí, empapada ya entre las piernas. En su penthouse en Lomas con vista al skyline de la CDMX, las luces de la ciudad titilaban como estrellas caídas. Me quitó el vestido con urgencia, sus manos callosas de tanto manejar equipo rozando mi piel suave, bajando por mi espalda hasta apretar mis nalgas redondas.

Entrada 2: 20 de marzo
¡Ay, Dios! Anoche follamos como animales. Su boca en mis pezones, chupándolos hasta ponérmelos duros como piedras. Olía a hombre puro, a sudor y deseo. Mi diario de una pasión como actriz apenas empieza, pero ya quiero más.

En la cama king size, con sábanas de algodón egipcio suaves como nube, me tendió boca arriba. Sus ojos oscuros devorándome, recorriendo mis curvas: caderas anchas, cintura de avispa, panocha depilada reluciente de jugos. Bajó la cabeza, su aliento caliente sobre mi clítoris hinchado. Lamidas lentas, torturantes, lengua girando en círculos que me hacían arquear la espalda. "¡Alejandro, sí, así!", grité, mis uñas clavándose en su nuca. El sonido de su succión, chapoteante y obsceno, llenaba la habitación junto a mis gemidos roncos. Sentía mi pulso en las sienes, el calor subiendo desde el vientre como lava.

Pero no quería correrme aún. Lo empujé, volteándolo. Mi turno. Besé su torso definido, lamiendo el rastro de vello hasta su verga erecta, gruesa y venosa, palpitando en mi mano. La tomé en la boca, saboreando el precum salado, chupando con avidez mientras él gruñía "¡Puta madre, Sofía, eres una diosa!". El olor almizclado de su excitación me volvía loca, mis jugos chorreando por mis muslos. Subí a horcajadas, frotando mi concha mojada contra su pija dura, lubricándola. Lentamente, me hundí en él, centímetro a centímetro, gimiendo al sentirlo llenarme por completo. Estiré mis paredes internas, apretándolo como guante.

Cabalgamos con ritmo frenético, piel contra piel chapoteando, sudor perlando nuestros cuerpos. Sus manos amasando mis tetas, pellizcando pezones. Yo rebotaba, mis caderas girando, clítoris rozando su pubis en cada bajada. "¡Más duro, carnal!", le exigí, y él obedeció, embistiéndome desde abajo con fuerza brutal pero placentera. El colchón crujía, la cabecera golpeando la pared. Olía a sexo puro, a feromonas y sábanas revueltas. Mi orgasmo llegó como tsunami: contracciones violentas ordeñando su verga, grito ahogado en mi garganta, visión nublada de placer.

Él se corrió segundos después, chorros calientes inundándome, su rostro contorsionado en éxtasis. Colapsamos, jadeantes, cuerpos entrelazados pegajosos de sudor. Su corazón tronaba contra mi mejilla, su mano acariciando mi cabello húmedo. "Eres increíble, Sofía", susurró. Yo sonreí, besando su pecho salado.

Entrada 3: 25 de marzo
Esta pasión es adictiva. Alejandro no es solo un polvo; me hace sentir viva, empoderada. Como actriz, vivo de ficciones, pero esto es real. Mi actriz diario de una pasión guarda secretos que nadie imaginará.

Los días siguientes fueron un torbellino. Robábamos momentos en el set: besos en pasillos oscuros, dedos metiéndose bajo faldas en el baño. Cada noche en su depa o el mío en Roma Norte, explorábamos más. Una vez, en la regadera, agua caliente cayendo como lluvia tropical, él me penetró por detrás, mis manos contra los azulejos fríos, gemidos ahogados por el vapor. Su verga deslizándose resbalosa, mis tetas balanceándose, el jabón perfumado a lavanda mezclándose con nuestro aroma íntimo.

Pero no todo era físico. Conversábamos horas, desnudos en la cama, compartiendo miedos. Él de fracasar como actor, yo de ser solo un rostro bonito. Esa vulnerabilidad nos unía más. Una tarde, en su terraza con vista al Popo nevado a lo lejos, hicimos el amor lento. Besos suaves, caricias etéreas. Entró en mí despacio, mirándome a los ojos, nuestros alientos sincronizados. Movimientos ondulantes, como olas del Pacífico en Acapulco. El sol poniente tiñendo todo de oro, pieles brillando. Corríamos juntos, explosión compartida, lágrimas de emoción en mis ojos.

Ahora, semanas después, esta pasión define mi vida. En el foro, disimulamos, pero un guiño basta para encender el fuego. Alejandro me hace sentir invencible, una diosa del deseo. Y este diario, testigo mudo, guarda cada latido acelerado, cada roce ardiente. ¿Durará? No sé, pero por ahora, vivo en éxtasis. Como actriz, domino la pantalla; como mujer, domino esta pasión que me consume.

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