Pasion Capitulo 19 Fuego en la Sangre
El sol del atardecer en Polanco teñía las ventanas del penthouse con un naranja ardiente, como si el cielo mismo estuviera celoso de lo que iba a pasar esa noche. Yo, Ana, acababa de llegar de la oficina, con el cuerpo todavía vibrando por el estrés del día, pero mi mente ya perdida en él. Diego me esperaba en el sofá, con esa camisa blanca desabotonada que dejaba ver el vello oscuro de su pecho, y una cerveza fría en la mano. Sus ojos, negros como el café de olla de mi abuela, me recorrieron de arriba abajo mientras dejaba mi bolso en la mesa de mármol.
"Neta, morra, luces como para comerte cruda", murmuró con esa voz ronca que me ponía la piel chinita. Me acerqué, sintiendo el aroma de su colonia mezclada con el sudor ligero del día, un olor que me hacía agua la boca. Le quité la cerveza de la mano y di un trago largo, el líquido helado bajando por mi garganta como un preludio fresco a lo que vendría.
Esta noche va a ser pasión capítulo 19, pensé, recordando todas las veces que hemos quemado las sábanas, cada encuentro más intenso que el anterior.
Nos besamos despacio al principio, sus labios suaves contra los míos, probando el sabor salado de la cerveza en su lengua. Mis manos subieron por su cuello, enredándose en su cabello corto y revuelto, mientras él me jalaba por la cintura, pegando mi cuerpo al suyo. Sentí su dureza presionando contra mi vientre, y un calor líquido se extendió entre mis piernas. "Te extrañé todo el pinche día, chula", susurró en mi oído, su aliento caliente rozándome la oreja, enviando escalofríos por mi espalda.
Lo empujé hacia el sofá, riendo bajito, juguetona. "Pues demuéstramelo, güey, no nomás hables". Se recostó, mirándome con esa sonrisa pícara, y yo me subí a horcajadas sobre él, frotándome lento contra su entrepierna. El roce de mi falda contra sus pantalones era eléctrico, y oí su gemido gutural, profundo, como un rugido contenido. Desabotoné su camisa con dedos temblorosos, besando cada centímetro de piel expuesta: el sabor salado de su pecho, el olor almizclado que subía de su axila, todo me volvía loca.
Acto uno de nuestra noche: la provocación. Sus manos subieron por mis muslos, levantando la falda hasta encontrar mis panties de encaje negro. "Estás empapada, Ana, ¿qué te pasó?" Su dedo índice rozó mi clítoris por encima de la tela, y arqueé la espalda, jadeando. El sonido de mi propia respiración era lo único que rompía el silencio del departamento, salvo el lejano bullicio de la ciudad abajo.
Me quitó la blusa con urgencia, liberando mis senos, y su boca se lanzó sobre ellos. Sus labios chupaban un pezón, la lengua girando en círculos húmedos, mientras pellizcaba el otro con dedos firmes. Sentí el pinchazo placentero, el tirón directo a mi centro, y me moví más rápido sobre él, sintiendo su verga palpitar bajo la tela. "Quítate eso ya, Diego, no aguanto", le rogué, mi voz entrecortada.
Se levantó conmigo en brazos, fuerte como siempre, y me llevó al cuarto. La cama king size nos esperaba con sábanas de algodón egipcio frescas, oliendo a lavanda del detergente que tanto me gustaba. Me tiró suave sobre el colchón, y se desvistió frente a mí: pantalón bajando, revelando sus piernas musculosas de tanto gym, y luego los bóxers, liberando su miembro erecto, grueso y venoso, apuntando hacia mí como una promesa.
Esto es el comienzo del fuego, pasion capitulo 19, donde todo se enciende de verdad.
Acto dos: la escalada. Me puse de rodillas en la cama, gateando hacia él, y lo tomé en mi mano. La piel suave y caliente, latiendo contra mi palma, el olor de su excitación subiendo hasta mis fosas nasales. Lo lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado, y lo metí en mi boca, chupando con hambre. Diego gruñó, sus caderas empujando suave, "¡Órale, nena, así! Eres la mejor mamada del mundo". El sonido húmedo de mi boca alrededor de él, sus gemidos roncos, el sabor cada vez más intenso, todo me hacía mojarme más.
Me volteó boca arriba, besando mi cuello, bajando por mi estómago hasta llegar a mi panocha. Separó mis piernas con manos grandes, y su lengua atacó directo: lamiendo mis labios hinchados, succionando el clítoris con maestría. Sentí sus dedos entrar en mí, curvándose para tocar ese punto que me hace ver estrellas, el jugo chorreando por mis muslos. "Sabes a miel, morra, neta deliciosa", murmuró contra mi piel, las vibraciones de su voz mandándome al borde.
Pero no me dejó correrme aún. Se subió sobre mí, frotando su verga contra mi entrada, lubricándonos mutuamente. Nuestros ojos se clavaron: el deseo crudo, el amor profundo. "Te quiero adentro, ya", supliqué, clavando uñas en su espalda. Empujó lento, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. El dolor placentero inicial dio paso a plenitud total, su grosor llenándome hasta el fondo. Empezamos a movernos, ritmos sincronizados: yo levantando caderas, él embistiendo profundo, el slap slap de piel contra piel resonando en el cuarto.
El sudor nos cubría, perlando su frente, goteando sobre mis senos. Olía a sexo puro, a nosotros dos mezclados. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo como reina, mis tetas rebotando con cada bajada. Sus manos en mi culo, guiándome, apretando. "¡Más rápido, Ana, rómpeme!" Jadeaba, su voz quebrada. Sentí el orgasmo construyéndose, una ola desde mi vientre, pulsando en mi clítoris.
Lo volteé, poniéndome a cuatro patas, y él entró por atrás, agarrando mis caderas. Cada embestida era más fuerte, golpeando mi G-spot, sus bolas chocando contra mí. El cuarto se llenó de nuestros gritos: "¡Sí, cabrón, así!" "¡Te vengo, nena!" El clímax me golpeó primero, un estallido de placer que me hizo temblar, contrayéndome alrededor de él, chorros de humedad salpicando. Él se corrió segundos después, gruñendo, llenándome con chorros calientes, su cuerpo colapsando sobre el mío.
Acto tres: el afterglow. Nos quedamos pegados, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Su peso sobre mí era reconfortante, el semen goteando lento por mis muslos, mezclándose con mi sudor. Besos suaves en mi hombro, sus dedos trazando patrones en mi espalda. "Fue increíble, como siempre, mi vida", susurró, rodando a mi lado para abrazarme.
Pasion capitulo 19, el mejor hasta ahora, con promesas de más capítulos por venir.
Nos duchamos juntos después, el agua caliente lavando nuestros cuerpos, pero no el recuerdo. Jabón deslizándose por su pecho, mis manos explorando de nuevo, risas compartidas bajo la regadera. Salimos envueltos en toallas, pidiendo unos tacos de la esquina –carne asada con todo–, comiendo en la cama mientras veíamos la ciudad iluminada. Su cabeza en mi regazo, mis dedos en su pelo, un beso perezoso sellando la noche.
En ese momento, supe que nuestra historia no acababa aquí. Cada capítulo de nuestra pasión era más profundo, más nuestro. Mañana sería otro día, pero esta noche, pasión capítulo 19, quedaría grabada en la piel, en el alma.