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Encendida por el Canal Pasiones

6788 palabras

Encendida por el Canal Pasiones

La lluvia caía a cántaros sobre Polanco esa noche, el sonido constante de las gotas contra la ventana de mi depa era como un tambor lejano que me arrullaba en mi soledad. Yo, Daniela, acababa de llegar del jale en la agencia, muerta de cansancio pero con un calorcito entre las piernas que no se me quitaba. Me quité los tacones con un suspiro, el olor a tierra mojada se colaba por la rendija de la puerta, mezclado con el aroma de los tacos de suadero del puesto de la esquina. Me serví un tequilita en vasos chiquitos y me tiré en el sillón de piel, prendí la tele al azar.

El control remoto resbaló de mi mano sudada y cayó en un canal que no conocía. Canal Pasiones, decía la pantalla con letras rojas ardientes, como fuego líquido. Una morra despampanante, con curvas que quitaban el hipo, se retorcía en una cama de sábanas de satén negro. Su piel brillaba bajo luces tenues, el sudor perlando su cuello mientras un vato la besaba del ombligo pa'rriba. Escuché sus gemidos bajos, roncos, que se filtraban por los parlantes: "¡Ay, cabrón, no pares!" El sonido me erizó la piel, sentí un cosquilleo en las tetas que bajó directo a mi entrepierna.

¿Qué chingados estoy viendo? Pero neta, se ve chingón. Hace cuánto que no siento algo así...

No pude cambiar de canal. Mis dedos se colaron solos bajo la falda, rozando la tela húmeda de mis calzones. El vato en pantalla la volteó de rodillas, el slap de su verga contra su culo resonó fuerte, y olía a sexo en mi mente, ese almizcle salado que me hacía salivar. Me mordí el labio, imaginando ese calor invadiéndome, el roce áspero de una barba en mis muslos.

De repente, un golpe en la puerta. "¡Dani! ¿Estás ahí, wey? ¡Me mojé todo!" Era Marco, mi vecino del depa de al lado, el carnal buenorro que siempre me guiñaba el ojo en el elevador. Corrí a abrir, todavía con la falda arrugada y las mejillas encendidas.

—Pásale, Marco, está lloviendo cañón —le dije, oliendo su colonia fresca mezclada con la lluvia—. ¿Quieres un trago?

Entró sacudiéndose el agua del pelo negro revuelto, su camisa blanca pegada al pecho marcado. Sus ojos cafés se posaron en la tele. Canal Pasiones seguía prendido, ahora la morra cabalgaba al vato con las nalgas rebotando, sus pechos saltando hipnóticos.

Órale, Dani, ¿qué pedo con este canal? —rió él, pero su voz salió ronca, sentándose a mi lado sin quitar los ojos de la pantalla.

—Lo encontré por casualidad. Canal Pasiones, ¿no? Está... intenso —murmuré, sintiendo mi pulso acelerarse con su muslo rozando el mío.

Nos quedamos callados, el aire cargado de tensión. El calor de su cuerpo se colaba por mi piel, el tequila me soltó la lengua.

No seas pendeja, Dani, invítalo a quedarse. Sientes cómo te mira, como si quisiera comerte viva.

Acto uno: la chispa. Compartimos el trago, comentando la escena. "Mira cómo la agarra, wey, qué chido", dijo él, y yo asentí, mi mano temblando al rozar su rodilla "por accidente". La lluvia afuera arreciaba, aislándonos en ese mundo de pasiones prestadas de la tele.

La cosa escaló cuando la morra en pantalla gritó su clímax, arqueando la espalda. Marco se movió incómodo, su pantalón abultado. Lo miré fijo.

¿Te prende? —pregunté bajito, mi voz un susurro ronco.

—Neta, Dani. Tú también, ¿verdad? Te veo las chichis duras —confesó, su mano grande cubriendo la mía.

Nos besamos como hambrientos. Sus labios sabían a tequila y lluvia, su lengua invadiendo mi boca con urgencia. Lo jalé encima, sintiendo su peso delicioso aplastándome contra el sillón. Sus manos expertas subieron mi blusa, pellizcando mis pezones erectos. "Qué ricas tetas, nena", gruñó contra mi cuello, mordisqueando la piel sensible. Olía a su sudor masculino, ese olor terroso que me volvía loca.

La tele seguía, ahora otro par en una ducha, el agua chorreando como nuestra excitación. Marco me quitó la falda de un tirón, sus dedos hurgando mis calzones empapados.

—Estás chorreando, carnalita —rió juguetón, metiendo dos dedos adentro. Gemí fuerte, el sonido mojado de mi panocha chupando sus nudillos era obsceno, sincronizado con los jadeos de la pantalla.

¡Qué wey tan cabrón! Me está partiendo con los dedos, y ni hemos empezado...

Lo empujé al piso, desabrochando su jeans. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando con una gota de precum en la punta. La lamí despacio, saboreando esa sal amarga, el pulso acelerado bajo mi lengua. "¡Chúpamela, Dani, qué rico!" Su mano enredada en mi pelo, guiándome sin forzar, puro placer mutuo.

Me subí encima, frotándome contra él mientras mirábamos Canal Pasiones. La pareja en pantalla se cogía de perrito, y nosotros imitamos: Marco me puso en cuatro, su verga rozando mi entrada húmeda. Entró de un embestida lenta, estirándome delicioso. "¡Ay, pendejo, estás enorme!" grité, el ardor convirtiéndose en éxtasis.

El ritmo subió, sus caderas chocando contra mi culo con slaps resonantes, el olor a sexo llenando el aire —sudor, fluidos, deseo puro. Mis uñas clavadas en la alfombra, tetas balanceándose, cada embestida mandando chispas por mi espina. Él me jalaba el pelo suave, susurrando "Te voy a llenar, mi reina". Sudábamos juntos, piel resbalosa, pulsos latiendo al unísono con la música sensual del canal.

Inner struggle: por un segundo dudé, ¿y si solo es el calor del momento? Pero su mirada, llena de fuego genuino, me disipó el miedo. Esto era real, nuestro.

El clímax nos golpeó como tormenta. Sentí las contracciones en mi vientre, mi panocha apretándolo como vicio, gritando su nombre mientras ondas de placer me sacudían. Él se corrió adentro, caliente y abundante, gruñendo mi nombre contra mi espalda. Colapsamos, jadeantes, la tele ahora en comerciales pero nosotros en nuestro propio afterglow.

Acto final: nos acurrucamos en el sillón, su brazo alrededor de mi cintura, el olor de nuestros cuerpos mezclados. La lluvia amainaba, dejando un fresco olor a ozono.

—Gracias al Canal Pasiones, wey —reí bajito, besando su pecho.

—Simón, nena. Pero esto apenas empieza —murmuró, sus dedos trazando círculos en mi piel sensible.

Quién iba a decir que un canal random cambiaría mi noche... y quizás más.

Nos quedamos así, envueltos en sábanas improvisadas, el eco de pasiones latiendo en nosotros, listos para más.

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