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Pasion Prohibida Capitulo 12 El Susurro Ardiente

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Pasion Prohibida Capitulo 12 El Susurro Ardiente

En el corazón de Guadalajara, donde las luces de la Feria de Octubre parpadeaban como estrellas traviesas, Ana sentía el pulso de la noche latiendo en sus venas. La música de mariachi retumbaba en el aire cargado de olor a tacos al pastor y tequila reposado, mientras familias enteras reían y bailaban en la plaza. Pero para ella, todo eso era solo ruido de fondo. Sus ojos, oscuros y profundos como el lago de Chapala, se clavaban en él. Javier, el wey de la familia rival, el que su carnal le había prohibido hasta con la mirada. Neta, desde chavos habían chocado como chispas en pólvora, pero ahora, con veintiocho años y el cuerpo de hombre hecho y derecho, la atraía como imán.

Ana se ajustó el vestido rojo ceñido que marcaba sus curvas generosas, sintiendo el roce suave de la tela contra su piel morena.

"¿Qué chingados hago aquí pensando en este pendejo? Mi prometido está allá platicando con los suegros, y yo con ganas de mandarlo todo a la verga",
pensó, mientras un escalofrío le subía por la espina dorsal. Javier la miró desde el otro lado de la pista, su sonrisa pícara iluminada por las luces de colores. Llevaba una camisa blanca entreabierta, dejando ver el vello oscuro de su pecho, y unos jeans que abrazaban sus muslos fuertes. El sudor brillaba en su frente, oliendo a hombre, a tierra mojada después de la lluvia.

Él se acercó despacio, zigzagueando entre la gente, con una cerveza en la mano. –Órale, Ana, ¿qué onda? Sigues siendo la más chula de la feria, dijo con esa voz ronca que le erizaba la piel. Ella sintió el calor de su aliento con olor a limón y sal cuando se inclinó cerca. –No seas mamón, Javier. Sabes que no podemos, respondió, pero su cuerpo la traicionaba, los pezones endureciéndose bajo el vestido.

La tensión crecía como el humo de los elotes asados. Javier la tomó de la mano, tirando de ella hacia un callejón oscuro al lado de la plaza. El ruido de la fiesta se amortiguaba, dejando solo el eco de sus pasos y el latido acelerado de sus corazones.

"Esto es pasion prohibida capitulo 12, como en esas novelas que leo a escondidas. Cada encuentro un capítulo más caliente",
se dijo Ana, mientras él la acorralaba contra la pared de adobe fresco, aún tibia del sol del día.

Acto primero: el roce inicial. Javier acercó su rostro al de ella, sus labios a centímetros. Ana podía oler su colonia, mezclada con el sudor masculino que la volvía loca. –Dime que no lo quieres, y me voy, murmuró él, su aliento caliente rozando su oreja. Ella negó con la cabeza, mordiéndose el labio inferior, saboreando el gloss de fresa que se derretía en su boca. Sus manos subieron por los brazos de él, sintiendo los músculos tensos bajo la camisa. Qué rico se siente, pensó, mientras él la besaba por fin. Fue un beso lento, profundo, con lengua que exploraba como si mapeara su alma. El sabor a cerveza y deseo la invadió, haciendo que sus rodillas flaquearan.

Se separaron jadeando, mirándose con ojos nublados por la lujuria. Javier deslizó una mano por su espalda, bajando hasta apretar su nalga firme. –Estás mojada, ¿verdad, preciosa? Te conozco, susurró, y ella soltó un gemido ahogado. Caminaron a trompicones hasta su camioneta estacionada cerca, el motor rugiendo como su propia excitación. Adentro, el cuero de los asientos crujía bajo sus cuerpos, oliendo a nuevo y a aventura prohibida.

En el medio del acto, la escalada. Javier manejó como endemoniado hacia su depa en la Zona Rosa, las luces de la ciudad desfilando como un borrón. Ana no podía dejar de tocarlo: su muslo duro, la protuberancia en sus jeans que palpitaba.

