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Actriz El Diario de una Pasion

7369 palabras

Actriz El Diario de una Pasion

Entré al set de grabación con el corazón latiéndome como tambor en fiesta de pueblo. Soy Ana, la actriz que todos ven en la telenovela del canal, la que hace de la villana con curvas que hipnotizan. Pero detrás de las luces y los guiones, mi vida era un desierto de soledad. Esa mañana, en mi camerino, encontré un cuaderno viejo, polvoriento, escondido en el cajón. Lo abrí y leí las primeras líneas: "El diario de una pasion". No era mío, pero algo en esas palabras me erizó la piel. Hablaba de deseos reprimidos, de noches en vela soñando con toques prohibidos. Lo cerré, pero ya era tarde. Ese hallazgo despertó algo en mí, un fuego que necesitaba avivarse.

La grabación del día fue eterna. El director gritaba "¡Corte!" cada dos por tres, y yo, con mi vestido ceñido que marcaba cada kilito de mis caderas, no podía concentrarme. Olía a café quemado y maquillaje barato, mezclado con el sudor de los extras. Ahí estaba él, Rodrigo, el nuevo galán que acababa de llegar de Guadalajara. Alto, moreno, con esa sonrisa pícara que dice "sé lo que quieres, mamacita". Nuestras miradas se cruzaron en el descanso. "Órale, qué chula sales en la pantalla", me dijo, acercándose con una chela en la mano. Su voz grave me vibró en el pecho. Le contesté con una risa coqueta: "En la pantalla soy mala, pero en la vida real... quién sabe". El aire entre nosotros se cargó de electricidad, como antes de una tormenta en el DF.

Esa noche, después del wrap, me invitó a un antro en la Condesa. "Vamos a celebrar, actriz", insistió. No pude decir que no. El lugar apestaba a tequila y perfume caro, la música reggaetón retumbaba en mis huesos. Bailamos pegaditos, su mano en mi cintura, firme pero suave. Sentía el calor de su cuerpo filtrándose por mi blusa de encaje. "¿Sabes qué?", murmuró en mi oído, su aliento cálido oliendo a mezcal, "me dan ganas de comerte aquí mismo". Mi pulso se aceleró, el corazón martilleándome las costillas. Lo miré a los ojos, oscuros como pozos de deseo. "Entonces hazlo, pendejo", le retoqué, juguetona. Pero no pasó nada ahí. La tensión creció, un nudo en mi vientre que pedía ser desatado.

Querido diario, hoy encontré tu voz en estas páginas. El diario de una pasion que no es mía pero que siento como propia. Rodrigo me mira como si fuera su próxima conquista, y yo... yo quiero serlo. Quiero sentir sus manos en mi piel, su boca devorándome. ¿Estoy loca? No, solo viva por primera vez en años.

Al día siguiente, en el set, la química explotó. Durante una escena de besos falsos, el director pidió "¡Más pasión!". Rodrigo me apretó contra él, y por un segundo, su lengua rozó la mía de verdad. Salí del plano temblando, las bragas húmedas, el olor a mi propia excitación traicionándome. "Ven a mi depa esta noche", me susurró al oído mientras nos cambiábamos. Asentí, muda, imaginando ya sus dedos explorándome.

Llegué a su penthouse en Polanco con el sol poniéndose, tiñendo el cielo de rojo pasión. Él abrió la puerta en jeans ajustados que marcaban su paquete generoso, sin camisa, el pecho velludo brillando bajo la luz tenue. "Pasa, reina", dijo, y me jaló adentro. El lugar olía a sándwich de carnitas recién hecho y velas de vainilla. Nos sentamos en el sofá de cuero, que crujió bajo nuestro peso. Hablamos de todo: de telenovelas, de sueños rotos, de cómo la fama nos come vivos. Su mano rozó mi muslo, subiendo despacio. "Te quiero desde que te vi", confesó, su voz ronca. Yo, con el corazón en la garganta, le tomé la cara y lo besé. Sus labios eran salados, su lengua invadiéndome con hambre. Gemí bajito, sintiendo sus dientes mordisqueando mi labio inferior.

