Cañaveral de Pasiones Cap 81 Fuego Bajo las Cañas
El sol del mediodía caía a plomo sobre el cañaveral de pasiones como un amante posesivo que no soltaba su presa. Juana caminaba entre las altas varas de caña que se mecían con el viento caliente, rozando su piel morena con un susurro verde y áspero. El aire olía a tierra húmeda tierra dulce y a ese sudor que ya empezaba a perlar su escote bajo la blusa de algodón pegajosa. Hacía años que trabajaba aquí en Veracruz pero cada día el cañaveral le recordaba por qué lo llamaba así en secreto: era un laberinto de deseos ocultos donde los cuerpos se perdían y se encontraban en éxtasis prohibido pero siempre consentido.
Juana se detuvo un momento apoyando la mano en una caña gruesa. Su mente voló a Miguel ese macho veracruzano de ojos negros como el café de olla y brazos fuertes de cortar caña toda la vida. Habían empezado como compañeros de faena pero una noche de tormenta bajo la lluvia torrencial todo cambió.
"Ven Juana déjame probarte como esta tierra prueban la lluvia"le había dicho él con esa voz ronca que le erizaba la piel. Desde entonces cada encuentro era cañaveral de pasiones cap 81 en su diario imaginario un capítulo más de su saga ardiente.
De repente oyó el crujido de las cañas partiéndose. Era él. Miguel emergió como un jaguar sonriente con la camisa abierta dejando ver el pecho velludo brillando de sudor. Órale qué chulo pensó ella mordiéndose el labio inferior. Se acercó despacio oliendo su aroma a hombre mezclado con el dulzor de la caña recién cortada.
—Nena —murmuró él tomándola de la cintura con manos callosas que sabían exactamente dónde tocar—. Te extrañé desde el amanecer. Esta faena me tiene loco pensando en ti.
Juana sintió el calor de su cuerpo contra el suyo el pulso acelerado latiendo al ritmo del suyo. Sus pechos se apretaron contra el torso duro de él y un jadeo escapó de sus labios. Qué rico se siente su piel áspera contra mi suavidad. Lo miró a los ojos verdes como el follaje y respondió con una sonrisa pícara:
—Carnal si no me besas ya me voy con el viento. Pero hazlo despacio que quiero saborearte.
Acto primero: la chispa. Miguel la atrajo más cerca sus labios capturando los de ella en un beso lento profundo. Saboreó su boca a miel de caña y sal de sudor la lengua danzando con la suya en un tango húmedo. Las manos de Juana subieron por su espalda arañando ligeramente la tela empapada mientras el viento jugaba con sus cabellos revueltos. El sonido de las cañas chasqueando era su banda sonora privada un ritmo hipnótico que aceleraba sus corazones.
Se separaron un instante jadeantes. Ella olía su excitación ese almizcle varonil que la volvía loca.
En este cañaveral de pasiones soy reina y él mi reypensó mientras él lamía su cuello bajando hasta el hueco de su clavícula. Un escalofrío la recorrió y sus pezones se endurecieron bajo la blusa frotándose deliciosamente contra la tela.
La tensión crecía como la savia en las cañas. Miguel desabotonó su blusa con dedos temblorosos de deseo revelando sus senos plenos coronados de pezones oscuros erectos. Los tomó en sus palmas grandes masajeándolos con ternura juguetona pellizcando lo justo para arrancarle gemidos suaves. Ay Dios qué manos. Juana arqueó la espalda empujando más hacia él mientras sus propias manos bajaban a la hebilla de su cinturón sintiendo la dureza palpitante que la esperaba.
—Estás duro como caña madura —susurró ella riendo bajito metiendo la mano dentro de sus pantalones. La piel caliente aterciopelada de su verga la envolvió y él gruñó contra su oreja un sonido gutural que vibró en su vientre.
Acto segundo: la escalada. Se tumbaron entre las cañas altas un colchón verde y rasposo que arañaba sus pieles en éxtasis. Miguel se colocó encima besándola por todo el cuerpo desde los labios hinchados hasta el ombligo salado. Bajó más lamiendo el interior de sus muslos oliendo su aroma femenino ese néctar de mujer en celo que lo enloquecía. Juana abrió las piernas temblando de anticipación el sol filtrándose entre las hojas pintando sus cuerpos en manchas de luz y sombra.
Él separó sus labios vaginales con los dedos explorando la humedad cálida que lo recibía. Estás chorreando mi amor dijo con voz ronca antes de hundir la lengua en su clítoris hinchado. Juana gritó de placer un sonido ahogado por las cañas el sabor salado dulce de su propia excitación imaginado en su mente mientras ondas de placer la recorrían. Sus caderas se movían solas follándose su boca ansiosa arañando la tierra húmeda debajo.
Esto es el paraíso el cañaveral de pasiones cap 81 donde todo duele y todo goza. La tensión psicológica se mezclaba con la física: recuerdos de noches pasadas miedos de ser descubiertos por los capataces pero sobre todo el amor profundo que los unía. Miguel subía besándola el vientre los senos hasta capturar un pezón succionándolo fuerte mientras su mano frotaba su clítoris en círculos perfectos. Ella lo volteó quedando a horcajadas sobre él liberando su verga gruesa venosa palpitante.
—Te quiero adentro ya pendejo —dijo juguetona guiándolo a su entrada húmeda. Se hundió despacio centímetro a centímetro gimiendo al sentirlo llenarla estirándola deliciosamente. El roce de sus paredes contra su grosor era fuego puro chispas que subían por su espina. Empezó a moverse arriba abajo lento al principio saboreando cada embestida el sonido húmedo de sus sexos uniéndose el slap slap contra la piel sudada.
Miguel la tomó de las nalgas amasándolas fuerte levantándola y bajándola más rápido. Chíngame más duro mi rey suplicó ella cabalgándolo como una amazona salvaje sus senos rebotando hipnóticos. El sudor corría por sus cuerpos mezclándose goteando entre ellos lubricando el vaivén frenético. El olor a sexo a caña machacada a tierra removida llenaba el aire sus jadeos mezclándose con el viento ululante.
La intensidad subía en espiral. Él la volteó quedando encima penetrándola profundo con estocadas potentes que la hacían gritar. Sí así carnal rómpeme. Sus cuerpos chocaban piel contra piel el calor abrasador el pulso tronando en sus oídos. Juana clavó las uñas en su espalda sintiendo el clímax acercarse como una ola gigante contrayendo su vientre apretando su verga en espasmos.
Acto tercero: la liberación. Exploto primero ella un orgasmo demoledor que la dejó temblando arqueada gritando su nombre al cielo veracruzano. Olas de placer la barrieron visionando estrellas mientras su coño ordeñaba su polla en contracciones rítmicas. Miguel no aguantó más gruñendo como bestia descargando chorros calientes dentro de ella pintando sus paredes con su semen espeso.
Se derrumbaron exhaustos envueltos en las cañas protectoras respirando agitados. Él la besó suave en la frente lamiendo el sudor de su sien.
—Eres mi todo Juana en este cañaveral de pasiones —dijo abrazándola fuerte.
Ella sonrió acurrucándose en su pecho oyendo el latido calmándose el aroma de sus jugos mezclados impregnando el aire.
Cap 81 completo y qué capítulo mi amorpensó con paz. El sol bajaba tiñendo las cañas de oro prometiendo más capítulos en su historia eterna de deseo y unión. Se levantaron despacio vistiéndose con risas cómplices sabiendo que el cañaveral guardaría su secreto hasta la próxima pasión.