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Pasión por el Triunfo 4

6533 palabras

Pasión por el Triunfo 4

El calor del gimnasio en la colonia Roma me pegaba como una cachetada de boxeo. Sudor por todos lados, el olor a cuero viejo de los sacos y a hombres cachondos entrenando. Yo, Ana, la reina del ring en este pedo de la lucha libre mexicana, me limpiaba la cara con la muñeca mientras pegaba ganchos al saco. Cada golpe era un grito de mi pasión por el triunfo. Mañana era la gran pelea contra La Diabla, y no iba a dejar que esa pinche mamacita me quitara el campeonato. Pero ahí estaba Marco, mi entrenador, con los ojos clavados en mí como si yo fuera el premio gordo de la lotería.

¿Por qué carajos me mira así? Neta, cada vez que flexiono los brazos, siento su mirada quemándome la piel. Ese pendejo sabe que soy invencible, pero también que debajo de estos músculos hay una chava que arde por algo más que trofeos.

Marco se acercó, con su camiseta pegada al torso marcado por años de entreno. Olía a jabón barato y a esfuerzo puro, ese aroma que me ponía la piel chinita. "Órale, Ana, estás chingona hoy. Pero relájate los hombros, no vaya a ser que te lastimes antes del triunfo." Su voz ronca me erizó los vellos de la nuca. Le sonreí, juguetona, mientras me quitaba los guantes. "Si me lastimo, tú me curas, ¿verdad, carnal?" Le guiñé el ojo y vi cómo se le subía el calor a la cara. La tensión entre nosotros llevaba semanas cocinándose, como un mole que no para de hervir.

El gimnasio se vació poco a poco. Los demás carnales se fueron a echar unas cheves, pero Marco se quedó recogiendo equipo. Yo me estiré en el colchón de lucha, sintiendo cómo mis músculos pedían mimos. "Ven, ayúdame con un masaje, que estoy hecha un nudo." No era orden, era invitación. Él dudó un segundo, pero se arrodilló a mi lado. Sus manos grandes, callosas, tocaron mis hombros. Qué chido, pensé, mientras el calor de sus palmas se filtraba por mi piel sudada.

Empezó suave, amasando los nudos con dedos firmes. El sonido de sus respiraciones pesadas llenaba el aire, mezclado con el eco distante de la calle: cláxones, risas de borrachos. Olía a mi sudor mezclado con el suyo, un perfume salvaje que me aceleraba el pulso. "Estás tensa, reina. Piensa en el triunfo mañana, en cómo vas a destrozar a esa Diabla." Sus palabras me vibraban en el pecho. Bajó las manos a mi espalda, rozando los costados de mis chichis. Sentí un cosquilleo directo al entrepierna.

Neta, si sigue así, voy a explotar antes de la pelea.

Me volteé despacio, quedando boca arriba. Nuestras miradas chocaron como dos rivales en el ring. "Marco, no solo quiero ganar el título. Quiero sentir el triunfo." Mi voz salió ronca, cargada de deseo. Él tragó saliva, y vi cómo su verga se marcaba bajo el short. "Ana, tú sabes que yo..." No lo dejé terminar. Lo jalé por la nuca y lo besé. Sus labios sabían a sal y a ganas reprimidas, ásperos como el mundo de la lucha. Su lengua invadió mi boca, explorando con hambre de lobo.

Acto dos del pinche drama: la escalada. Sus manos bajaron por mi cuerpo, arrancándome la playera deportiva. Mis chichis saltaron libres, pezones duros como piedras de obsidiana. Él los miró con ojos de niño en dulcería. "Qué ricas, Ana. Neta, eres un sueño." Los chupó con ganas, mordisqueando suave, enviando descargas eléctricas hasta mi clítoris. Gemí bajito, arqueando la espalda. El colchón crujía bajo nosotros, y el aire se llenaba del olor a sexo inminente, ese almizcle que te hace babear.

Yo no me quedé atrás. Metí la mano en su short y agarré su verga gruesa, palpitante. Chingón, dura como fierro, venosa y lista para la acción. La apreté, sintiendo cómo latía en mi palma. "Esto es lo que necesito para ganar, Marco. Tu pasión conmigo." Él gruñó, un sonido gutural que me mojó la panocha al instante. Me quitó el short con urgencia, exponiendo mi monte de Venus depilado, brillando de jugos. Sus dedos rozaron mis labios vaginales, resbalosos y calientes. "Estás empapada, reina. ¿Tanto te prende el triunfo?"

Me abrió las piernas, besando mi interior de muslos. Su aliento caliente me volvía loca. Lamida a lamida, su lengua danzaba en mi clítoris, succionando como si fuera un dulce de tamarindo. Sentí el orgasmo construyéndose, lento pero imparable, como una ola en Acapulco.

¡No pares, cabrón! Esto es mejor que cualquier trofeo.
Mis caderas se movían solas, follándole la cara. Él metió dos dedos gruesos, curvándolos para tocar ese punto que me hace ver estrellas. Grité su nombre, el gimnasio vacío testigo de mi placer.

Pero no era suficiente. Lo empujé sobre el colchón y me subí encima. Su verga apuntaba al techo, reluciente de mi saliva. La froté contra mi entrada, torturándonos a los dos. "Te quiero adentro, Marco. Dame tu pasión por el triunfo 4, como si fuera la cuarta vez que me follas en la vida." Bajé despacio, sintiendo cómo me llenaba centímetro a centímetro. ¡Ay, wey! Gruesa, estirándome delicioso. El roce de su pubis contra mi clítoris era fuego puro.

Cabalgaba como en el ring: rítmica, poderosa. Sus manos en mis caderas, guiándome. El slap-slap de piel contra piel resonaba, sudor volando. Él pellizcaba mis pezones, yo arañaba su pecho. "¡Más fuerte, Ana! ¡Gana esta ronda!" Su voz me impulsaba. Aceleré, sintiendo el clímax acechando. Nuestros jadeos se mezclaban, olores de sexo y sudor envolviéndonos como niebla. De repente, exploté. Mi panocha se contrajo alrededor de su verga, ordeñándola. Grité, visión borrosa, cuerpo temblando. Él se vino segundos después, chorros calientes inundándome, marcándome como suya.

Acto final: el afterglow. Nos quedamos tirados, pegajosos y felices. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón galopante. El gimnasio olía a nosotros, a victoria compartida. "Mañana vas a ganar, Ana. Esta pasión por el triunfo nos hace invencibles." Le besé la frente, saboreando el salado.

Esto es lo que necesitaba. No solo el ring, sino sentirme viva en sus brazos. El triunfo sabe mejor con él.

Nos vestimos lento, robándonos besos. Salimos a la noche mexicana, luces de neón parpadeando, tacos al pastor humeando en la esquina. Mañana pisaría el ring con esta energía, sabiendo que mi pasión va más allá de los golpes. Es por el triunfo en todo: el deporte, el amor, la carne. Y quién sabe, quizás haya una Pasión por el Triunfo 5 esperándonos.

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