Frida Kahlo 1907 1954 Dolor y Pasión al Desnudo
Me llamo Frida, como la que pintó su alma en lienzos sangrientos, nacida en este México de colores vibrantes y dolores que queman como chile fresco. Vivo en una casa chiquita en Coyoacán, con paredes de adobe que huelen a tierra mojada después de la lluvia, y un jardín lleno de bugambilias rojas que trepan como venas palpitantes. Hoy el aire está pesado, cargado de ese dolor que me aprieta el pecho desde que mi último amor me dejó hecha pedazos, como un espejo roto en el piso de la cocina.
Estoy sentada en mi taller, rodeada de pinceles sucios de óleo y un lienzo a medio terminar donde una mujer se retuerce entre espinas y flores. En la pared, un póster viejo grita Frida Kahlo 1907 1954 Dolor y Pasión, las palabras como un tatuaje en mi mente. Neta, a veces siento que soy ella, que su fuego me corre por las venas. El sol se cuela por la ventana, calentándome la piel morena de las piernas desnudas bajo mi falda de algodón ligero. Sudor perla en mi escote, y el olor salado se mezcla con el jazmín del patio.
¿Por qué carajos duele tanto el vacío? ¿Cuándo va a llegar esa pasión que lo borre todo?pienso, mientras me paso la mano por el cuello, sintiendo el pulso acelerado.
De pronto, tocan la puerta. Es él, Mateo, el carpintero del mercado que siempre me guiña el ojo cuando paso por sus puestos de madera tallada. Alto, con brazos fuertes como troncos de encino, ojos negros que brillan como obsidiana y una sonrisa pícara que dice órale, mamacita, ¿qué traes?. Lo invito a pasar con un ¡pásale, wey!, y el aire cambia, se carga de algo eléctrico. Trae una botella de tequila reposado, de esos que huelen a vainilla y roble ahumado. Nos sentamos en el patio, bajo el guayabo que gotea savia dulce. El primer trago quema la garganta, despierta el calor en mi vientre.
—¿Qué onda con ese póster de Frida? ¿Te late su dolor y pasión? —me pregunta, su voz ronca como el rasgueo de una guitarra huapanguera.
Lo miro fijo, el tequila soltándome la lengua. —Sí, pendejo. Su dolor es el mío, y su pasión... ay, cabrón, esa es la que me falta. —Río bajito, y él se acerca, su rodilla rozando la mía. El toque es como chispa en pólvora seca. Huele a aserrín fresco y sudor varonil, un aroma que me eriza la piel de los brazos.
Acto primero del deseo: charlamos de arte, de cómo Frida convertía el dolor en fuego, pero sus ojos recorren mi cuerpo, deteniéndose en el nacimiento de mis pechos. Mi respiración se acelera, el corazón me late en las sienes como tambores de son jarocho. Le sirvo otro tequila, y al inclinarse, su mano roza mi muslo. No la quita. Yo tampoco me muevo.
Esto es lo que necesito, que me queme por dentro, que el dolor se convierta en algo vivo.
El sol baja, tiñendo el cielo de rojo sangre. Nos besamos por primera vez bajo el guayabo, sus labios gruesos y cálidos saben a tequila y a hombre hambriento. Su lengua entra en mi boca, explorando con urgencia, y gimo contra él, el sonido ahogado por su boca. Sus manos suben por mi falda, dedos callosos que despiertan nervios dormidos. Huele a tierra fértil, a promesa de lluvia. Lo jalo adentro, a mi cuarto, donde la cama de sábanas blancas espera como un lienzo virgen.
En el medio del fuego, el escalamiento es lento, como la cocción de un mole poblano. Nos desvestimos mutuamente, riendo entre besos. —Quítate esa pinche camisa, Mateo, déjame ver esos músculos que tallas la madera. Él obedece, y su pecho ancho, cubierto de vello negro rizado, me hace salivar. Lo empujo a la cama, monto sobre él, mis tetas rebotando libres, pezones duros como piedras de mezcal. Él las chupa, lengua áspera lamiendo, mordisqueando suave, enviando descargas a mi coño que ya palpita mojado.
Mi mente gira:
Frida Kahlo 1907 1954 dolor y pasión, eso soy yo ahora, pintando placer en su piel.Le bajo los calzones, y su verga salta dura, venosa, goteando precúm que sabe salado cuando la lamo desde la base hasta la cabeza. —Órale, Frida, qué chingona boca tienes, gruñe, sus caderas empujando. Lo chupo profundo, garganta relajada, el olor almizclado de su excitación llenándome las fosas nasales. Mis jugos corren por mis muslos, el aire huele a sexo inminente, a sudor mezclado con jazmín.
Pero no es solo carne; hay lucha interna. El dolor del pasado asoma: ¿Y si me rompe el corazón otra vez? Lo empujo de espaldas, monto su cara. —Lámeme, cabrón, hazme olvidar. Su lengua en mi clítoris es éxtasis, chupando, metiendo dedos gruesos que curvan adentro, tocando ese punto que me hace arquear la espalda. Grito, ¡ay, sí, wey, así!, el sonido rebotando en las paredes. El olor de mi arousal es dulce, como miel de maguey, y él lo devora como si fuera su último trago.
La intensidad sube. Me voltea, me pone a cuatro patas, el colchón hundiéndose bajo mis rodillas. Entra despacio, su verga abriéndome centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. —Estás tan chingadamente apretada, Frida, jadea, y yo respondo empujando contra él. El slap de piel contra piel, sus bolas golpeando mi culo, el squelch húmedo de mi coño tragándolo. Sudor gotea de su frente a mi espalda, caliente como cera. Agarra mis caderas, embiste fuerte, y yo me corro primero, paredes contrayéndose, chorros calientes salpicando sus muslos. ¡Me vengo, pendejo, no pares!
Él sigue, gruñendo como toro, manos amasando mis nalgas. Cambiamos: yo arriba, cabalgándolo salvaje, tetas saltando, uñas clavadas en su pecho dejando marcas rojas como las de Frida en sus autorretratos. Su olor, su sabor en mi boca aún, todo sensorial: el crujido de la cama, el gemido gutural cuando se corre dentro, semen caliente inundándome, mezclándose con mis jugos.
En el final, el afterglow nos envuelve como niebla matutina. Yacemos enredados, piel pegajosa de sudor y fluidos, respiraciones calmándose. Su mano acaricia mi vientre, suave ahora, y yo beso su hombro salado.
Dolor y pasión, Frida Kahlo 1907 1954, lo viví en carne propia. Ya no duele tanto; ahora arde vivo, eterno.Afuera, la noche canta con grillos y un mariachi lejano. Tequila olvidado en la mesa, el jardín susurra promesas. Mateo duerme, pero yo velo, sonriendo en la oscuridad, lista para pintar esta noche en mi próximo lienzo. El México de pasiones intensas me ha sanado, al menos por esta noche.