Relatos
Inicio Erotismo La Pasion Carnal del Actor Jesus de La Pasion de Cristo La Pasion Carnal del Actor Jesus de La Pasion de Cristo

La Pasion Carnal del Actor Jesus de La Pasion de Cristo

7177 palabras

La Pasion Carnal del Actor Jesus de La Pasion de Cristo

En el bullicio del festival de cine en Polanco, México, el aire olía a café recién molido y a las flores frescas de los puestos ambulantes. Lucía, una chava de veintiocho años con curvas que volvían locos a los weyes, se abrió paso entre la multitud. Llevaba un vestido rojo ceñido que acentuaba sus chichis firmes y su culo redondo, sintiendo el roce suave de la tela contra su piel morena. Había venido por él: el actor Jesús de La Pasión de Cristo, ese gringo alto y barbón que en la pantalla había sufrido como nadie, pero que en persona exudaba un magnetismo que la ponía cachonda de solo pensarlo.

Lo vio de repente, firmando autógrafos junto a un póster gigante de la película. Sus ojos azules, enmarcados por esa barba espesa y el pelo largo ondulado, la atraparon como un imán. Lucía sintió un cosquilleo en el estómago, un calor que subía desde su entrepierna hasta sus pezones, que se endurecieron bajo el vestido. Neta, ¿por qué me moja tanto este pendejo?, pensó, mordiéndose el labio mientras se acercaba.

—Hola, soy Lucía. Tu interpretación en La Pasión de Cristo me voló la cabeza —dijo ella con voz ronca, extendiendo la mano. Él la tomó, su palma áspera rozando la suya suave, enviando chispas por su espina dorsal.

—Jim, pero todos me llaman Jesús por la peli —respondió con una sonrisa pícara, su acento yankee mezclado con un español aprendido en sets mexicanos—. ¿Quieres una foto, guapa?

El flash de la cámara capturó el momento, pero para Lucía fue como si el mundo se detuviera. Olía a su colonia amaderada, a sudor masculino limpio, y el roce de su brazo contra el de ella era eléctrico. Hablaron un rato: de la película, de México, de cómo el rodaje en Italia la había marcado a ella como fanática. Él la miró con hambre, bajando la vista a su escote donde el sudor perlaba su piel.

—Oye, ¿me enseñas un poco más de la ciudad? —preguntó él, inclinándose cerca, su aliento cálido en su oreja—. Tengo una suite en el hotel de enfrente.

Lucía tragó saliva, su coño palpitando ya. ¿Esto es real? El actor Jesús de La Pasión de Cristo invitándome a su cama. ¡Qué chingón! Asintió, y juntos cruzaron la calle, el ruido de los cláxones y risas de la gente desvaneciéndose como fondo.

En el elevador del hotel, el espacio se cargó de tensión. Estaban solos, el zumbido suave del motor vibrando en sus cuerpos. Lucía lo miró de reojo: su camisa blanca pegada al pecho musculoso por el calor, los jeans ajustados marcando un bulto prometedor. Él se acercó, su mano grande posándose en su cintura, el pulgar acariciando la curva de su cadera.

Mamacita, desde que te vi quise tocarte —murmuró, su voz grave como un trueno lejano.

Ella giró, presionando sus tetas contra él, sintiendo su verga dura contra su vientre. —Pues hazlo, Jesús. Hazme sentir tu pasión.

La puerta se abrió y entraron a la suite, un oasis de lujo con vistas a la ciudad iluminada. El aire acondicionado era fresco, contrastando con el fuego en sus venas. Él la besó entonces, labios firmes y hambrientos devorando los suyos, lengua invadiendo su boca con sabor a menta y deseo. Lucía gimió, sus manos enredándose en su melena, tirando suave mientras él la empujaba contra la pared. El empapelado frío en su espalda era un shock delicioso contra el calor de sus cuerpos.

Le quitó el vestido de un tirón, exponiendo sus chichis desnudos, pezones oscuros erguidos como balas. —Qué ricas, wey —gruñó, chupando uno con avidez, su barba raspando la piel sensible. Lucía jadeó, el sonido de su succión húmeda llenando la habitación, el olor de su excitación mezclándose con el perfume caro del hotel.

Pero no era solo físico. En su mente, flashes de la película: él crucificado, sufriendo, pero ahora redimiéndose en su carne.

Este no es el Jesús mártir, es mi Jesús pecador, y yo su puta devota
, pensó ella, arqueando la espalda.

Él la cargó a la cama king size, las sábanas de algodón egipcio crujiendo bajo su peso. Lucía lo desvistió, admirando su torso esculpido, cicatrices falsas del rodaje que ahora parecían marcas de batallas eróticas. Bajó la cremallera de sus jeans, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. Olía a macho puro, a pre-semen salado. La lamió desde la base hasta la cabeza, saboreando la sal, gimiendo cuando él gruñó su nombre.

Chúpamela más profundo, Lucía —ordenó, pero con ternura, sus dedos en su pelo guiándola. Ella obedeció, garganta relajada, babeando por su grosor, el sonido obsceno de arcadas suaves excitándolos a ambos. Sus bolas pesadas rozaban su barbilla, suaves y calientes.

La tensión crecía como una tormenta. Él la volteó, poniéndola a cuatro patas, admirando su culo perfecto. —Estás mojada como el puto Nilo, dijo, pasando dedos por sus labios hinchados, untados de jugos transparentes. El olor almizclado de su coño lo enloqueció. Introdujo dos dedos, curvándolos contra su punto G, mientras lamía su clítoris hinchado. Lucía gritó, el placer como rayos en su vientre, caderas moviéndose solas.

No aguanto más, carnal, pensó, el sudor chorreando entre sus chichis, el colchón hundiéndose bajo sus rodillas. Él se posicionó atrás, la cabeza de su verga presionando su entrada resbaladiza. —Dime que sí —pidió, voz ronca.

¡Sí, métemela toda, Jesús!

Empujó lento al principio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. El ardor inicial dio paso a plenitud absoluta, su coño apretándolo como guante. Comenzó a bombear, piel contra piel chapoteando, sus bolas golpeando su clítoris. Lucía se mecía, tetas balanceándose, uñas clavándose en las sábanas. Él la jalaba del pelo, suave pero dominante, susurrando guarradas en inglés y español: Fuck, you're so tight... ¡Qué chingón coño!

El ritmo aceleró, camas chirriando, gemidos elevándose. Ella sentía cada vena de su verga frotando sus paredes, el olor de sexo impregnando el aire, gusto salado en su boca de haberlo mamado. Su orgasmo se construyó como ola: vientre contrayéndose, piernas temblando. —Me vengo, pendejo... ¡Ahí! —chilló, chorros calientes salpicando sus muslos mientras él la follaba sin piedad.

Jim gruñó, su propio clímax rugiendo. —Te lleno, guapa —advirtió, y eyaculó profundo, chorros espesos pintando su interior, el calor inundándola. Colapsaron juntos, sudorosos, jadeantes, su verga aún latiendo dentro de ella.

En el afterglow, yacían enredados, la ciudad zumbando afuera. Él la besó la frente, barba cosquilleando. —Eso fue mejor que cualquier rodaje —rió bajito.

Lucía sonrió, mano trazando sus abdominales. La Pasión de Cristo actor Jesús no era solo un ídolo en pantalla; en mis brazos, era puro fuego vivo. El deseo inicial se había transformado en conexión profunda, un secreto carnal que llevaría en la piel para siempre. Afuera, las luces de México parpadeaban, testigos mudos de su redención pecaminosa.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.