"Neta, este wey me tiene en la palma de su mano. ¿Y mi prometido? Que se joda, esto es mío",
reflexionaba ella, mientras el viento entraba por la ventana, revolviendo su cabello negro y oliendo a jazmín de los jardines nocturnos.

Al llegar, la puerta se cerró con un clic que sonó a liberación. Javier la levantó en brazos, sus manos fuertes bajo sus nalgas, llevándola al sillón de la sala. La luz tenue de una lámpara pintaba sombras en su piel. Él se arrodilló, subiendo el vestido por sus muslos suaves, besando cada centímetro. Ana arqueó la espalda, sintiendo su lengua caliente lamiendo el encaje de sus panties. –¡Ay, Javier, qué rico! No pares, cabrón, jadeó, sus uñas clavándose en sus hombros. El olor de su arousal llenaba el aire, almizclado y dulce, mientras él chupaba su clítoris hinchado, haciendo que ondas de placer le recorrieran el vientre.

Pero no era solo físico; las emociones bullían. Esto es prohibido por nuestras familias, pero neta, lo amo desde siempre, pensó Ana, lágrimas de intensidad en los ojos. Javier se quitó la camisa, revelando su torso esculpido por horas en el gym. Ella lo jaló hacia arriba, besando su cuello salado, mordiendo suave. Sus pechos se aplastaron contra él, los pezones rozando su piel áspera. Desabrochó sus jeans, liberando su verga dura, gruesa, venosa, que saltó palpitante. –Métemela ya, por favor, suplicó ella, guiándola con la mano temblorosa.

Él la penetró despacio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Ana gritó de placer, el sonido rebotando en las paredes. Siento cada vena, cada pulso, pensó, mientras él embestía rítmicamente, el slap-slap de piel contra piel mezclándose con sus gemidos. Sudor goteaba de su frente al valle de sus senos, salado en su lengua cuando lo lamió. Javier la volteó, poniéndola a cuatro patas en el sillón, entrando desde atrás con fuerza contenida. Sus bolas golpeaban su clítoris, enviando chispas. –¡Más duro, wey! ¡Sí, así! gritaba ella, el orgasmo construyéndose como tormenta en el horizonte.

La intensidad psicológica subía: recuerdos de miradas robadas en fiestas pasadas, toques accidentales que no lo eran.

"Capítulo 12 de nuestra pasion prohibida, y cada vez más adictivo. ¿Qué sigue?"
se preguntaba Ana, mientras él la volteaba de nuevo, mirándose a los ojos. Sus cuerpos se movían en sincronía perfecta, el olor a sexo impregnando todo. Javier aceleró, sus músculos temblando, –Me vengo, Ana, ¡juntos! Ella explotó primero, contrayéndose alrededor de él en espasmos, un grito gutural escapando de su garganta. Él la siguió, llenándola con chorros calientes, colapsando sobre ella.

Acto final: el afterglow. Yacían enredados, piel pegajosa de sudor, respiraciones calmándose como olas en la playa de Puerto Vallarta. Javier besó su frente, oliendo a su shampoo de coco. –Eres lo mejor que me ha pasado, aunque sea prohibido, murmuró. Ana sonrió, trazando círculos en su pecho con el dedo. Esto no termina aquí, pensó, sintiendo una paz profunda mezclada con anticipación. El mundo afuera seguía girando con su feria ruidosa, pero en ese depa, habían escrito su propio final dulce para este capítulo.

Se levantaron despacio, él sirviéndole agua fresca con limón, refrescante en su garganta seca. Se ducharon juntos, jabón resbalando por curvas y músculos, risas ahogadas bajo el chorro caliente. Al vestirse, Ana lo miró: –Hasta el próximo capítulo, mi amor, dijo, sellando con un beso lento. Salió a la noche, el corazón lleno, sabiendo que su pasion prohibida capitulo 12 solo era el preludio de más fuegos por venir.

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