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La Pasion de Cristo Sub Espanol Ardiente

7128 palabras

La Pasion de Cristo Sub Espanol Ardiente

La lluvia caía a cántaros sobre las calles de la Ciudad de México, ese golpeteo constante contra las ventanas del departamento en la Condesa que te hacía sentir acorralado en el mejor sentido. Tú y tu morra, Karla, de veintiocho pirulos, se habían acomodado en el sillón de piel sintética que crujía con cada movimiento. El aire olía a café de olla recién hecho y a ese perfume dulzón que ella se echaba, mezcla de vainilla y jazmín que te ponía la piel chinita. Habían cenado tacos de suadero de la esquina, bien jugosos, y ahora, con la panza llena, Karla te dijo:

—Wey, neta que quiero ver algo heavy esta noche. Búscame la pasion de cristo sub español, esa película que tanto morbo tiene con tanto sufrimiento.

Tú sonreíste, sintiendo un cosquilleo en la entrepierna. Sabías que a ella le prendía la intensidad de esas escenas, el sudor, los gemidos de dolor que se confundían con placer en su mente retorcida. Tecleaste rápido en la tele inteligente, y ahí estaba, descargada de un sitio pirata, con subtítulos en español claritos. La pantalla se encendió con la oscuridad de Getsemaní, el aliento agitado de Cristo resonando en los bocinas. Karla se acurrucó contra ti, su cabeza en tu pecho, el calor de su cuerpo filtrándose a través de la playera holgada que llevaba, sin bra. Olías su cabello, champú de coco, y sentías sus tetas suaves presionando tu costilla.

La película avanzaba, los latigazos crujiendo como truenos, la sangre salpicando en rojo vivo. Tú sentías el pulso acelerado en tu cuello, y notaste cómo Karla se removía inquieta, su mano bajando despacito por tu muslo.

¿Por qué carajos me excita esto? —pensaste—, pero la verga ya se paraba dura como palo bajo los pants.
Ella levantó la vista, ojos brillosos bajo la luz parpadeante de la tele, y te susurró al oído, su aliento caliente oliendo a tequila de la cena:

—Mira cómo lo flagelan, wey... imagínate ese dolor convirtiéndose en puro fuego.

Acto uno: la semilla plantada. Tú la besaste, suave al principio, labios carnosos rozándose con sabor a salsa verde residual. Sus lenguas bailaron lentas, explorando, mientras en la pantalla Poncio Pilato lavaba sus manos. La tensión crecía como la tormenta afuera, gotas resbalando por el vidrio empañado.

El sillón se hundió más cuando Karla se trepó a horcajadas sobre ti, sus caderas anchas presionando tu erección. La película seguía, ahora la corona de espinas hundiéndose en la frente sangrante. Ella jadeó bajito, neta excitada, y te quitó la playera de un jalón, uñas rozando tu pecho velludo. Sentiste el fresco de la habitación contra tu piel caliente, contrastando con el calor de sus palmas. Esto va a estar cabrón, pensaste, mientras tus manos subían por sus muslos suaves, piel de gallina bajo tus dedos ásperos de tanto gym.

—No pares la película —te ordenó con voz ronca, mordiéndote el lóbulo de la oreja—. Quiero oír los gritos mientras me tocas.

Obedeciste, dedos colándose bajo su short de mezclilla, encontrando la tanga empapada. Olía a ella, ese aroma almizclado de excitación que te volvía loco, como tierra mojada después de la lluvia. La frotaste despacio, círculos suaves sobre el clítoris hinchado, y Karla arqueó la espalda, gimiendo contra tu boca. En la pantalla, Cristo cargaba la cruz, tropiezos resonando con pasos pesados. Tú metiste un dedo adentro, resbaloso, caliente, sintiendo las paredes contraerse. Ella clavó las uñas en tus hombros, dejando medias lunas rojas.

Es como si el dolor de él nos uniera, nos prendiera el pinche fuego interno
, se dijo Karla en su mente, mientras te montaba el paquete con más fuerza. La pausa del medio acto: pequeños besos en el cuello, lamidas saladas por el sudor que ya perlaba tu piel. Le bajaste el top, tetas rebotando libres, pezones duros como piedras morenas. Los chupaste, succionando fuerte, saboreando el salado de su piel, mientras ella gemía "¡Ay, cabrón, qué rico!". La película pausada en un grito eterno, subtítulos flotando: "Padre, perdónalos".

La intensidad subía como la subida al Calvario. Karla se paró un segundo, pants y tanga volando al piso, quedando desnuda, curvas iluminadas por flashes de la tele. Tú te desabrochas rápido, verga saltando libre, venosa y palpitante, goteando pre-semen. Ella se arrodilló entre tus piernas, ojos fijos en los tuyos, y la tomó en su boca caliente, lengua girando alrededor del glande, saboreando el gusto salado. Succión profunda, garganta apretada, pensaste, agarrando su cabello negro largo, guiándola sin fuerza, todo mutuo, puro acuerdo silencioso. Los sonidos: pop de labios, saliva chorreando, gemidos ahogados mezclados con la banda sonora de martillazos en la cruz.

—Ven pendejo, fóllame ya —gruñó ella, levantándose y empujándote al piso, alfombra persa suave bajo tu espalda. Se sentó encima, concha resbaladiza engullendo tu verga centímetro a centímetro, estirándose delicioso. Sentiste el calor envolvente, jugos corriendo por tus bolas. Ella cabalgó lento al inicio, caderas girando como en baile de cumbia, tetas bamboleándose, sudor brillando en su clavícula. Olías su esencia, mezcla de sexo y perfume, inhalándola profundo mientras la pantalla mostraba clavos hundiéndose.

El clímax del medio: aceleró, nalgotas chocando contra tus muslos con palmadas húmedas, "¡Más duro, wey, como si me crucificaras de placer!". Tú embestiste desde abajo, manos en su cintura, pollas uniéndose en frenesí. Interno:

Esto es la pasion verdadera, no sufrimiento, sino éxtasis compartido
. Ella se corrió primero, grito gutural ahogando los de la película, concha ordeñándote, temblores recorriendo su cuerpo. Tú aguantaste, volteándola a cuatro patas, alfombra raspando rodillas, y la penetraste por atrás, vista de su culo redondo abriéndose. Empujones profundos, bolas golpeando clítoris, su ano guiñando con cada thrust.

La lluvia afuera amainó, pero el calor interno rugía. Karla volteó, ojos vidriosos:

—Córrete adentro, amor, lléname como ofrenda.

Tú obedeciste, espasmos sacudiendo tu espina, semen caliente brotando chorros dentro de ella, mezclándose con sus jugos. Colapsaron juntos, resuellos entrecortados, piel pegajosa de sudor. La película seguía sola, créditos rodando con sub español flotando. Karla rió bajito, besándote la frente.

En el afterglow, se acurrucaron bajo una cobija, el departamento oliendo a sexo crudo y lluvia fresca colándose por una rendija. Neta, esto fue mejor que cualquier misa, pensaste, mientras ella trazaba círculos en tu pecho con uña roja.

—La próxima vemos otra con subtítulos, ¿va? —murmuró Karla, voz satisfecha, cuerpo laxo contra el tuyo.

Tú asentiste, sabiendo que la pasion no terminaba ahí, solo pausaba para recargar. La noche se cerró con besos perezosos, el eco de gemidos lingüístico en la mente, promesa de más fuegos por venir.

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