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Pasión Cap 61 Noche de Fuego Eterno

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Pasión Cap 61 Noche de Fuego Eterno

Me recargué en la barra del bar en Polanco, con el aire cargado de ese olor a madera pulida y cigarros caros que tanto me gustaba. La luz tenue de las velas parpadeaba sobre mi piel morena, haciendo que mi vestido rojo ceñido brillara como si estuviera vivo. ¿Cuántas noches como esta hemos tenido, Marco? pensé, mientras sorbía mi margarita, el limón fresco explotando en mi lengua con un toque salado que me erizaba la piel.

Ahí venía él, mi hombre, caminando con esa chulería que me volvía loca desde el primer día. Alto, con el cabello negro revuelto y esa sonrisa pícara que prometía problemas. Llevaba una camisa blanca desabotonada lo justo para mostrar el vello oscuro en su pecho. Órale, qué rico se ve esta noche, me dije, sintiendo un cosquilleo entre las piernas solo con verlo acercarse.

Mamacita, ¿me extrañaste? —me dijo al oído, su aliento cálido con aroma a tequila reposado rozándome el cuello. Sus manos grandes se posaron en mi cintura, apretándome contra su cuerpo firme. Sentí su calor a través de la tela, y mi corazón latió más fuerte, como tambores en una fiesta de pueblo.

—Neta, wey, toda la semana pensando en ti —le respondí, girándome para besarlo. Nuestros labios se encontraron suaves al principio, probando, saboreando el salado de sus labios y el dulzor de mi gloss de fresa. La gente a nuestro alrededor desapareció; solo existíamos nosotros en ese rincón del mundo.

Salimos del bar tomados de la mano, el bullicio de la Ciudad de México envolviéndonos con cláxones lejanos y risas de transeúntes. Subimos a su camioneta negra, y mientras él manejaba por Insurgentes, su mano derecha subió por mi muslo, deslizándose bajo el vestido.

Esta va a ser nuestra Pasión Cap 61, mi amor, la número sesenta y uno de estas noches que nos queman por dentro
, pensé, recordando cómo desde hace años llevábamos la cuenta en un librito escondido en mi cajón, cada encuentro marcado con una carita sonriente y detalles picantes.

Llegamos a su penthouse en Lomas, con vistas al skyline iluminado como un mar de estrellas caídas. La puerta se cerró con un clic suave, y Marco me empujó contra la pared del pasillo, sus labios devorando los míos con hambre acumulada. Gemí bajito, el sonido ahogado por su boca, mientras sus dedos hurgaban el cierre de mi vestido. El aire olía a su colonia amaderada mezclada con mi perfume de jazmín, un cóctel embriagador que me mareaba.

—Quítatelo todo, pendeja sexy —me ordenó juguetón, sus ojos oscuros brillando con deseo puro. Me reí, temblando de anticipación, y dejé que el vestido cayera a mis pies, quedando solo en tanga de encaje negro y tacones. Él se desvistió rápido, su polla ya dura saltando libre, gruesa y venosa, haciendo que mi boca se secara de antojo.

En el sofá de piel suave, me sentó en su regazo, mis pechos rozando su pecho peludo. Sus manos amasaron mis nalgas, apretando con fuerza que dolía rico, mientras yo me frotaba contra él, sintiendo su calor palpitante contra mi humedad creciente. Qué chingón se siente su verga contra mí, pensé, mordiéndome el labio para no gritar ya.

Dame un beso aquí abajo primero —le pedí, guiando su cabeza entre mis piernas. Se arrodilló sin chistar, su lengua caliente lamiendo mi clítoris hinchado. El placer fue como un rayo: chupaba y succionaba con maestría, metiendo dos dedos gruesos dentro de mí, curvándolos justo en ese punto que me hacía arquear la espalda. Olía a mi excitación, ese aroma almizclado y dulce que lo volvía loco. Gemí fuerte, ¡ay, cabrón, qué rico!, mis uñas clavándose en su nuca mientras ondas de calor subían por mi vientre.

Pero no quería correrme todavía. Lo empujé al sofá y me subí encima, guiando su verga a mi entrada resbaladiza. Entró de un solo empujón, llenándome hasta el fondo, estirándome deliciosamente. Es perfecto, como siempre, pensé, mientras cabalgaba lento al principio, sintiendo cada vena rozar mis paredes internas. El slap-slap de nuestra piel chocando llenaba la sala, mezclado con sus gruñidos roncos y mis jadeos agudos.

Marco me agarró las caderas, marcándome con sus dedos, y empezó a bombear desde abajo, duro y profundo. Sudábamos, el olor salado de nuestros cuerpos mezclándose con el cuero del sofá. Me incliné para besarlo, saboreando el gusto de mí misma en su lengua, mientras él pellizcaba mis pezones duros como piedras.

Esta Pasión Cap 61 va a ser inolvidable, neta que sí
, me repetía en la mente, el clímax construyéndose como una tormenta en el horizonte.

Cambié de posición, poniéndome a cuatro patas en la alfombra gruesa. Él se colocó detrás, escupiendo en su mano para lubricar más antes de penetrarme de nuevo. ¡Chíngame fuerte, mi rey! le supliqué, y obedeció, embistiéndome con fuerza animal, sus bolas golpeando mi clítoris a cada thrust. El placer era cegador: veía estrellas detrás de mis párpados cerrados, oía mi propia voz gritando obscenidades —¡más, pendejo, no pares!—, sentía su sudor goteando en mi espalda, olía nuestro sexo crudo y primitivo.

Inner struggle: por un segundo, dudé, recordando las semanas separadas por su trabajo en Monterrey. ¿Y si esto se acaba algún día? Pero él lo sintió, se inclinó sobre mí, besando mi hombro. —Te amo, Ana, eres mía para siempre —susurró, su voz ronca rompiendo la duda. Eso me catapultó: el orgasmo explotó, contrayéndome alrededor de él en espasmos violentos, mi grito resonando en las paredes de cristal. Él siguió unos segundos más, gruñendo como bestia, hasta que se corrió dentro, caliente y abundante, llenándome hasta rebosar.

Colapsamos juntos en la alfombra, jadeando, cuerpos entrelazados pegajosos de sudor y fluidos. Su mano acariciaba mi cabello húmedo, mi cabeza en su pecho oyendo su corazón galopante calmarse. El skyline parpadeaba afuera, indiferente a nuestro éxtasis. Pasión Cap 61 completada, pensé sonriendo, trazando un 61 con el dedo en su piel salada.

Nos duchamos después, el agua caliente lavando el sudor pero no la conexión. En la cama king size, envueltos en sábanas de algodón egipcio, hablamos bajito. —La próxima, Cap 62 en la playa de Cancún, ¿va? —propuso él, besando mi frente. —Órale, simón —respondí, acurrucándome contra su calor.

Me quedé dormida con su aroma envolviéndome, el sabor de él aún en mis labios, sabiendo que estas noches eran nuestro elixir. Mañana volvería la rutina, pero esta Pasión Cap 61 quedaría grabada en mi piel, en mi alma, lista para releerla en mi mente mil veces.

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