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Frases Fútbol Pasión

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Frases Fútbol Pasión

El estadio rugía como un volcán a punto de estallar. Yo, Carla, estaba ahí en las gradas del Azteca, rodeada de miles de almas gritando por el América. El aire olía a chela fría, a hot dogs chamuscados y a ese sudor macho que se mezcla con la adrenalina pura. Llevaba mi camiseta azulcrema ajustada, que me hacía sentir chida y lista para la batalla. Era el clásico contra Chivas, y la neta, mi sangre hervía con cada pase.

De repente, un güey grandote se sentó a mi lado, con una birra en la mano y una sonrisa pícara. Se veía como jugador de fut, moreno, con músculos que se marcaban bajo su playera de Chivahermano. "Órale, carnala, ¿tú también vienes a ver cómo les damos en la madre a tus águilas?" me soltó, con voz grave que me erizó la piel.

Yo le clavé la mirada, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Pinche provocador, pensé.

"Mejor cuídate, porque con Maradona en el alma, el que no llora no mama en esta cancha",
le contesté, soltando una de mis frases de fútbol favoritas. Él se rio fuerte, y el sonido se fundió con el grito del estadio cuando abrimos el marcador.

Nos quedamos platicando entre jugadas. Diego, se llamaba. Cada frase que largaba era como un golazo: "El fútbol es vida, el resto es detalle", me dijo citando a Cruyff, y yo le respondí con "La pasión del fútbol es como el amor, te quema por dentro". Frases fútbol pasión, neta, nos salían solas mientras el partido se ponía cardiaco. Sus ojos cafés me devoraban, y yo sentía mi piel ardiendo bajo el sol de la tarde, el calor subiendo no solo por el juego.

Al medio tiempo, el marcador empatado. Sudábamos los dos, pegaditos en la banca por la multitud. Su muslo rozaba el mío, duro y cálido, y un escalofrío me recorrió la espalda. Olía a hombre, a colonia barata mezclada con sudor fresco, y mi nariz se llenó de eso mientras él se inclinaba para gritarme al oído por encima del ruido: "Si metemos gol, te debo una chela... o algo más, ¿eh?"

¿Algo más? Mi mente voló. Imaginé sus manos grandes en mi cintura, su boca en mi cuello. ¡No mames, Carla, contrólate! Pero el deseo ya picaba como chile en la lengua. Le sonreí coqueta:

"Si anotas tú el primero, te sigo el juego, pendejo."
Él guiñó, y su aliento caliente me rozó la oreja.

La segunda mitad fue un infierno delicioso. Cada atajadón, cada tiro al arco, nos tenía brincando, chocando cuerpos. Sus brazos me rodearon accidentalmente en un abrazo grupal cuando casi metemos uno, y sentí sus pectorales firmes contra mis tetas. Mi corazón latía desbocado, no solo por el fut. El olor a hierba mojada del campo subía con el viento, mezclado con el aroma almizclado de su entrepierna cuando se movía. Yo ya estaba mojada, sintiendo mis calzones pegajosos contra la piel sensible.

Entonces, gol de Chivas. El estadio se partió en dos. Él gritó triunfante, me levantó en brazos como si nada. "¡Te lo dije, reina! Frases fútbol pasión, ¿ves cómo quema?" Su voz ronca vibraba en mi pecho. Yo reí, pero en vez de enojarme, le mordí el lóbulo de la oreja juguetona. Pinche pasión desbordada. El contacto fue eléctrico; su piel salada en mi lengua, su gemido bajo ahogado por los gritos.

El partido terminó 2-1 para ellos. Amargada pero cachonda, lo seguí al estacionamiento. ¿Qué chingados estoy haciendo? me pregunté, pero mis pies volaban. Subimos a su troca, una pick-up vieja con olor a cuero gastado y cigarros. En el camino a su depa en Polanco, las manos no paraban quietas. La suya en mi muslo, subiendo lento, dedos ásperos por jugar fut rozando mi piel suave. Yo le acariciaba el bulto en los jeans, duro como poste de meta. "Neta, desde que te vi soltando esas frases, te quería aquí", murmuró, con voz entrecortada.

Llegamos y apenas cerramos la puerta, nos devoramos. Su boca en la mía, lengua invadiendo como un delantero letal, sabor a chela y menta. Manos por todos lados: yo le arranqué la playera, lamiendo su pecho sudoroso, salado, con vello que raspaba delicioso mi lengua. Él me quitó la camiseta, mamando mis chichis con hambre, mordisqueando pezones que se pusieron duros como piedras. ¡Ay, cabrón! gemí, arqueándome contra él.

Caímos en la cama king size, sábanas frescas oliendo a suavizante. Sus dedos bajaron mis jeans, explorando mi concha empapada. "Estás chorreando, mi amor", dijo, metiendo dos dedos gruesos, curvándolos justo ahí, el punto G que me hacía ver estrellas. Yo jadeaba, oliendo mi propio aroma dulce y almizclado subiendo del aire caliente. Le bajé el cierre, saqué su verga tiesa, venosa, palpitante en mi mano. La chupé ansiosa, saboreando el precum salado, gimiendo con ella en la garganta mientras él me comía el pito con maestría, lengua girando como regateando defensas.

La tensión crecía como prórroga. Lo quiero adentro, ya. Lo empujé boca arriba, montándolo despacio. Su punta abriéndose paso en mi calor húmedo, estirándome delicioso. Bajé de golpe, llenándome hasta el fondo, y gritamos juntos. Cabalgaba fuerte, tetas rebotando, sudor goteando de mi frente a su pecho. Él me agarraba las nalgas, clavándome las uñas, guiando mis caderas. "¡Así, métetela toda, frases fútbol pasión hecha carne!", rugió, y yo aceleré, sintiendo el orgasmo construyéndose como un contragolpe letal.

Cambié de posición: él encima, misionero salvaje. Piernas en sus hombros, embistiéndome profundo, bolas chocando contra mi culo con palmadas húmedas. El sonido era obsceno, mix con nuestros gemidos y el colchón crujiendo. Olía a sexo puro, a fluidos mezclados, a pasión desatada. Mi clítoris rozaba su pubis con cada thrust, enviando chispas. ¡Ya viene, ya! Internalicé, arañándole la espalda.

Explotamos juntos. Mi coño se contrajo como puño alrededor de su verga, ordeñándolo mientras él se vaciaba dentro, chorros calientes inundándome. Grité su nombre, visión borrosa por el placer cegador. Él se derrumbó sobre mí, pesando delicioso, besos suaves en mi cuello sudado.

Después, enredados en las sábanas revueltas, fumamos un cigarro compartido. El cuarto olía a post-sexo, a paz. "Neta, Carla, eso fue mejor que cualquier clásico", dijo, acariciándome el pelo. Yo sonreí, recordando nuestras frases fútbol pasión que nos unieron. Quién iba a decir que el fut traería esto. La pasión no se acababa; solo mutaba, lista para el próximo encuentro, como un torneo sin fin.

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