La ropa voló. Mi blusa cayó al piso con un plop suave, revelando mis tetas enhiestas, pezones duros como piedras. Él las lamió, chupando uno mientras pellizcaba el otro. "¡Qué ricas, carnal!", gruñó, y yo arqueé la espalda, el placer subiendo como ola. Sus manos bajaron a mi falda, quitándosela con urgencia. Quedé en tanga, empapada, el aroma almizclado de mi concha llenando el aire. Lo empujé al sofá y me arrodillé entre sus piernas. Desabroché su jeans, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. Olía a hombre puro, a deseo crudo. La lamí desde la base, saboreando la piel salada, hasta meterla en mi boca. Él jadeó, enredando sus dedos en mi pelo: "¡Sí, así, chula! ¡Mámalo todo!". Chupé con ganas, sintiendo cómo se hinchaba en mi garganta, mis jugos chorreando por mis muslos.

En este diario de una pasion, anoto cada roce. Su verga en mi boca es gloria pura. Quiero que me folle hasta el alma, que me haga suya esta noche.

Me levantó como pluma, cargándome al cuarto. La cama king size nos recibió, sábanas frescas oliendo a lavanda. Me tendió boca arriba, besando mi cuello, bajando por mi vientre. Sus dedos separaron mis labios vaginales, resbaladizos de miel. "Estás chorreando, actriz", rio, y hundió dos dedos dentro. Gemí fuerte, mis caderas moviéndose solas. Lamía mi clítoris, succionándolo, mientras sus dedos me follaban lento, luego rápido. El sonido era obsceno: chap chap de mi humedad, mis alaridos mezclados con su gruñido. El orgasmo me golpeó como rayo, mi cuerpo convulsionando, squirt salpicando su cara. Él lamió todo, sonriendo: "Deliciosa".

Pero no paró. Me volteó a cuatro patas, mi culo en pompa, invitándolo. Sentí la punta de su verga en mi entrada, frotando, lubricándose. "¿Quieres que te meta?", preguntó, juguetón. "¡Sí, cabrón, métemela ya!", supliqué. Empujó despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Lleno por completo, empezó a bombear, lento al principio, sus bolas golpeando mi clítoris. El slap slap de piel contra piel, su sudor goteando en mi espalda, el olor a sexo puro. Agarró mis caderas, acelerando: "¡Te vas a correr conmigo, puta rica!". Yo gritaba, las tetas rebotando, el placer acumulándose. Me volteó de nuevo, cara a cara, para mirarnos. Sus ojos en los míos mientras me penetraba profundo, nuestros cuerpos sudados deslizándose.

El clímax llegó juntos. Él se hinchó dentro, gruñendo "¡Me vengo!", chorros calientes llenándome. Yo exploté, uñas clavadas en su espalda, el mundo blanco de éxtasis. Colapsamos, jadeantes, su peso sobre mí reconfortante. Besos suaves, caricias perezosas. "Eres increíble", murmuró, oliendo mi pelo. Yo sonreí, el afterglow envolviéndonos como manta tibia.

Fin de esta entrada en el diario de una pasion. Pero no es el fin. Con Rodrigo, la vida se siente como set de película, pero real. Mañana, más. Mucho más.

Despertamos enredados, el sol filtrándose por las cortinas. Preparamos desayuno: chilaquiles con huevitos, riendo de tonterías. Su mano en mi nalga mientras comíamos, promesas en el aire. Salí de ahí flotando, el cuaderno bajo el brazo. Ahora es mío, este "actriz el diario de una pasion". Cada página será testigo de lo que viene: amores fieros, cuerpos entrelazados, pasiones que no se apagan. En el mundo de las luces falsas, encontré mi verdad ardiente.

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