Diario de una Pasion Gnula
Entrada 1: 15 de mayo
Neta que hoy todo cambió, wey. Me senté con mi libreta nueva, esta que llamo diario de una pasion gnula, porque siento que algo salvaje se despierta adentro de mí. Me llamo Ana, tengo veintiocho y vivo en esta colonia chida de Guadalajara, con mi depa todo luminoso y vistas al cerro. Llevaba meses en la rutina pendeja: chamba en la agencia de publicidad, gym, Netflix y un par de citas que no pasaban de besitos torpes. Pero ayer en la fiesta de mi cuate Raúl, lo vi. Diego. Alto, moreno, con esa sonrisa que te calienta hasta los huesos. Sus ojos cafés me clavaron como si ya supiera todos mis secretos. Hablamos de todo: de tacos al pastor, de la banda que sonaba, de cómo la vida a veces te pone en pausa. Sentí su mano rozar mi brazo, un toque eléctrico que me erizó la piel. Olía a colonia fresca con un toque de sudor varonil, de esos que te hacen imaginar cosas sucias. ¿Qué carajos me pasa? pensé, mientras mi corazón latía como tamborazo en una fiesta. Me fui a la cama con el cuerpo encendido, tocándome despacito, soñando con sus labios.
¡Diego, pendejo, ya me traes loca sin siquiera intentarlo!
Entrada 2: 20 de mayo
¡Órale! Dos días después me mandó mensaje. "Ey, güerita, ¿repetimos tacos pero solos?" Mi pulso se aceleró al leerlo. Quedamos en el centro, en esa taquería con mesas de madera y olor a cebolla asada que te abre el apetito. Llegó en su moto, con jeans ajustados que marcaban todo lo que una chava como yo quiere ver. Nos sentamos cerca, nuestras rodillas rozándose bajo la mesa. Cada bocado era excusa para mirarnos fijo, para que su voz grave me vibrara en el pecho. "Eres fuego, Ana", me dijo, y su aliento cálido rozó mi oreja. Caminamos después por el Jardín Libertad, la noche tibia envolviéndonos como una cobija suave. Sus dedos se enredaron en los míos, firmes pero tiernos. Paramos en un banco, y ahí vino el primer beso. Sus labios suaves al principio, probando, luego hambrientos, lengua danzando con la mía, sabor a limón y chile. Gemí bajito contra su boca, sintiendo mi centro humedecerse, el calor subiendo por mis muslos. Me apretó la cintura, su erección presionando mi cadera. Esto es real, no sueño, pensé, mareada de deseo. Nos despedimos con promesas: "Mañana vengo por ti".
En mi depa, sola, me desnudé frente al espejo. Mis pezones duros como piedras, mi piel arrepiada. Me toqué imaginándolo, dedos resbalando en mi humedad, jadeando su nombre hasta correrme temblando. ¡Qué rico!
Entrada 3: 25 de mayo
La tensión crece como tormenta en mayo, wey. Hemos salido tres veces: cine donde su mano subió por mi muslo hasta rozar mis panties, cena en su casa donde cocinó enchiladas con mole que olían a paraíso casero, y caminatas donde nos besamos como posesos. Cada roce es fuego: sus dedos en mi nuca masajeando, mi mano en su pecho sintiendo el corazón galopante. Anoche en su depa, minimalista con plantas y luz tenue, nos sentamos en el sofá. "Te deseo tanto, Ana", murmuró, su voz ronca. Lo jalé hacia mí, besándolo con hambre. Sus manos expertas desabrocharon mi blusa, liberando mis tetas. Las besó, lamió los pezones con lengua caliente, succionando hasta que arqueé la espalda gimiendo. Olía a su piel salada, a deseo puro. Bajó mi falda, dedos explorando mi coño empapado. "Estás chorreando, mi gnula", dijo riendo, y yo reí porque ese apodo salvaje me prendió más. Gnula, como mi pasión desbocada.
Lo empujé al sofá, desabroché su pantalón. Su verga saltó dura, venosa, palpitante. La lamí despacio, saboreando la piel suave, el gusto salado de su pre-semen. Gimió fuerte, "¡Carajo, Ana, qué chido!". Chupé más profundo, garganta acomodándose, sus caderas moviéndose al ritmo. Pero paramos, no queríamos acabar así. Nos fuimos a su cama, sábanas frescas oliendo a él.
Mi cuerpo es tuyo, Diego. Enséñame a volar.
Entrada 4: 30 de mayo
¡La neta, esto es el clímax de mi diario de una pasion gnula! Hoy explotamos. Llegué a su depa al atardecer, sol naranja pintando las paredes. Nos besamos en la puerta, ropa volando como hojas en vendaval. Desnudos, piel contra piel en la cama. Su cuerpo fibroso sobre el mío, músculos tensos, calor irradiando. Besó mi cuello, mordisqueando suave, bajando por el pecho, vientre, hasta mi entrepierna. Separó mis labios con dedos gentiles, lengua lamiendo mi clítoris hinchado. "Sabes a miel, gnula mía", gruñó. Gemí alto, caderas alzándose, el sonido húmedo de su boca chupándome llenando la habitación. Olas de placer subiendo, mis uñas clavándose en su espalda. "¡Sí, Diego, no pares, pendejo rico!". Me corrí primero, temblando, chorros de jugo en su cara, él lamiendo todo feliz.
Lo volteé, montándolo. Su verga gruesa entrando despacio, estirándome delicioso. Sentí cada vena, el calor llenándome. Cabalgué lento al principio, sintiendo el roce interno, mis tetas rebotando, sus manos amasándolas. Aceleré, sudor perlando nuestras pieles, slap slap de carne contra carne. Él gruñía, "¡Qué apretadita, Ana, me vas a matar!". Cambiamos: yo de rodillas, él atrás, embistiéndome profundo. Sus bolas golpeando mi clítoris, mano en mi pelo jalando suave. Olía a sexo crudo, sudor, nuestra esencia mezclada. Me volteó de nuevo, misionero intenso, ojos en ojos. "Te amo, gnula", jadeó, y yo "Córrete conmigo, wey". Explotamos juntos: él llenándome de semen caliente, pulsos dentro, yo contrayéndome ordeñándolo, gritos ahogados en besos.
Después, afterglow perfecto. Acurrucados, piel pegajosa enfriándose, risas bajitas. Su dedo trazando mi espina, mi cabeza en su pecho oyendo latidos calmados. "Esto es solo el principio", susurró. Yo sonreí, sabiendo que mi pasión gnula apenas despierta.
Gracias, universo, por este hombre que me hace mujer completa. Mañana, más.
Entrada final: 5 de junio
Semanas después, mi diario de una pasion gnula guarda el secreto de noches eternas. Diego y yo somos fuego y gasolina, explorando cuerpos con ternura y furia. Hoy en el balcón, al aire libre con brisa nocturna, lo hice correrse en mi boca bajo las estrellas, tragando cada gota con deleite. Él me come el coño en la cocina, sobre la isla de granito frío contrastando mi calor. Somos empoderados, mutuos, riendo de nuestras locuras. Esto es vida, carnal. Mi corazón late pleno, mi piel recuerda cada caricia. Quién sabe qué sigue, pero por ahora, soy feliz en esta pasión desatada.