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La Música Es Mi Pasión Frases Sensuales (1)

5798 palabras

La Música Es Mi Pasión Frases Sensuales

La noche en el antro de Polanco vibraba con bajos profundos que me retumbaban en el pecho como un corazón acelerado. La música es mi pasión, siempre lo ha sido. Desde chavita, esas frases me definían: "la música es mi pasión frases que me hacen volar". Me las tatué en la piel, chiquitas, en la nuca y en el muslo interno, como secretos que solo se revelan en la intimidad. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, con mi falda corta negra que se pegaba a mis curvas por el sudor del baile, me movía al ritmo de la cumbia rebajada que soltaba el DJ. El aire olía a tequila y perfume caro, mezclado con ese aroma almizclado de cuerpos sudados en la pista.

Ahí lo vi. Luis, el pinche músico invitado, subiendo al escenario con su guitarra eléctrica colgada al hombro. Alto, moreno, con brazos tatuados y una sonrisa que prometía travesuras. Tocaba como si el mundo se acabara esa noche, rasgueando acordes que me erizaban la piel. Nuestras miradas se cruzaron mientras yo bailaba, y sentí un cosquilleo en el estómago, como si el bajo me lamiera las entrañas.

¿Qué wey tan chido? Neta, sus dedos en esas cuerdas me imaginan en otro lado...

Terminó su set y bajó directo hacia mí, con una chela en la mano. "Órale, güerita, ¿te late mi música?", me dijo, su voz ronca compitiendo con el eco de los parlantes. Olía a colonia fresca y cigarro, un combo que me ponía los vellos de punta.

"La música es mi pasión, carnal. Tus frases en las letras... me llegan hasta el fondo", respondí, acercándome lo suficiente para que nuestros brazos se rozaran. Hablamos de ritmos, de cómo la música nos hacía sentir vivos, desnudos por dentro. Él recitó una de sus letras: "Tu cuerpo es mi melodía, déjame tocarte el alma". Me reí, pero neta, entre mis piernas ya sentía ese calor húmedo creciendo.

Salimos del antro caminando por las calles iluminadas de Polanco, el fresco de la noche calmando mi piel ardiente. Terminamos en su depa, un loft chido con vinilos por todos lados y luces tenues que pintaban sombras sensuales en las paredes. Puso un disco de rock en español, bajo y lento, y nos sentamos en el sofá de piel negra.

Acto dos: la tensión subía como un solo de guitarra. Sus manos grandes rozaron mi rodilla mientras platicábamos. "Muéstrame tus frases", murmuró, sus ojos oscuros clavados en los míos. Me levanté, me quité la blusa despacio, revelando el tatuaje en mi nuca: "la música es mi pasión". Él se acercó, su aliento caliente en mi piel, y lo besó suave, haciendo que un gemido se me escapara.

¡Chin güey, esto es lo que necesitaba! Su boca sabe a deseo puro.

"Más", pedí, y subí la falda, mostrando el del muslo: "frases que encienden el fuego". Luis jadeó, sus dedos trazaron las letras con la yema, bajando hasta mi tanga empapada. "Neta, Ana, eres una chulada. Déjame hacerte cantar". Nos besamos con hambre, lenguas enredadas como cables de amplificador, saboreando sal y tequila. Sus manos expertas, callosas por las cuerdas, me amasaron los senos, pellizcando pezones que se endurecían al instante. Olía a su excitación, ese musk masculino que me volvía loca.

Me recostó en el sofá, quitándome todo menos las ganas. Él se desnudó, revelando un cuerpo fibroso, su verga tiesa y gruesa apuntándome como un micrófono listo para el show. "Tócame como tocas la guitarra", le susurré, y él obedeció, deslizando dedos dentro de mí, curvándolos en ese punto que me hacía arquear la espalda. El sonido de mi humedad era obsceno, chapoteos rítmicos al compás de la música de fondo. Gemí su nombre, sintiendo pulsos en cada vena, el calor subiendo por mi vientre.

Pero no era solo físico; neta, había algo más. Mientras me lamía el cuello, murmuró: "La música es mi pasión, pero tú eres mi verso favorito". Me derretí. Lo jalé hacia mí, montándolo en el sofá. Su verga entró despacio, estirándome delicioso, llenándome hasta el tope. Cabalgamos al ritmo del bajo, piel contra piel chapoteando sudor, mis uñas clavadas en su espalda. Él me agarraba las nalgas, guiándome, gruñendo "¡Qué rica panocha, Ana! ¡Avienta más!". El olor a sexo nos envolvía, espeso y adictivo, mezclado con el cuero del sofá y su colonia.

Cambié de posición, él encima, embistiéndome profundo, cada thrust un acorde que me hacía gritar. Sentía su pulso latiendo dentro, mis paredes apretándolo, el clímax construyéndose como un crescendo. "¡Ya casi, wey! ¡No pares!", supliqué, mis piernas temblando. Él aceleró, besándome con furia, y explotamos juntos: yo convulsionando en oleadas de placer que me cegaban, él derramándose caliente dentro, rugiendo mi nombre.

Acto tres: el afterglow fue puro terciopelo. Nos quedamos tirados, jadeando, su cabeza en mi pecho escuchando mi corazón galopante. La música seguía sonando bajito, ahora una balada suave. "La música es mi pasión, pero esta noche tú lo fuiste todo", le dije, acariciando su cabello revuelto. Él sonrió, besando mi tatuaje. "Frases sensuales hechas realidad".

Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando el sudor, manos explorando perezosas. Salimos a la terraza con vistas a la ciudad brillando, envueltos en toallas, fumando un cigarrito compartido. Hablamos de futuros shows, de noches como esta. No era solo un polvo; era conexión, ritmos sincronizados.

Pinche vida chida. La música es mi pasión, y ahora él también.

Al amanecer, nos despedimos con un beso largo, prometiendo más frases, más música, más pasión. Caminé a mi casa con las piernas flojas, el cuerpo zumbando como después de un concierto épico. La música es mi pasión frases que ahora llevaban su sabor.

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