Relatos
Inicio Erotismo Paola Nuñez Pasion Morena Paola Nuñez Pasion Morena

Paola Nuñez Pasion Morena

6722 palabras

Paola Nuñez Pasion Morena

La noche en Polanco estaba viva, con ese bullicio de luces neón y risas que se mezclaban con el ritmo de la cumbia rebajada que salía de los antros. Yo, Alejandro, había salido con los cuates a echar desmadre, pero nada me preparó para verla. Ahí estaba ella, Paola Nuñez, recargada en la barra del rooftop bar, con un vestido negro ceñido que abrazaba sus curvas morenas como si fuera una segunda piel. Su piel brillaba bajo las luces, ese tono canela profunda que gritaba pasion morena, y sus ojos negros me clavaron en el sitio. Llevaba el cabello suelto, ondulado, cayéndole por la espalda como una cascada de medianoche.

Me acerqué, con el corazón latiéndome como tambor en quinceañera.

"¿Qué onda, guapa? ¿Me invitas a un trago o qué?"
le dije, tratando de sonar chido aunque por dentro temblaba. Ella volteó, sonrió con labios carnosos pintados de rojo fuego, y su voz ronca, con ese acento chilango puro, respondió:
"Si traes con qué pagar, carnal, pero mira que yo no soy barata."
Nos reímos, y pedí dos tequilas reposados. El aroma del agave nos envolvió mientras chocábamos copas, y sentí su mirada recorriéndome, evaluándome como si ya supiera lo que vendría.

Platicamos de todo y nada. Ella era actriz, me contó, de esas que prenden la pantalla con solo parpadear. Habló de su última audición para una serie bien caliente, y yo no podía dejar de imaginarla en escenas de Paola Nuñez pasion morena, sudando bajo focos, gimiendo con esa intensidad que ahora me regalaba con cada mirada. Su perfume, jazmín mezclado con vainilla, me llegaba en oleadas, y el roce accidental de su brazo contra el mío mandaba chispas por mi espina. Pinche mujer, ¿por qué me pones así de una? pensé, mientras el calor subía por mi pecho.

La música cambió a un son más lento, sensual, y la invité a bailar. En la pista improvisada, sus caderas se movieron contra las mías, ese vaivén moreno que hipnotizaba. Sentí su trasero firme presionando mi entrepierna, y ya estaba duro como piedra. Ella lo notó, se giró y susurró al oído:

"Te siento, cabrón. ¿Quieres más?"
Su aliento cálido olía a tequila y deseo, y asentí, mudo. La llevé de la mano hasta mi coche, un Escape negro parked afuera. Adentro, antes de arrancar, me jaló para un beso. Sus labios suaves, jugosos, sabían a sal y fuego; su lengua danzó con la mía, explorando, reclamando. Manos por todos lados: las mías en su cintura, las de ella en mi nuca, tirando de mi pelo.

Acto dos: la escalada

Llegamos a mi depa en la Roma, con el corazón retumbando. Apenas cerré la puerta, Paola me empujó contra la pared, sus uñas arañando mi camisa.

"Quítatela, Alejandro. Quiero verte."
Obedecí, y ella se desabrochó el vestido, dejándolo caer como una promesa rota. Quedó en lencería roja, tetas perfectas asomando, pezones duros pidiendo atención. Su piel morena relucía con un leve sudor, oliendo a sexo inminente, ese musk femenino que enloquece.

La cargué hasta la recámara, besándola todo el camino. La tiré en la cama king size, y me quité el resto de la ropa. Ella se lamió los labios viéndome desnudo, mi verga tiesa apuntando a ella. Qué chingona está esta morena, pensé, mientras trepaba sobre ella. Empecé despacio, besos en el cuello, mordisqueando esa piel salada. Bajé a sus tetas, chupando un pezón mientras pellizcaba el otro. Paola gemía bajito,

"Sí, así, pendejo... no pares."
Sus manos enredadas en mi pelo, guiándome más abajo.

Le quité las panties, mojadas ya, y separé sus piernas. Su coño depilado, hinchado de ganas, brillaba con jugos. Olía delicioso, dulce y salado. Lamí despacio, desde el clítoris hasta el fondo, saboreando su esencia. Ella arqueó la espalda, gritando

"¡Ay, wey! ¡Qué rico tu lengua!"
Metí dos dedos, curvándolos, tocando ese punto que la hacía temblar. Su pasion morena explotaba: caderas moviéndose, jugos chorreando por mi barbilla. La llevé al borde dos veces, parando para alargar el tormento. No quiero que acabe aún, esta chava me tiene loco.

Paola no aguantó más. Me volteó, montándome como amazona. Su coño caliente se tragó mi verga de un jalón, apretándome como guante de terciopelo húmedo.

"Te voy a cabalgar hasta que pidas clemencia, cabrón."
Empezó lento, subiendo y bajando, sus tetas rebotando hipnóticas. El sonido de piel contra piel, chapoteo de jugos, gemidos roncos llenaban la habitación. Sudábamos juntos, su sudor moreno goteando en mi pecho, mezclándose con el mío. Aceleró, clavándome las uñas en los hombros, gritando mi nombre. Yo la agarraba las nalgas, duras y redondas, ayudándola a follar más fuerte.

Cambié posiciones: de lado, cucharita, sintiendo cada centímetro de ella. Su aliento en mi oreja,

"Más adentro, amor... dame todo."
El olor a sexo nos ahogaba, sábanas revueltas pegadas a la piel. La puse en cuatro, embistiéndola profundo, cacheteándola suave. Ella volteaba, ojos en llamas:
"¡Sí, así! ¡Soy tu puta morena esta noche!"
La tensión crecía, mis bolas apretadas, su coño contrayéndose alrededor de mí.

Acto tres: la liberación

No aguanté más. La volteé boca arriba, piernas en mis hombros, y la follé con todo, piel chocando, sudada y resbalosa. Paola se tocaba el clítoris, gimiendo cada vez más alto:

"¡Me vengo, Alejandro! ¡Chíngame fuerte!"
Su orgasmo la sacudió, coño pulsando, jugos empapando todo. Eso me llevó al límite. Pinche pasion morena, me matas, grité mentalmente, y exploté dentro de ella, chorros calientes llenándola mientras temblábamos juntos.

Caímos exhaustos, jadeando. Su cabeza en mi pecho, pelo moreno desparramado, piel pegajosa contra la mía. El aire olía a nosotros, a semen y sudor dulce. La besé la frente, suave.

"Eres increíble, Paola. Esa pasion morena tuya... uff."
Ella rio bajito, trazando círculos en mi abdomen.
"Tú tampoco estás tan pendejo, wey. Esto fue chingón."

Nos quedamos así, envueltos en sábanas revueltas, con la ciudad zumbando afuera. Pensé en cómo esa noche cambió todo: de un flirteo en Polanco a esta conexión carnal, profunda. Ella se acurrucó más, su calor moreno calmándome el alma. No era solo sexo; era fuego compartido, deseo mutuo que nos dejó satisfechos pero con ganas de más. Al amanecer, con sus labios rozando los míos, supe que Paola Nuñez y su pasion morena serían mi adicción.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatos.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.