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Donde Ver Diario de una Pasion en Carne y Hueso

6830 palabras

Donde Ver Diario de una Pasion en Carne y Hueso

La noche en Coyoacán caía como un manto húmedo, con ese olor a tierra mojada que tanto me gustaba. Yo, Sofia, de veintiocho pirulos, estaba tirada en el sillón de mi departamentito chulo, con el cel en la mano y un chorro de ganas de romance. ¿Qué pedo con esta soledad? pensé, mientras tecleaba en Google: "donde ver diario de una pasion". Quería ver esa película romántica que todos decían, la de los amantes que se comen con los ojos a pesar de los años. Pero el internet andaba más lento que tortuga en lodo, y Netflix no cargaba ni madres.

Me levanté a abrir la ventana, dejando que el fresco de la lluvia me rozara la piel. Llevaba un shortcito de algodón que se me pegaba a las nalgas y una blusita suelta que dejaba ver el encaje de mi bra. Afuera, las luces de las fondas brillaban tenues, y se oía el rumor lejano de un mariachi en alguna cantina. Justo entonces, un ruido en el pasillo: mi vecino Diego, el güey alto y moreno del 302, que siempre andaba con cara de galán de telenovela.

Oye, carnala, ¿todo bien? Se te oye el suspiro hasta aquí —dijo con esa voz grave que me erizaba los vellos.

Le conté mi drama del internet y la película. Él se rio, mostrando unos dientes blancos que contrastaban con su piel canela. Chingón, pensé, notando cómo sus músculos se marcaban bajo la playera ajustada.

Pues vente pa'cá, yo tengo fibra óptica y la peli en mi laptop. Te invito un mezcalito pa'l mood —me soltó, guiñándome el ojo.

No lo pensé dos veces. Me puse unas chanclas y crucé el pasillo, sintiendo un cosquilleo en el estómago que no era solo por el frío.

Su depa era un desmadre cozy: posters de Frida en las paredes, una tele grande y un sillón de piel que olía a hombre. Me sirvió el mezcal en vasos de barro, con limón y sal, y nos sentamos pegaditos en el sofá. La película empezó: la lluvia torrencial, las miradas ardientes, los cuerpos que se buscaban como imanes. Yo sentía el calor de su pierna contra la mía, el roce sutil de su muslo.

¿Y si esto no es solo una peli? ¿Y si pasa algo chido aquí?
me dije, mientras el mezcal me subía por la garganta como fuego líquido.

En la pantalla, Noah y Allie se besaban con furia bajo la tormenta. Diego se movió un poco, su mano rozó la mía al tomar el control remoto. No la quité. Al contrario, entrelacé mis dedos con los suyos, gruesos y cálidos. El aire se cargó de electricidad, como antes de un rayo. Olía a su colonia, a madera y a algo más primitivo, como sudor fresco.

Esta peli siempre me pone cachondo, ¿sabes? Esos diarios de pasión que escriben... dan ganas de tener uno propio —murmuró él, volteando a verme con ojos oscuros que brillaban.

Yo tragué saliva, sintiendo mi corazón latir como tamborazo zacatecano. Pinche Diego, siempre tan directo. Le conté que yo también escribía un diario, pero no de amores imposibles, sino de fantasías calientes que nunca soltaba. La tensión crecía con cada escena: sus pechos subiendo y bajando, el jadeo ahogado, el clímax que prometía todo.

En un corte comercial que no era comercial, su mano subió por mi brazo, trazando círculos lentos con el pulgar. Mi piel se erizó, y un calor húmedo se instaló entre mis piernas. Me volteé, nuestros labios a centímetros. Olía su aliento a mezcal y menta.

¿Quieres que pare? —preguntó, voz ronca.

Ni madres, güey. Sigue —le respondí, y lo besé.

Su boca era hambrienta, lengua explorando la mía con sabor a limón y deseo puro. Me jaló a su regazo, mis nalgas asentándose sobre su verga ya dura, que palpitaba contra mí a través de la tela. Gemí bajito, sintiendo el roce áspero de su barba en mi cuello mientras me besaba ahí, chupando suave hasta dejar una marca rosada. Sus manos se colaron bajo mi blusa, amasando mis tetas con firmeza, pellizcando los pezones hasta ponérmelos duros como piedras.

La película seguía de fondo, pero ya nadie la veía. Lo empujé al sofá, quitándole la playera de un tirón. Su pecho ancho, cubierto de vello negro, olía a jabón y macho. Lamí sus abdominales, bajando lento hasta el botón del pantalón. Él jadeaba, manos enredadas en mi pelo.

Esto es mejor que cualquier diario de pasión, pensé, mientras le bajaba el zip y liberaba su verga gruesa, venosa, apuntando al techo. La tomé en la mano, sintiendo su calor pulsante, el terciopelo sobre acero. La chupé despacio, saboreando el precum salado, mi lengua girando en la cabeza mientras él gruñía "¡Chingada madre, Sofia, qué rico!".

Me levantó como pluma, quitándome la ropa con urgencia. Desnuda ante él, sentí su mirada devorándome: mis curvas mexicanas, panocha depilada brillando de jugos. Me tendió en el sofá, besando mi ombligo, bajando hasta mis muslos internos. Su lengua encontró mi clítoris, lamiendo con maestría, chupando mientras metía dos dedos gruesos, curvándolos justo ahí, en mi punto G. El placer era oleadas: sonidos chapoteantes, mi olor almizclado mezclándose con el suyo, el slap de su boca en mi carne húmeda.

¡Más, cabrón, no pares! —supliqué, arqueando la espalda, uñas clavadas en su nuca.

La tensión subió como volcán: mis caderas moliendo contra su cara, gemidos que ahogaba mordiendo mi labio. Exploté en un orgasmo que me dejó temblando, chorros calientes empapando su barbilla. Él sonrió triunfante, subiendo para penetrarme de un solo empujón. Su verga me llenó por completo, estirándome delicioso, golpeando profundo con cada estocada.

Nos movimos como animales: yo encima, cabalgándolo salvaje, tetas rebotando, sudor perlando nuestras pieles. Él debajo, embistiéndome fuerte, manos en mis nalgas abriéndome más. El sofá crujía, la lluvia golpeaba la ventana en ritmo con nuestros cuerpos.

Esto es pasión pura, no película
, rugía en mi mente mientras lo sentía hincharse dentro.

¡Me vengo, amor! —gruñó, y yo apreté mis paredes, ordeñándolo hasta que su leche caliente me inundó, mezclándose con mis jugos.

Colapsamos hechos mierda, jadeando, piel pegajosa y reluciente. Me acurruqué en su pecho, oyendo su corazón galopante calmarse. La película había terminado, créditos rodando mudos. Él me besó la frente.

Olvídate de buscar donde ver diario de una pasion. Aquí lo tienes en carne y hueso —dijo riendo bajito.

Yo sonreí, trazando círculos en su piel. Pinche suerte la mía. Afuera, la lluvia amainaba, dejando un aroma fresco de promesa. Esa noche escribí en mi diario: pasión real, encontrada al lado. Y supe que esto apenas empezaba.

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